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El historiador Felipe Fernández-Armesto, en Valladolid. / Henar Sastre

"La política no
es tan relevante
en la historia
de los pueblos"

  • Felipe Fernández-armesto, historiador inglés, habló de la herencia hispánica de América del Norte en el Aula de Cultura

El nombre del estado de Colorado o la evocación mariana de Maryland (tierra de María) no son casualidades. En tono jocoso Felipe Fernández-Armesto evocó cómo le surgió la inquietud por la historia hispana de los Estados Unidos que luego desarrolló en un libro y ayer en una conferencia en el Aula de Cultura de El Norte de Castilla, celebrada en la sala de Cajamar, con el patrocinio de CaixaBank y la colaboración de la Junta.

Felipe Fernández-Armesto (Londres, 1950) publicó en 2014 ‘Nuestra América. Una historia hispánica de los Estados Unidos’ sin imaginar que tres años después llegaría a la Casa Blanca un presidente refractario a reconocer esa herencia.

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  • Felipe Fernández-Armesto, en el Aula de Cultura

Fernández-Armesto explicó su encuentro con un lugarteniente del Ejército del Aire en Colorado, «un hombre culto que se consideraba liberal, a favor de la inmigración siempre que supieran el idioma de esta tierra de acogida. Como creo que no estaba pensando en el chimaku, le dije ‘el español’ y él se quedó muy sorprendido. Me di cuenta de que incluso entre la gente educada de Estados Unidos hay una gran ignorancia sobre su largo pasado hispánico». Por contra, el profesor propuso un viaje a Quebec, «donde hay señales en francés, una larga tradición católica y un sistema jurídico basado en el código civil. Todo eso le convierte en un país latino en el que los ‘anglos’ no se reconocen. Ysin embargo identificamos como latino el subdesarrollo, el caos político y la miseria económica». Para derribar ese prejuicio, Fernández-Armesto mostró una imagen de una calle de evidente pobreza. «En cambio esto es Belice, una ex colonia británica: de habla inglesa, protestante y tradición legal basada en la jurisprudencia».

El autor de ‘Un pie en el río’ consideró sobrevalorada la importancia que desde Weber se le otorga a la religión en la historia de un pueblo. «La cultura y la influencia del medio ambiente es mucho más determinante. Por ejemplo, hay similitudes entre las dos Américas determinadas por el paralelismo de ciertos ecosistemas. Piensen en la tradición ranchera de México y de Missouri, o los campos de patatas de Perú e Idaho. Florida tiene más que ver con Cuba que con Minnesota». Desde que llegó a Estados Unidos, sintió como un deber entender esa nación. «Es un país fundamentalmente demócrata, la cultura nace de abajo y su forma más popular la encarnan los superhéroes, esos seres que desde el margen, calándose el antifaz, sirven a la sociedad, la salvan. Pues bien el primero, su modelo, es el Zorro, inspirado en Joaquín Urrieta, líder de la resistencia californiana a la colonización yanqui».

Frente al prejuicio de que «todo lo bueno que convirtió a Estados Unidos en una superpotencia tiene procedencia anglosajona y todo los ‘vicios’ son herencia española», el catedrático de la Universidad de Notre Dame «sugirió» argumentos para concluir que «esos vicios son universales, en mayor o menor grado se encuentran en todas partes». Pero es que dichos defectos han sido también acuñados por la propia historiografía española. Tradicionalmente se identifican como «entrañablemente españolas» lacras como «el caudillismo, el caciquismo, la corrupción, el elitismo, el latifundismo... Pues bien les pongo el caso de un cacique en Louisiana, Huey Long, que se impuso y mantuvo su cargo sin haber sido elegido mandando a la guardia nacional contra sus opositores en 1932. En 1950 Eisenhower utilizó el ejército para mantener la segregación racial en los colegios, es decir una intervención militar en la sociedad civil. La economía de grandes plantaciones es tan común en el norte como en el sur de América». Fernández-Armesto justificó la ‘gran divergencia’ de Estados Unidos, «lo que le lanza como superpotencia en el siglo XX es el desarrollo demográfico del XIX. La política no es relevante en la historia de los pueblos». Según sus datos, en 1913 toda América Latina contaba con 65 millones de habitantes, mientras que en EE UU había 100. «Ahora esa tendencia se está revirtiendo. Hay más latinos creciendo más rápido. EEUU no podría aguantar sin su mano de obra y para mantener su peso demográfico le será imprescindible acoger a más inmigrantes». Aquellos recursos de tierra y minerales que posibilitaron el crecimiento decimonónico «ya están agotados y EE UUdepende de los poco explotados de la Amazonia o de la Antártida. Si no tiene acceso a explotar esas riquezas, el gran siglo de este país tocará a su fin. Por eso en vez de construir muros contra los latinos habría que darles la bienvenida».