Miquel Barceló: «Todo lo que hago, sea óleo, agua, hollín, lejía o barro, lo considero pintura»

Miquel Barceló posa en la inauguración de su exposición 'El arca de Noé'.
Miquel Barceló posa en la inauguración de su exposición 'El arca de Noé'. / Manuel Laya

El artista mallorquín firma una exposición que tiene a toda la ciudad de Salamanca como escenario hasta el 1 de octubre con motivo del Octavo Centenario de su Universidad

EL NORTE Valladolid

Miquel Barceló (Felanitx, Mallorca, 1957) protagonizó su última gran exposición en España en 2010, en CaixaForum Madrid, y ahora, tras años sin exponer en el país, vuelve con 'El arca de Noé'. Una selección de 80 obras, la mitad inéditas, se distribuyen por la ciudad de Salamanca para celebrar el 800 aniversario de la creación de su Universidad (USAL). Desde que se inauguró el 27 de abril la han visto ya más de 60.000 personas

«Primero el rector me pidió un anagrama para los 800 años; luego me dijo que me querían hacer honoris causa, y luego vine y vi que los espacios eran muy adecuados para hacer algo especial» rememora el artista en una entrevista para EFE. «Decidí aceptar el reto. No se trataba de hacer algo antológico sino de traer obra reciente, algo de los últimos años, lo que menos se ha visto en España», detalla.

Todo lo que hace lo considera pintura y lo ejecuta sin pensarlo previamente, «como el sexo», puntualiza. Sólo fue estudiante de Bellas Artes una semana: «parece que me cundió mucho», ríe. Sin embargo apoya la idea de la universidad y en concreto respalda a la Universidad de Salamanca por lo que representa y lo que es. «Y porque cuando vienes se parece a 'Juego de Tronos'», bromea una vez más.

El pintor asegura que ha buscado la pieza adecuada para cada uno de los seis espacios salmantinos- tres están en interiores y tres al aire libre- que se reparten su exposición.

Colocó así a su 'Gran Elefant Dret' en la plaza Mayor y mudó su color de negro a blanco, mientras que instaló a sus 14 cerillas -de más de 500 kilos cada una- en el claustro de las Escuelas Menores. En la sala de exposiciones del Patio de Escuelas, 26 acuarelas seleccionadas ilustran 'La Divina Comedia', de Dante.

«Me gusta que la pintura y la escultura tengan esa relación con los espacios. Saber que aquí han estado fray Luis de León o Unamuno ya le da otro aire a todo», declara sobre la muestra de sus pinturas, arcillas, dibujos en agua, bronces y documentales; posible gracias al patrocinio de la Fundación Mapfre. «Todo lo que hago, sea óleo, agua, hollín, lejía o barro, lo considero pintura, y la pintura es una cosa líquida que se seca», describe.

Barceló comenta a EFE que hace sólo lo que quiere. A pesar de la fama, los premios y la cotización de sus cuadros, su trabajo, y él mismo, no es más sofisticado que antes.«Antes tenía más pretensiones, ahora me la suda lo que parezca». Tanto que se precia de jamás haber mirado su cotización. «Antes, hace 30 años, sí pensaba en lo que mi obra parecería. Ahora me repatea. Lo que me importa es mi trabajo, para el que llevo 40 años preparándome».

Dice que para su trabajo se deja llevar por «el deseo», «el pensamiento es siempre posterior». Es un proceso «más parecido al sexo, a la energía sexual, que a cualquier otra cosa. No piensas lo que vas a hacer. Lo haces», compara.

Ante los micrófonos de EFE, Barceló cavila sobre su hacer artístico. «Mi obra es algo que sucede, entre intuición y reflexión. Intento encontrar las formas adecuadas. A veces despintar es más sano que pintar, y por eso uso lejía, ácido sulfúrico o nítrico y hay mucho raspado. «Para mí no es una virtud sino una necesidad».

El reconocido autor es de los que mantiene que la pintura es un larguísimo aprendizaje. «No sé si hago lo que quería hacer, pero sí hago lo que quiero. Cuando tenía 20 años, trabajaba 8 o 10 horas, ahora más y en más cosas. Antes solo hacía pintura o acuarela, ahora cerámica, bronces, yesos, grabados, litografía, retratos en lejía y siempre lo más rápido posible, en el tiempo preciso».

Recuerda que hicieron 'un experimento' en la cueva francesa de Chauvet, donde hay un búho de 36.000 años en piedra caliza hecho con doce trazos: «Lo hice en una vidriera. La primera vez tardé 12 segundos y las siguientes 9. Fue emocionante pensar que quien lo hizo tardó lo mismo», describe, mientras lo 'pinta' en la mesa con sus dedos.

Admite que no tiene ni idea de si, como se repite en muchas informaciones sobre él, es el pintor español vivo más cotizado. «Jamás he mirado mi cotización. Miro el tiempo de Mallorca. En el año 90 y algo, una obra se vendió por 100.000 dólares. Tenía 30 años y creo que fue un precio magnífico. Cuando se vende un cuadro muy caro en una subasta, me entero pero no lo controlo», confiesa.

«No me parece ni bien ni mal lo de las cotizaciones. Nos escandaliza que un Gauguin valga lo que vale, pero no que se compren bombas nucleares», añade.

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