El Norte de Castilla

Juan Manuel de Prada, en el Museo Patio Herreriano.
Juan Manuel de Prada, en el Museo Patio Herreriano. / Gabriel Villamil

«Defender cosas que ya nadie defiende me ha convertido en un apestado de la vida literaria»

  • Juan Manuel de Prada presenta este miércoles en el Aula de Cultura su novela ‘Mirlo blanco, cisne negro’, una sátira sobre el mundo editorial contemporáneo

El mercantilismo editorial, la vanidad imperante en el ambiente en el que se mueven muchos autores consagrados y la confesión de errores propios y ajenos en el mundo de la pluma son parte de la vivencia vital que destila Juan Manuel de Prada en ‘Mirlo blanco, cisne negro’ (Espasa), el libro más personal, dice, de cuantos ha escrito. El autor acude este miércoles 16 de noviembre a las 20:00 horas al Aula de Cultura de El Norte de Castilla, patrocinada por CaixaBank y Bodegas Emina con la colaboración de la Junta de Castilla y León, para hablar de su particular ajuste de cuentas con el mundo literario.

–¿Se ha desahogado?

–El libro surgió de una necesidad personal. Aunque todavía no soy del todo viejo, llevo muchos años en el oficio; publiqué mi primer libro hace 22 años, cuando tenía 23, y con él gané el Planeta apenas dos años después, así que ya tengo una larga experiencia y he pasado por todo tipo vicisitudes: el éxito más aparatoso, el fracaso, la incapacidad para escribir... y he conocido también todo tipo pasiones en torno a mi figura. Desde el halago y el aplauso fácil hasta la hostilidad y el odio. Con todo eso he alcanzado un momento en mi vida en el cual puedo escribir con cierta serenidad, decidí que era el momento de hacer un estriptis integral.

–¿Es un ajuste de cuentas con el mundo literario?

–Según como consideremos la expresión, porque si es en el sentido de venganza o desquite, no lo es. En el sentido de un ejercicio de sinceridad e incluso de catarsis, sí; la novela es una purga del corazón donde hago una denuncia del mundo editorial, pero sobre todo un ejercicio de penitencia muy fuerte de mí mismo a través de Alejandro Ballesteros y Octavio Saldalña, que, de alguna manera, son trasuntos de mí mismo en diversos momentos de mi vida.

–¿Cómo percibe ese universo literario en el que habita?

–El ambiente literario con el que me he topado siempre ha sido hostil, quizá por haber triunfado tan joven y desde la periferia (gano el Planeta viviendo entre Zamora y Salamanca)... Soy una especie de meteorito que aterriza en la vida literaria desde la periferia y esto nunca se perdonó. Y también por mi forma de ser, por mi temperamento borrascoso, las ideas que he defendido, mi descaro y desparpajo en defender cosas que ya nadie defiende, eso me convierte en un apestado de la vida literaria, y eso hace que la haya vivido desde los márgenes. Es doloroso, pero ha sido muy fecundo desde el punto de vista literario porque me ha fortalecido más. He tenido una visión privilegiada al haber triunfado tan joven y el haber padecido tanta animadversión me ha permitido disfrutar las mieles del éxito y las hieles del odio.

–Describe un ambiente dominado por envidias y rencores.

–Pero no solamente. Al ser un mundo tan endogámico, el triunfo no se traduce en enriquecimiento ni en ventajas materiales; el mundo literario genera pasiones mezquinas: en primer lugar, la vanidad del escritor, que suele ser monstruosa; las envidias en la vida literaria desgraciadamente son frecuentes, el éxito ajeno se vive como un afrenta personal, aunque también hay aspectos luminosos que muestro en la novela.

–¿Qué es lo que más le costó cuando aspiraba a ser escritor?

–Conseguir hacer de la literatura un medio de vida. Eso hoy en día resulta prácticamente imposible.

–¿Qué consideración tiene el escritor actualmente en la sociedad?

–Salvo casos aislados que suelen coincidir con los autores sistémicos a los que el régimen político le interesa exaltar, la figura del escritor tiende hacia la irrelevancia, lo que nos tendría que hacer reflexionar sobre el tipo de sociedad en que vivimos. No existen voces que sirvan de referencia o expresen el sentir y el pensar de la gente. En el momento que el escritor pasa a ser sustituido por el líder mediático hablamos de una sociedad enferma.

–¿La novela bebe de sus vivencias con Francisco Umbral?

–Más allá de que Octavio Saldaña tenga algún rasgo de Francisco Umbral, es un personaje que tiene poco que ver con él. Es una criatura de ficción que tiene más de mí mismo. Mi relación con Umbral nunca tuvo unos rasgos de toxicidad tan destructiva como la de Alejandro ballesteros y Octavio Saldaña en mi libro. La relación que mantuve con Umbral es un material inspirador al hacer la novela pero toda la peripecia nada tiene que ver con lo que a mí me ocurrió con Umbral.

–¿Su mayor desengaño literario?

–La vida literaria está plagada de desengaños, pero el mayor es el del sectarismo del mundo cultural, donde no se te juzga por tu calidad o tus logros, sino que existe prevención de tipo ideológico que impide que seas reconocido por aquellos que profesan otras ideas distintas a las tuyas.

–En la obra se burla de ‘La tempestad’, con la que ganó el Planeta.

–Es una obra juvenil escrita con la obsesión del éxito en la cabeza, y de alguna manera representa esa primera tentación que yo sufrí de convertirme en un escritor aplaudido y agasajado por todos, un autor de ‘best sellers’. Quizás sea este libro el más endeble de los que he escrito.

–¿Cómo interpreta la elección de Donald Trump?

–Es una rebelión frente a la falta sistémica de los medios de comunicación, que independientemente de que Trump sea bueno o malo, la gente ha votado para rebelarse contra ese adoctrinamiento social. En mucha gente ha pesado más el hastío y la repugnancia que le produce esta especie de Matrix que se nos trata de imponer, según el cual los medios establecen una realidad paralela en la que tenemos que adherirnos a unos postulados ideológicos. Es una rebelión social contra la corrección política.