Juan Tomé y Cruz Ibarra, durante uno de sus espectáculos.
Juan Tomé y Cruz Ibarra, durante uno de sus espectáculos. / El Norte

La física se entiende bailando

  • Juan Tomé y Cruz Ibarra ofrecen hoy en el Aula de Cultura un espectáculo de divulgación científica en el Museo de la Ciencia

Hay principios de la física que se entienden mejor con ritmo. En el Museo de la Ciencia se imparte hoy una clase práctica a través del espectáculo ‘Un baile a tres: Newton, mi pareja y yo’, a cargo de los bailarines Cruz Ibarra y Juan Tomé, en una sesión del Aula de Cultura de El Norte de Castilla patrocinada por CaixaBank, con el apoyo de la Junta de Castilla y León y el Ayuntamiento de Valladolid y la colaboración del Museo de la Ciencia.

Cruz Ibarra es directora de la Escuela de Baile Plantagenet de Plasencia (Cáceres) y es profesora de bailes de salón y ritmos latinos, y Juan Tomé es catedrático de Física y Química y autor de varios trabajos de divulgación científica premiados por Ciencia en Acción en la categoría de puesta en escena. Ambos protagonizarán hoy una sesión que compagina física y baile, en la que ofrecen coreografías, pasos y acrobacias con el propósito de mostrar que tras la danza hay física reflejada en aspectos como el equilibrio, la dinámica y los movimientos periódicos.

«Lo que presentamos es un espectáculo que habla de física y de baile, basado en otro anterior que ofrecimos en Ciencia en Acción, un concurso nacional que premia actividades relacionadas con la divulgación y enseñanza de la ciencia», expone Juan Tomé, que recuerda así el origen del espectáculo: «Mi mujer tiene una escuela de baile y bailando con ella se me ocurrían siempre reflexiones sobre la física aplicada al baile».

Su repertorio didáctico muestra el conocimiento científico a través del ritmo, de los movimientos del merengue, el vals, el rock and roll y el tango, todo ello aderezado con el relato de una historia en torno a tres personajes: un físico, su pareja de baile y Newton. «Es una trama inventada y a medida que se va contando se presentan experiencias y fragmentos de coreografías en los que se explica que en el baile, además de emoción, estética y arte hay mucha ciencia; y, a la inversa, la ciencia no son solo números y experimentos objetivos, sino que también producen emociones, al menos entre quienes la practicamos».

Juan Tomé pone como ejemplo el vals, «un baile del balanceo», apunta equiparándolo a ir y venir de un columpio y de un péndulo. «Si observas su movimiento, a lo mejor no ves en ello más que un fenómeno físico, pero si aprecias la oscilación al ritmo de una música de vals o con alguien bailando verás que se mantiene un balanceo parecido al del péndulo, de modo que su ritmo puede coincidir con el de la música que está sonando».

Otro de los juegos que se mostrarán tiene que ver con el tango a través de piernas que se entrecruzan y posturas complicadas. «Cuando uno lo ve desde fuera parece que la cosa es tremendamente difícil. Y, sin embargo, las leyes del equilibrio son sencillas: el centro de masa del objeto en equilibro tiene que estar en la vertical de la base de apoyo por pequeña que sea, como puede ser la punta de un pie», cuenta el catedrá