Marta Robles.
Marta Robles. / Chema Moya-Efe

«Mi libro tuvo un origen muy particular, a partir de una ráfaga de perfume»

  • Marta Robles presenta el lunes en el Aula de Cultura su novela negra 'A menos de cinco centímetros'

En torno al detective Tony Roures, excorresponsal de guerra, un descreído aferrado en el fondo a valores como la lealtad, ha construido Marta Robles (Madrid, 1962) ‘A menos de cinco centímetros’ (Espasa), el estreno en el género negro de esta escritora, autora de una docena de títulos , entre ellos ‘Los elegidos de la fortuna’ o ‘Las once caras de María Lisboa’, y con una trayectoria periodística en radio, prensa y televisión. La violencia sexual, el conchabeo de los grandes poderes económicos y la trata de mujeres son algunos de los temas que dan contexto a la obra, que presentará el lunes 6 de febrero a las 20:00 horas en el Aula de Cultura, patrocinada por Caixabank y con la colaboración de la Junta de Castilla y León, en una sesión que se desarrollará en el salón de actos del Museo Patio Herreriano de Arte Contemporáneo Español.

–¿Qué le decidió a decantarse por la novela negra?

–Este libro tiene un origen muy particular, porque fue a partir de una ráfaga del perfume de violetas Misia, de Chanel, creado para rendir homenaje a una íntima amiga de Coco Chanel, Misia Sert, pianista casada en terceras nupcias con el pintor español José María Sert. Lo olí y, de pronto, no sé por qué, vi la imagen de esta mujer tan fantástica... y a partir de ahí empecé a construir la historia.

–¿En qué pilares se basó para trenzar la intriga en la que se desenvuelve la obra?

–Es una trama compleja, que tiene múltiples subtramas, pero la principal arranca en torno a Tony Roures, un detective clásico de novela negra que vive en un piso de Malasaña, rodeado de cajas de mudanza. Le acaba de abandonar su mujer y de una de las cajas emerge un fajo de fotos que corresponden a la última guerra que cubrió cuando trabajaba como reportero de guerra. Entre ellas figura una imagen de Sierra Leona en la que aparece una mujer al lado de dos niños soldados. Rompe las fotos, vuelve con dolor la mirada hacia un pasado de turbiedad y recibe la visita de un policía amigo que le llama para encargarle un caso. Roures se dedica a asuntos de infidelidades y este le plantea uno sobre un asesinato que no le interesa mucho. Pero cuando le desvela quién es la clienta, le desarma, le suelta el nombre de un afamado escritor que, según esta mujer, ha matado a su madre y a otras tres mujeres que han tenido relación con él. Ahí arranca la historia. Y mientras realiza las investigaciones, el detective, en paralelo al novelista, tiene una relación con una mujer casada, esposa del dueño del grupo de comunicación más importante de España y jefe del propio escritor. Se envuelven las tramas, hay imágenes de la guerra, el descubrimiento de una subtrama delictiva... en fin, se van complicando las cosas.

–¿Por qué se ha lanzado a escribir una novela negra?

–Es mi primera incursión, después de una antología colectiva de relatos pornocriminales en la que participé. De alguna manera el género negro siempre ha estado latente en mí, pero no de ahora; de niña recuerdo que en las primeras redacciones del colegio siempre me preguntaban por qué se me ocurrían relatos tan sangrientos, y eso tiene que ver con la imaginación y con las lecturas.

–¿A qué atribuye la atracción que ha despertado en muchos lectores el género policiaco en los últimos años?

–El ‘boom’ de la novela negra se debe a que en el mundo de la literatura, como en el del cine y la televisión, todo va por temporadas; hay un momento en este país en el que también hay una eclosión de la novela histórica. Antes se consideraba lo negro como algo menor y ahora goza de una consideración completamente diferente; se tiene como un género especialmente interesante por muchas razones: el espíritu de denuncia, el hecho de que el escritor se pueda comprometer, que ofrezca prosa al servicio de una historia agradable de leer... y además, recoge turbiedades de la propia sociedad y eso hace atractivo el género, con situaciones fácilmente reconocibles para los lectores; además, como aliciente construye arquetipos de personajes que son parte de nuestro imaginario.

–¿Qué autores son sus referentes?

–Aparte de Poe, que está en mi inconsciente desde siempre, me gusta mucho el prolífico Georges Simenon. Y Patricia Highsmith y John Banville. A los suecos los entiendo menos.

–¿Cómo ha moldeado los matices que ofrece cada personaje?

–Trabajo mucho los personajes y su perfil psicológico, algo que en una novela negra es definitivo. Quería que el detective Tony Roures fuera un personaje excepcional, como un pequeño homenaje a Manuel Vázquez Montalbán. Le he dado la identidad de un excorresponsal de guerra, incorporo una colección de música que funciona a lo largo de la novela y he tratado de que la narración captara esa atmósfera de las personas que han estado en un conflicto bélico más allá de juicios de valor sobre buenos y malos, blancos o negros. Trabajo sobre un personaje para que el lector sepa cómo se mueve, huele o respira.

–¿Habrá más historias del detective Tony Roures?

–Estoy muy contenta con esta novela y espero que mi detective Roures sea protagonista de una nueva novela. Me estreno en el género negro con el ánimo de seguir en él, he construido un personaje muy sólido con unas características literarias muy marcadas; es un hombre que, además de su dureza de carácter, tiene algo fundamental para mí que son valores, y que por fidelidad y por amor puede hacer cualquier cosa. Con estos mimbres espero que siga literariamente vivo. Lo voy a intentar.