Antolín: «Es dramática la ausencia de casta intelectual. ¿Dónde están nuestros Unamunos de hoy?»

José María Antolín, en el Pasaje Gutiérrez. /Gabriel Villamil
José María Antolín, en el Pasaje Gutiérrez. / Gabriel Villamil

José María Antolín, pintor y poeta, protagoniza este miércoles una nueva sesión del Aula de Cultura de El Norte para debatir sobre el combate que siempre han tenido la poesía y la filosofía

Luis Miguel de Pablos
LUIS MIGUEL DE PABLOSValladolid

Hace más de veinte años que decidió cruzar el charco para cerrar capítulo e iniciar otro en Estados Unidos, donde ha desarrollado, reforzado y multiplicado todas y cada una de las facetas que le contemplan. Difícil encontrar acomodo a un hombre que escribió sus primeros versos antes de cumplir los diecisiete, que fue el artista más joven en recibir un Premio Nacional de Pintura, que lo compaginó con la escultura, que retomará en breve aquellos primeros pinitos como cineasta, y que tiene arrebatos de pensador de nuestro tiempo. Alguien le ha llamado ya el artista del Renacimiento del siglo XXI, y lo cierto es que las palabras le atropellan casi a la misma velocidad que los proyectos que maneja.

José María Antolín (Valladolid, 1968) protagoniza este miércoles una nueva sesión del Aula de Cultura de El Norte de Castilla y la Obra Social de La Caixa con la colaboración de la Junta para hablar de su tiempo, sus proyectos, del arte, la filosofía y hasta del Renacimiento si el tiempo lo permite, pero sobre todo de esa fijación sobre el ser humano y el poder que persiste en sus trabajos.

Porque el lema del Aula, ‘El arte: el derecho de los seres vivientes’, tiene cierto aire reivindicativo.

–Tiene algo de reivindicativo y de definición máxima. El arte tiene una responsabilidad en la actividad imaginaria. Una responsabilidad con la palabra, que hoy día está tan maltratada. Tenemos más escritores que nunca. Y yo diferencio a estos de nuestros pensadores, que noto que ha habido una deflacción absoluta de intelectuales en los últimos tiempos. Es vergonzosa la ausencia absoluta que hay de una casta intelectual real. No puede ser que en un país como el nuestro, en el que se debate en términos de soberanía, hemos tenido una casta intelectual muda cuando más se les necesitaba. Eso sí que es dramático. Últimamente me pregunto dónde están los que saben tanto.

Pero en un contexto de crisis de lo primero que se prescinde es de la cultura.

–Sí, de acuerdo, pero los intelectuales no son los paniaguados del Estado. Se necesitan sobre todo en tiempos de crisis. ¿Dónde están nuestros Unamunos de hoy? Esto es algo que no pasa en Francia o en otros países. Allí ves a intelectuales comprometidos cuando se habla de pertenencia o de soberanía.

¿Resiste comparación el trato a la cultura que hay en Estados Unidos?

–Las diferencias son abismales. Tenemos una ignorancia de los Estados Unidos muy grande, igual que ellos de nosotros, y luego aquí está mucho más ligado a lo público y a las subvenciones. Allí es lo contrario, hay una iniciativa privada enorme. Podría hablar miles de horas porque Estados Unidos me interesa incluso como pensador.

«El arte es uno de los pocos mecanismos que tiene el ser humano para hacer reclamaciones con total independencia»

¿Ha perdido el arte ese compromiso social?

–El arte tiene una responsabilidad, eso creo que no se ha perdido. Y tiene que ser una responsabilidad con la protección de la vida. Cuando yo pinto el cuadro del 11-S –‘La negación de la máscara’ en la que aparece Bin Laden llorando mientras encañona a un niño– estoy haciendo un cuadro que grita y clama que no se puede hacer cualquier cosa con la dignidad de los seres humanos. La vida es sagrada, con mayúsculas. Y el arte es uno de los pocos mecanismos que tiene el ser humano para que, por encima de los acuerdos políticos, pueda hacer reclamaciones absolutas con total independencia.

¿Su 11-S fue una reclamación muy meditada?

–Está claro que cuando me llevó nueve años es porque no lo hice ni por dinero ni para que fuera expuesta, sino como compromiso social. Me preocupaba mucho porque lo vivimos a nivel epidérmico, en directo, y eso me parece de una riqueza filosófica impresionante. La explicación de lo que vimos fue tan inmediata que hoy te das cuenta de que conocemos el diez por ciento de lo que pasó.

En ‘La membrana’, cuadro que hizo para Cidaut y que este año celebra su 15º aniversario, deja también un trasfondo.

–Dije en su día que era un icono para una religión que no existe. Es como un Mandala. Quise pintar un velo de colores claros y de seres vivos donde aparece el mundo. Quería pintar la cortina donde las cosas quedan enganchadas, y que solo las que quedan enganchadas son las que existen.

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