El Norte de Castilla

Antonio Soler.
Antonio Soler. / JOSÉ RAMÓN LADRA

«Quiero contar lo que queda en los pliegues de la vida»

  • Antonio Soler llega hoy al Aula de Cultura con ‘Apóstoles y asesinos’, su novela sobre Salvador Seguí, bajo el brazo

Pocos escritores pueden presumir de contar con más premios que obras publicadas. Antonio Soler (Málaga, 1956) es uno de ellos. Su reconocimiento, sobre todo de la crítica pero también del público, está muy por encima de la popularidad de este autor que esta tarde protagonizará una sesión del Aula de Cultura de El Norte patrocinada por CaixaBank con la colaboración de la Junta bajo el lema ‘De profesión: constructor de historias’.

–¿De que material construye sus novelas?

–Es una suma de varios elementos, un cóctel que el escritor va manipulando. Básicamente son la experiencia, la memoria y la imaginación. Yo tiendo mucho a coger experiencias que he tenido o he visto y manipularlas infiltrándoles dosis de imaginación, de posibilidades que no fueron, y de ese modo he construido bastantes de mis novelas.

–¿Qué busca con ellas?

–Habrá escritores a los que solo les interese contar una historia, a mí no. A mí me interesa explorar el otro lado de la realidad, lo que queda entre los pliegues de la existencia, el ir descubriendo aspectos poco visibles del ser humano. Eso creo que tiene que ser el sustento de todas las historias. Si no, uno es una especie de cuentacuentos y nada más.

–¿Qué tiene de singular ese estilo narrativo suyo tan elogiado?

–Hay una preocupación por el lenguaje, la idea de que cada historia tiene un lenguaje ideal para ser contada. El tono, la cadencia de las frases, el ritmo... sería un error no adecuarlo a la historia.

–¿Piensa en el lector cuando escribe?

–Me centro en lo que estoy haciendo si no al 100% sí al 99,2%, siendo consciente siempre de que lo que estoy haciendo es emitir un mensaje y un mensaje tiene que tener un receptor. Creo que me pienso a mí mismo como lector y lo que a mí me gustaría leer. Por tanto escribo en función de mi propio alabar.

–Los premios y la crítica le reconocen, pero no es conocido al mismo nivel ¿por qué?

–Podría ser que esa correspondencia no se dé. No lo sé, quizá haber estado un poco apartado del mundillo literario, o haber escrito algunas novelas con un índice de exigencia mayor... no sé, son cosas que pasan, porque algunas de mis novelas se han vendido muy bien para lo que es normal...

–¿Tan sórdido es ese mundillo literario como algunos lo pintan?

–Bueno eso es una parte. El escritor es alguien ambicioso y con un toque de soberbia. Después de todo lo que se ha escrito en la historia es alguien que levanta la mano y dice ‘ya pasó Cervantes, Tolsoti, Shakespeare, pero yo tengo algo que decir’. Eso ya supone un punto de soberbia, pero necesariamente no va acompañado de vanidad y fatuidad. Lo que hay es una necesidad de expresar un mundo propio teniendo como referencia algunos escritores. Yo tengo muy buenas relaciones en ese mundo y hay de todo, como en cualquier otro, teniendo en cuenta que es una profesión de cierta competitividad, caprichosa, donde los triunfos vienen y se van y no siempre son justos o casi nunca lo son. Hay gente de una grandiosa generosidad y también gente muy mezquina.

–Su última novela ‘Apóstoles y asesinos’ se mueve entre géneros...

–Es un libro extraño. Hemos acordado el editor y yo que el género es la novela pero en realidad se cruzan varios porque que trata sobre un personaje y un tiempo histórico y no inventa nada. No he recurrido a la ficción, me he ceñido estrictamente a la realidad a través de una documentación exhaustiva. Pero el tratamiento es de un novelista, porque uso imágenes literarias que un historiador nunca usaría. Le doto de ese aliento del novelista. El personaje de Salvador Seguí y muchos otros podrían haber sido inventados por mí, pertenecen a mi mundo literario y podrían haber salido de mi imaginación. Esa proximidad me hizo moverme con mucha soltura, sin la rigidez de quien entra en un santuario histórico.

–¿Qué le fascinó de Seguí?

–Desde muy joven me pareció un personaje tremendamente literario, poliédrico, lleno de aristas, muy vital y a la vez muy espartano, casi místico defendiendo sus ideas. Esa contraposición me parecía de una enorme riqueza.

–¿Se están recuperando personajes olvidados del bando perdedor?

–Sí, yo creo que sí. Salvador Seguí es un poco conocido en Cataluña, se conoce su nombre y su muerte, pero su trayectoria vital pasó sin mucha trascendencia a pesar de que en su momento fue un personaje tremendamente carismático. Es verdad que el polvo de la historia los ha ido sepultando. El mundo que rodea a Companys y Seguí es un auténtico caladero de personajes históricos y literarios.

–¿Lo que está sucediendo en Cataluña ahora tiene que ver con el desconocimiento de esa parte de su propia historia?

–Sin duda. El mundo anarquista radical que acompañaba a Seguí tiene mucho que ver con alguno de los elementos de ahora. Seguí decía algo muy revelador sobre el independentismo, comparaba la Liga Regionalista (el equivalente hoy a Convergencia) con los burgueses madrileños y le decía a Companys que se sentía mucho más cerca de un obrero portugués o italiano que de un burgués catalán. Esta gente usa el independentismo como chantaje para obtener unos beneficios. Precisamente se ha perdido esa esencia del internacionalismo en función de unos nacionalismos que por naturaleza son conservadores y nos llevan al siglo XIX.

–¿Queda algún resquicio hoy de aquella ideología?

–Seguí se va distanciando cada vez más del anarquismo puro y diciendo que era sindicalista. Abandona la parte más radical en pro de un método de convivencia y de bienestar de los obreros. Ve claro que las utopías están muy bien en el mundo de los sueños pero la realidad es bastante más complicada.