Jaime Alejandre.
Jaime Alejandre. / Jorge Villa Bolaños.

«El perdón a los demás y a uno mismo nos permite renacer»

  • Jaime Alejandre acude este jueves al Aula de Cultura para hablar sobre vida y literatura

Adicto a escribir. Lo hace a diario, en cualquier momento. Pensamientos que se le cruzan los estampa en servilletas en los bares, en libretas, en hojas sueltas. Jaime Alejandre (1963) se confiesa enganchado a las letras. Lo mismo narrativa que poesía, que relatos para niños o adultos, que teatro... Lo suyo es contar, aunque en su trayectoria vital hay un episodio que cambió todo. Desde su forma de vivir a la de concebir la literatura. En 2007 recibió un diagnóstico médico muy adverso. «Tuve una malaria muy grave que años después dejó una afección sobre el hígado y muchas cosas se transformaron para mí». A partir de ahí, confiesa que ha reenfocado sus expectativas y todo ello tiene reflejo en una literatura más vital y celebratoria. Jaime Alejandre ha trabajado para la ONU en el proceso de paz en Angola y en el seguimiento de la prohibición del uso de armas químicas, entre otras ocupaciones vinculadas a instituciones que le han llevado a viajar por un centenar de países. En la actualidad trabaja en el Instituto del Cine y las Artes Audiovisuales y acude el jueves 2 de marzo a las 20:00 horas en el Museo Patio Herreriano, a la sesión del Aula de Cultura, patrocinada por CaixaBank con el apoyo de la Junta de Castilla y León, para hablar sobre la relación entre la vida y la literatura con motivo de la publicación del poemario ‘Y más allá de mi vida’ y de la novela ‘El cumpleaños’.

–¿Qué significan estos dos últimos libros respecto a lo que ha venido publicando?

–En el Aula hablaré de la relación entre vida y literatura aprovechando la publicación hace meses de dos líbros míos muy en sintonía con ese tema. Porque mis obras se han basado siempre en la tradición hispánica del sentimiento trágico de la vida y estos dos libros han marcado una diferencia. Mi literatura tenía un punto de reflexión muy marcado por esa visión negativa –tan unamuniana– y estas dos últimas obras tienen un tono celebratorio, vitalista. ‘Y más allá de mi vida’ es un poemario y la novela se titula ‘El cumpleaños’. En ella cuento la relación de un abuelo con su nieta y se aborda un tema del que estoy muy convencido, y es que la felicidad es un acto de la voluntad.

–¿En qué asienta esa idea?

–En que he visto que las personas que deciden ser felices lo logran a pesar de las circunstancias horribles. Hay quien piensa que eso es imposible, pero el mundo está lleno de ejemplos de gente en situaciones atroces y son felices; y otras, que con toda la vida resuelta y con millones en Suiza, son infelices. Por eso digo que la felicidad es un acto de la voluntad. En la novela hablo de la relación entre un abuelo y su nieta ahondando en la capacidad de los humanos de interpretar la realidad a través de nuestros pensamientos y sentimientos. La realidad no tiene por qué ser algo unánime sobre lo que vemos, sino lo que queremos ver y lo que interpretamos que vemos; eso nos permite ser felices. El ser humano es el único ser de la naturaleza que tiene capacidad de perdonar a los demás y a uno mismo, y eso nos hace reestructurar la realidad y renacer.

–¿Cómo ha volcado esos sentimientos en el poemario?

–Es un texto más sencillo y atípico porque ahora vivimos en un mundo en el que se canta lo que se ha perdido, sobre todo el desamor. De hecho, es curioso que ‘Veinte poemas de amor y una canción desesperada’, de Neruda, se haya hecho famoso por su tema desesperado y no por los veinte poemas amorosos, confirmando ese sentimiento finisecular trágico de los siglos XX y XXI. Por eso, saliéndome de esa tradición, he escrito un libro de celebración del amor.

–¿Cómo ha marcado ese sentimiento a su generación poética?

–Los escritores de mi tiempo lo somos de una generación bastante perdida, porque hemos tardado mucho en publicar, y tenemos poca repercusión en el mundo literario actual. Cuando empezamos, teníamos por delante a los que habían hecho la lucha contra Franco, y cuando vino la Transición llegó su tiempo de publicar, y nosotros, educados en el franquismo, dijimos, vale. Pasó la ‘movida’ de los años ochenta y cuando teníamos 30 años llegaron las generaciones más jóvenes y decían que estábamos pasados de moda, con lo cual volvimos a no aparecer. De manera que hay autores que hemos empezado a tener repercusión muy avanzados los cuarenta años, cuando otras generaciones vivieron su momento más importante a partir de los veinte. Todavía no se ha reconocido la valía de la generación del ‘baby boom’ en la literatura, así que en el Aula de Cultura hablaremos de esa generación invisible de escritores.

–¿Qué le llevó a modificar ese sentimiento trágico de la vida?

–Motivos biográficos. Tuve una malaria muy grave. En aquel momento escribí un libro de poesía trágico, ‘Lo que queda’, sobre lo que dejas aquí cuando te mueres, cosas como el amor que has dado y los libros que has escrito. Pero después de ese libro decido celebrar la existencia con ‘Y más alla de mi vida’. Hay gente que cae en la depresión y otra que recapacita sobre las verdaderas dimensiones de la existencia y la familia, los padres, los amigos. También se reflejó en mi poesía con la irrupción de un amor sereno y maduro con una pareja que hizo brotar de mí una poesía amorosa con mucha sencillez.

–¿Y su relación con los libros?

–La literatura ha sido un espejo de doble faz. Me recuerdo toda mi vida desde los diez años con un libro en la mano, no escribiéndolo, leyéndolo. Tengo una veintena de títulos sobre la mesa y prácticamente estoy leyéndolos todos a la vez.