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Juan Manuel de Prada, ayer, en una sala del Museo Patio Herreriano. / Henar Sastre

«En España no hay un verdadero interés por la literatura»

  • Juan Manuel de Prada presentó en el Aula de Cultura de El Norte su última novela, 'Mirlo blanco, cisne negro'

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Un ajuste de cuentas con la literatura contemporánea pero también una purga purificadora de su trayectoria literaria ha conseguido Juan Manuel de Prada con su última novela. El escritor acudió ayer al Aula de Cultura de El Norte de Castilla para hablar de los entresijos de ‘Mirlo blanco, cisne negro’ en una sesión patrocinada por CaixaBank y la bodega Emina con la colaboración de la Junta de Castilla y León, que tuvo lugar en un repleto de público salón de actos del Museo Patio Herreriano de Arte Contemporáneo Español.

Fotos

  • Juan Manuel de Prada, en el Aula de Cultura de El Norte de Castilla

Sobre ese ‘desnudo integral’ que el autor confiesa que ha realizado al crear esta obra disertó dejando claro que más allá de que uno de los protagonistas –Octavio Saldaña– tenga algún rasgo de Francisco Umbral, su padrino literario, en general «poco tiene que ver con él, y más conmigo por más que su figura sea un material inspirador de la novela». Suele contar este escritor de raíces zamoranas que su afición literaria está marcada por ‘El Quijote’, –«el libro que más me ha hecho pensar sobre el oficio de escribir»–, aunque en términos vitales considera que Francisco Umbral –«al que veneré en mi juventud y con el que luego mantuve una relación difícil»– es el mejor escritor de la segunda mitad del siglo XX. Desencantado con el mundo literario, no duda en atribuir buena parte de la responsabilidad de la «decadencia» del libro a las editoriales.

«Los libros se venden mucho menos que hace diez o veinte años pero además los puramente literarios cada vez se compran todavía menos. Muchas novelas publicadas por editoriales con una gran distribución venden lo mismo que un título de poesía hace veinte años», explica De Prada. A su parecer, la deserción de la literatura a nivel popular se debe en gran medida a que existen otras formas de entretenimiento «que a la gente le resultan más apetitosas. Los editores tienen responsabilidad porque en lugar de apostar por la literatura lo hacen por la subliteratura. El fenómeno del presentador televisivo o el personaje famoso que publica libros se ha hecho cada vez más frecuente, y esto tiene un efecto letal;en España no hay un verdadero interés por la literatura», aseveró.

Se refirió también a cómo ha plasmado en la novela «unos años de falso esplendor donde las viejas glorias de la literatura no se trataban con la plebe», y señaló que, más que basarse en personas, lo que ha retratado es una tipología de perfiles humanos que se mueven en torno a los «saraos literarios». Todo ello al servicio de una base argumental que le lleva a sostener que «las sociedades democráticas lo que buscan es crear una uniformidad donde toda voz disonante sea aplastada; el personaje de Octavio Saldaña fue finalmente desterrado porque una sociedad gregaria no puede aceptar a alguien singular como él».

En su exposición recordó las dificultades de los inicios en la escritura y la hostilidad con la que fue recibido en los círculos literarios madrileños. «He triunfado desde la periferia; escribí cuatro novelas en Zamora, viviendo allí gané el Planeta y eso volvió locos de rabia a muchos colegas. A eso hay que añadir razones de tipo ideológico que me convierten en un apestado», apuntó un autor que se tiene por un «Robinson literario, un ermitaño urbano sin contacto con la vida literaria; he podido escribir esta novela porque superé la tentación del éxito».

Del personaje Octavio Saldaña señaló que posee rasgos suyos, de Camilo José Cela y de Francisco Umbral. Sobre este último afirmó que en su juventud lo tuvo como maestro, aunque trazó algunas diferencias entre el escritor de ‘Mortal y rosa’ y el personaje de ‘Mirlo blanco, cisne negro’: «Octavio Saldaña era un reaccionario de verdad; Umbral era un rojo de mentira. Umbral fue un hombre que siempre nadó a favor de la corriente en la época de Franco, jamás escribió una palabra contra él; siempre se arrimó al régimen establecido», sostiene.

Sobre su escritura aseguró que nunca afronta un texto con pretensiones estilísticas, «no tengo un propósito formal, es la propia escritura la que rige el tono del libro, una afluencia natural». También comentó que como escritor necesita el apoyo de su mujer. «Quien escribe precisa de contrapesos que le vinculen con la realidad, necesito la experiencia del amor de una mujer para escribir; de hecho, después de cinco años sin escribir volví a hacerlo en gran medida gracias a mi esposa».

Reivindicó su condición de «persona religiosa» como una forma de rebelarse «contra el espíritu gregario» que impone que lo «socialmente correcto» sea el ateísmo o el agnosticismo y vinculó el final de época que a su juicio estamos viviendo con «la muerte del espíritu; el arte cree que puede vivir al margen del espíritu y se marchita, por eso la pintura hoy día es casi decorativa». Huido de las tertulias televisivas, decidió abandonar este medio, que considera «muy adverso para la creación literaria y muy lesivo del mundo interior sobre el que un escritor necesita tejer su obra».

No se resiste a opinar sobre la elección de Donald Trump, que le ha producido «regocijo porque contribuye a la demolición deeste orden mundial; aunque no es un modelo en lo personal, estoy de acuerdo con su visión de la política internacional, con su rechazo al intervencionismo militar estadounidense y a la economía global».