El trazo victoriano de Beatriz Martín

Beatriz Martín Vidal, delante de la ilustración que dio lugar a su último álbum. / El Norte

de su álbum 'Querida tía Agatha' en la librería El Lobo Feroz

Victoria M. Niño
VICTORIA M. NIÑO

«Nadie venimos de la nada. Mi universo parte de la Inglaterra soñada, de Peter Pan, de ‘Los cinco’. Leí mucha literatura infantil y cómic británicos, después a los clásicos», dice Beatriz Martín Vidal. Ha publicado recientemente su álbum ‘Querida tía Agatha’ (Thule) y los originales se exponen en la librería El Lobo Feroz de Valladolid. Entrar en ese estancia es viajar a esa Gran Bretaña imaginaria de la que habla la ilustradora vallisoletana: vestidos victorianos, jardines, rostros de perfecto dibujo.

Desde ventanas de grandes cuarterones observan el campo Alice, Emma y la tía Agatha. Antes de poner su trazo al servicio de otros autores, Martín Vidal comenzó haciendo sus propios álbumes. El primero, ‘Secrets’, se publicó en Australia. La Feria de Bolonia permite esos requiebros en el sino de los profesionales del ramo. Le siguió ‘Enigmas’, que tardó en llegar a la imprenta, después ‘Caperuza’, cuyo primer mercado fue el italiano y ahora la editorial Thule publica los álbumes de esta artista.

«Nunca sabes de dónde vienen las ideas. En este caso tenía una imagen clara en la cabeza, la de la ballena y la niña buceando. A partir de ella surge el álbum, que es imagen descansando sobre un breve texto. Me gusta la idea de contar acontecimientos extraordinarios con comedimiento, como Jane Austen», explica Beatriz. «Quería establecer el doble juego sobre lo que unos consideramos normal y otros, extraordinario.La tía Agatha sabe lo que pasa y, sin embargo, esas extravagancias no le perturban. En la infancia tenemos un mundo líquido, ver a alguien flotar en la cocina sorprende un momento pero luego para a ser normal porque no están formados los límites. Sin embargo luego todo se solidifica, tenemos claras las ideas de lo posible y lo imposible».

Agradecida a los encargos porque «siempre me han permitido trabajar con libertad» y porque «te ayudan a planear y formar tu proceso de creación», la ilustradora ha logrado mantener su parcela de creación propia. En su bolso, una libreta con el ‘story-board’ del próximo libro. «El álbum permite desarrollar secuencias, no es una ilustración encajonada para un texto que te deja determinado el hueco. Tiene unas claves de narración propia», explica esta lectora de cómics. «Hay muchos recursos del cómic que me permiten poner en página mi historia. El cómic está más evolucionado, el álbum se mueve entre el cuento y el cómic». También en el cómic sus gustos son anglófonos. «Cuando era adolescente hubo un ‘boom’ del cómic americano, que creció conmigo. ya no era a infantil ni juvenil. Yasí llegamos hasta ‘Sandman’ que no puede tener más referencias literarias, fantásticas, mitológicas, pictóricas. Pero como creadora no sé si me atrevería con un cómic, es un trabajo ingente. Pero quizá como lectora, me hayan enseñado a plantearme las secuencias. Es muy distinto hacer 20 ilustraciones que van en una novela salteadas, que una historia visual seguida», añade la ilustradora de los artículos de Gustavo Martín Garzo para La Sombra del Ciprés. Lo aprendió con ‘Birgit. Historia de una muerte’, de Gudrun Mebs (El jinete azul).

Las ideas inesperadas

«Era un tema muy crudo, una niña de cuatro años cuenta cómo su hermana se levanta un día con algo en el ojo que resulta ser el cáncer. La novela está contada linealmente sin ningún sentimentalismo, con las sensaciones ambiguas de la niña. Me gustaba precisamente por la falta de sensiblería y resultó que al final me salió algo muy lírico. Era una secuencia en torno a unas flores azules que iban invadiendo a la niña». En ‘Caperuza’ usó el mismo recurso pero con diferente fin. En ese álbum la vegetación roja permitía la transformación de la protagonista. «Las mejores ideas son las que vienen sin buscarlas. Pero lo más común es que se gesten a partir del material en el que estoy trabajando». Los originales de ‘Querida tía Agatha’, en los que Emma, ajena a la gravedad, no necesita de escalera alguna para llegar a la estantería más alta; en los que Alicia padece un ataque alérgico que la rodea de flores la cabeza o en el que la cola de una ballena sobresale de la fuente del jardín, pueden verse los próximos dos meses en El Lobo Feroz (calle Paulina Harriet, 29).

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