El Norte de Castilla

Andrés Pascual.
Andrés Pascual. / El Norte

«Estamos necesitados de héroes en los que fijarnos»

  • Andrés Pascual diserta el martes en el Aula de Cultura sobre el Taj Mahal, protagonista del libro con el que ha ganado el Premio de Novela Histórica Alfonso X el Sabio

Vive a caballo entre Londres y Logroño y hace años abandonó la abogacía para dedicarse de lleno a escribir. De esa decisión han nacido seis novelas y el ‘El viaje de tuvida’, un texto en el que recoge sus experiencias de viajes por medio centenar de países. Andrés Pascual (Logroño, 1969) escribe e imparte charlas de motivación personal y mañana acude al Aula de Cultura de El Norte de Castilla que se celebrará en el Museo Patio Herreriano a las 20:00 horas, en una sesión patrocinada por Caixabank que cuenta con la colaboración de la Junta de Castilla y León y del Ayuntamiento de Valladolid, para hablar sobre ‘La magia del Taj Mahal’, el monumento en torno al que ha escrito ‘Taj’.

–¿Por qué eligió este edificio para ubicar su última novela?

–He visitado el Taj Mahal en dos ocasiones. La primera tras un viaje en moto por la línea de control de la ONU en Cachemira y, la segunda, tras un periplo que me llevó de Kerala a Varanasi, ambas hace más de una década. Y desde que puse un pie en Agra soñé con escribir este libro. Tanto, que durante estos años he llevado el ticket de entrada al mausoleo en mi cartera. No soy fetichista pero, por alguna razón, ese resguardo de papel amarillento ha estado siempre ahí, esperando que contase esta historia.

–¿Qué le fascinó de todo lo que rodea a ese edificio?

–Siempre me ha sorprendido que no hubiera ninguna novela que abordase directamente el tema de la construcción del Taj Mahal, a pesar de ser el monumento más emblemático del planeta. Y más sabiendo que fue construido por veinte mil héroes anónimos que aunaron fuerzas, pasión y lo mejor de sus diferentes culturas para levantarlo. Su historia se había contado siempre ligada a la del emperador que mandó construirlo, y yo quería escribirla desde el punto de vista de sus trabajadores. No me parecía lógico que el Taj Mahal no tuviera sus propios ‘Pilares de la Tierra’ o su ‘Catedral del mar’.

–¿Ha elegido una atmósfera narrativa más trepidante que en anteriores obras?

–He tratado de escribir una novela histórica con ritmo de ‘thriller’. Sin sobrecarga de documentación que no ayude a la trama o a los personajes. Todo lo que el libro muestra acerca del momento histórico, lo vemos a través de los ojos de Balu, el chico del desierto protagonista. Eso le imprime agilidad, lo cual no está reñido con el rigor histórico.

–¿Qué ha supuesto ganar el Premio 2016 de Novela Histórica Alfonso X el Sabio?

–Me siento enormemente afortunado porque comparto plantel con autores a los que admiro y porque me permite seguir dedicándome a escribir, que es lo que me apasiona. Presentar ‘Taj’ a este certamen era casi obligado, porque Alfonso X El Sabio, quien da nombre al premio, era nuestro símbolo de tolerancia y convivencia de civilizaciones, al igual que el Sha Jahan, emperador mogol que mandó construir el Taj Mahal, quien mantuvo la convivencia entre las distintas culturas y religiones del antiguo Indostán. Si el edificio es único en el mundo es precisamente debido a ese espíritu de tolerancia y fusión.

–¿Por qué se dedica a escribir?

–Porque me permite viajar a través de las palabras y vivir las vidas de otras personas más allá del espacio y del tiempo. Mientras escribía ‘Taj’ he convivido con cientos de artesanos y maestros de todas las disciplinas: marmolistas, carpinteros, jardineros, orfebres… Y también con los miles de trabajadores que, encaramados a los elefantes, arrastraban las piedras. He estado en sus bodas, y también en sus funerales, cuando incineraban sus cuerpos. Es emocionante, me siento como los antiguos expedicionarios cuando llegaban a la India en un cascarón y se encontraban con maravillas como el Taj Mahal.

–¿Por qué tiende a localizar sus novelas en otros países?

–Los lugares lejanos, como el Tíbet de ‘El guardián de la flor de loto’ o el Japón de ‘El haiku de las palabras perdidas’, me han hecho muy feliz; primero, como viajero y después, como escritor. Pero no se trata de algo premeditado. En cada momento voy escribiendo lo que me pide el corazón, tanto en la literatura como en la novela de la vida. Creo que es la forma de traspasar a su vez el corazón de los lectores.

–¿Es la novela su género literario preferido?

–Me siento muy cómodo en la novela, pero también en la no ficción desde que escribí ‘El viaje de tu vida’. Nunca es tarde para perseguir lo que amas. En realidad, todas mis novelas tienen una buena dosis de crecimiento personal. ‘Taj’ es también una novela de superación, como dice Javier Moro, autor de ‘Pasión India’, en la faja de portada. Y creo que tiene razón. Narra la epopeya colectiva que supuso la construcción y también la epopeya personal de Balu, el joven protagonista. Se trata de un chico de una aldea del desierto que no duda en enfrentarse a todos los convencionalismos para tratar de recuperar a su amada Aisha, recluida en el harén del soberano. Me gusta cuando le dice su madre: «Nadie puede escapar de su casta», y él contesta: «Yo soy diferente». Estamos necesitados de héroes en los que fijarnos para pegar un puñetazo en la mesa y cambiar lo que no funciona. Para crear, necesitamos creer.

–¿Quiénes son sus héroes?

–No se trata de buscar a alguien con capa y antifaz, sino que me gusta fijarme en los seres cotidianos y anónimos, como todas aquellas personas que se levantan cada mañana y, aunque las cosas van regular, son capaces de regalarle una sonrisa a su pareja.

–De todos los países que ha visitado a lo largo de su vida. ¿Qué lugar le ha sorprendido más?

–Los que escogí para mi libro ‘El viaje de tu vida’, dado que son los diez viajes en los que encontré las herramientas para convertirme en la persona que quería ser, confiando en que también sean de utilidad a los lectores para su propio cambio vital. En Sudáfrica me enseñaron a gritar «¡Soy el amo de mi destino!»; en el Tíbet, descubrí la obligación de forjarnos un sueño que perseguir; en Madagascar, aprendí a vencer mis miedos; en Brasil, a vivir el ahora… Así hasta diez destinos y diez herramientas, con un único objetivo: lanzarnos a perseguir las cosas que amamos.

–¿Que lugares del planeta le gustaría conocer?

–Tengo pendiente el Ártico, porque me encantan los desiertos y todavía no he visto un desierto blanco. Me apetece visitarlo en invierno, cuando esté completamente cubierto de hielo. Los desiertos ayudan a contemplar con más lucidez nuestra propia realidad, a examinar la vida sin nada que nos confunda.