«Lo que el ojo ve es el eco de lo que siente el corazón»

Sarah Moon, ayer en Valladolid donde supervisó la instalación de su obra. / Ramón Gómez

El Museo Patio Herreriano de Valladolid acoge hasta el 5 de noviembre la primera gran retrospectiva en España de la mítica fotógrafa francesa Sarah Moon

Sonia Quintana
SONIA QUINTANA

A Sarah Moon no le gusta que la fotografíen. Cualquiera diría que antes que de fotógrafa se ganaba la vida como modelo. Corrían los primeros años sesenta cuando una joven francesa llamada Marielle Hadengue (Vichy, 1941) aprovechaba los descansos entre sesión y sesión de fotos para inmortalizar a sus compañeras. «Una de mis amigas incluyó algunas de mis fotografías en su ‘book’ y una revista se interesó por mi trabajo. Yo no decidí un día ponerme al otro lado de la cámara; simplemente surgió así», recuerda esta artista en un descanso del montaje de la exposición ‘Sarah Moon. Now and then’, que hoy abre sus puertas en el Museo Patio Herreriano de Valladolid.

«No fue premeditado. La fotografía me eligió a mí». Y tanto la atrapó que incluso decidió cambiar hasta de nombre. «Mi vida tomaba de repente otro camino. Fue un momento de un cambio drástico y también quise cambiar mi nombre». Así nació Sarah Moon, a los 26 años de Marielle Hadengue, cuando dejó de posar para Helmut Newton, Irving Penn o Guy Bourdin para ser ella quien retratase a las modelos para ‘Vogue’, ‘Elle’ o ‘Hasper’s Bazar’, entre otras publicaciones internacionales de moda. Después llegaría la marca Cacharel, con la que estuvo veinte años y quien consolidó su nombre. Dior, Chanel, Valentino y Alexander McQueen también llamaron a su puerta, ya convertida en un referente del retrato de moda.

Sarah Moon fue la primera mujer que realizó el conocido calendario de la firma Pirelli. «¿Fui la primera? Lo tengo como algo muy lejano. Era una época en la que se fotografiaba a las mujeres con camisetas blancas mojadas. Yo huía de eso, quizá por eso me eligieron a mí». Sea cual fuere la razón aquellas fotografías que la fotógrafa realizó en 1972 en la villa Les Tilleuls, cuartel general de la Gestapo durante la Segunda Guerra Mundial a las afueras de París, son una parte de la importante historia fotográfica de esta mujer cuya obra llega por primera vez a España en esta gran retrospectiva que hasta el 5 de noviembre podrá verse en el Museo Patio Herreriano de Valladolid.

De las más de 300 fotografías que el año pasado se expusieron en el Deichtorhallen de Hamburgo hoy llegan a Valladolid casi la mitad (pura cuestión de espacio). Es difícil quedarse sólo con una. Las fotografías de Moon golpean el alma. «Lo que el ojo ve es el eco de lo que el corazón siente». Sarah Moon tampoco es mujer de muchas palabras (ha confesado en varias ocasiones que no le gustan las entrevistas) pero su pausada conversación deja grandes reflexiones. Su amor por la fotografía en blanco y negro es innegable. «El blanco y negro es el color de la memoria. Yo necesito esa distancia con la realidad que me da la fotografía en blanco y negro. También tengo imágenes en color. En esta muestra se pueden ver algunas».

Videomontaje

Pero la exposición del Patio Herreriano no está compuesta solo de fotografías. Al fondo de la sala 1 (‘Sarah Moon. Now and then’ ocupa dos de las salas de este espacio expositivo) se proyecta un videomontaje de Moon inspirado en ‘El soldadito de plomo’, de Hans Christian Andersen; y la sala 2 recibe al visitante con un videomontaje con las fotografías que esta artista realizó en 1983 para ilustrar una nueva versión francesa del clásico de Charles Perrault basado en el cuento popular de ‘Caperucita roja’. La fotógrafa fue la encargada de traducir la fábula en imágenes contemporáneas y lo hizo acudiendo a las claves del ‘film noir’, el cine expresionista alemán y el pictorialismo fotográfico. Un resultado no apto para todos los corazones, si tenemos en cuenta la frase de la homenajeada: «Lo que el ojo ve es el eco de lo que el corazón siente».

El estilo de Sarah Moon es inconfundible. Uno se da cuenta nada más encontrarse frente a frente con la primera fotografía de la exposición. Considerada la mayor exponente de aquello que los británicos llaman ‘mood photography’, la francesa apuesta por imágenes descaradamente ‘borrosas’ y de estética retro en su mayoría. Arañazos, manchas, quemaduras, cierta suciedad y desperfectos buscados dan a sus fotografías un ‘descarado’ efecto de haber pertenecido a tiempos pasados (aunque la foto apenas tenga unos años). «No tengo ninguna técnica. Nunca he peleado por una técnica. Tampoco puedo hablar de un estilo. Es lo que yo veo. La fotografía no es cuestión de técnica es mi modo de expresarme». «A menudo envidio aquellos que saben fotografiar la vida. Yo la rehúyo, no testifico sobre nada, me invento una historia que no cuento, me imagino una situación que no existe, creo un lugar o borro otro, desplazo la luz, desratizo y luego ensayo». Pero insiste en no hablar de técnica.

La mayor parte de su trabajo lo ha realizado con una cámara Polaroid y se declara amante del Photoshop. «Lo amo. Si algo es realmente malo, lo retocaré, pero muy poco, no se tiene que notar y, por supuesto, nunca para hacer a una mujer más bella». De ideas claras, Sarah Moon siempre quiso contar historias. «Aquí está, tengo un nuevo proyecto, un proyecto que mira hacia atrás (…) Abro los cajones cerrados, encuentro fotos de hace mucho tiempo, apenas me reconozco, pongo en orden, tiro, clasifico, escaseo, grabo (…) Me gustaría aligerar mi equipaje con el riesgo de no poder irme (…) De nuevo, empiezo una vez más, contar al revés no funciona (…) Las palabras ya hacen eco en mi cabeza, las frases están preparadas, entonces recuerdo, en pizcas y piezas, lo que no se puede borrar». Con estas, y algunas otras frases, da la bienvenida Sarah Moon a su exposición en el Patio Herreriano.

No ha dejado nada al azar. Supervisa hasta el último detalle. Es su primera exposición en España. «¿Me preguntas a mi por qué no me han llamado nunca antes?». En Valladolid estará dos meses largos. Ha sido imposible conseguir alargarla más en el tiempo; parte de la obra ya tiene fechas comprometidas en otra ciudades. Nueva York y Tokio serán las siguientes paradas. «No será la misma exposición. Unas obras van a un sitio y otras a otro». Praga, Bruselas, Moscú, Milán, Shanghái, París, Berlín, Buenos Aires o San Francisco, entre otras ciudades, ya han sido testigos de su obra, pero la muestra que llega a Valladolid, de momento, solo ha tenido parada el año pasado en Hamburgo. Una oportunidad única de conocer la obra de esta mítica fotógrafa empeñada desde sus comienzos en liberar a la fotografía de moda de la visión masculina que muestra a la mujer como un objeto de deseo. El más de centenar de imágenes que cuelgan desde hoy en las paredes del museo vallisoletano dan muestra de ello. Acérquense y observen con detenimiento. Nunca han visto nada igual. E igual no vuelven a verlo nunca.

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