El diálogo del arte sobre el éxodo y la memoria del medio rural

Instalación de Salim Maya.
Instalación de Salim Maya. / El Norte

El colectivo Nexodos, formado por artistas de Castilla y León y Asturias, reflexiona sobre la memoria y el presente de los pueblos en San Román de Candamo

ANGÉLICA TANARROValladolid

. Algo se mueve en la España rural. Aunque la sangría de población parezca un problema irresoluble y mientras desaparecen los servicios básicos de los pequeños núcleos de población algo se mueve en muchos de ellos. Y ese algo tiene que ver con el arte. Mejor dicho, con artistas que ponen su creatividad al servicio de la reflexión sobre el éxodo, la memoria, el retorno, la huella del hombre en los despoblados, el olvido… Uno de esos proyectos devolverá la vida por unos días a un edificio en estado de semi abandono en el municipio asturiano de San Román de Candamo por iniciativa de un colectivo de artistas plásticos y músicos liderados por los vallisoletanos Ignacio Gil y Gerardo López. ‘Néxodos’, nombre del coletivo, mostrará desde hoy hasta el final del mes las instalaciones y trabajos de Javier Ayarza, Tania Blanco, Cristina Ferrández, Bettina Geisselmann, Ignacio Gil, David Herguedas, Salim Malla, Julio Mediavilla, Avelino Sala y María Tamames, y las intervenciones de los músicos David Duyos y Nacho Román. También David Herguedas ofrecerá un concierto directo en su doble faceta de músico y artista. Creadores, vinculados en su mayoría a Castilla y León, que se han unido para relacionar desde la mirada artística memoria y territorio, para reflexionar sobre cómo los movimientos migratorios, los viajes de ida y vuelta conformaron la personalidad y la historia de municipios como San Román de Candamo, y explorar las huellas de esas historias en su patrimonio y los nexos que generan entre pasado y presente. En definitiva, para «analizar de qué manera el hábitat rural vive la lógica de los desplazamientos en la actual situación económica, social y cultural», afirman sus promotores.

El edificio elegido es conocido en el pueblo como ‘El colegio’. Se trata de una típica ‘casa de indiano’, construida a mediados del siglo XIX y donada al pueblo por una familia que hizo fortuna en Cuba con la industria tabaquera. En su origen fue un colegio y después albergó el centro de salud y la vivienda del médico. En 2007, cuando se construyó el nuevo centro de salud del pueblo, la planta baja quedó en desuso. «Cuando entramos, este espacio conservaba una gran parte del mobiliario de lo que había sido un dispensario médico y eso nos dio puntos de partida para trabajar», afirma Ignacio Gil. «En ese espacio –añade– confluyen, como si fueran capas superpuestas, la memoria de la emigración y de las distintas generaciones que se beneficiaron de los servicios del centro de salud». Sobre la intervención planea también la necesaria reinvención para que siga en pie.

Bettina Geisselmann -arriba-, Julio Mediavilla -a la izquierda- y María Tamames. / El Norte

Artistas de reconocida trayectoria como Javier Ayarza, también implicado en proyectos de desarrollo artístico en el medio rural, Julio Mediavilla o Bettina Geisselmann conviven con artistas más jóvenes pero ya habituales en las exposiciones de nuestro entorno como Salim Malla, Tania Blanco o María Tamames. Sus habituales lenguajes artísticos (el grabado, la escultura, la fotografía, la instalación) se han puesto al servicio de las sugerencias del edificio, del espacio y la historia del lugar que funcionaron como ‘voces’ que les hubieran susurrado los proyectos. En el caso de Julio Mediavilla o Tania Blanco las huellas del consultorio médico están especialmente presentes. La instalación de Mediavilla, que recupera los típicos asientos de una sala de espera, reflexiona sobre el paso del tiempo y la subjetividad de la experiencia temporal, mientras que las hojas del vademécum que Tania Blanco dispone en orden en una de las salas remiten directamente a ese pasado. Las piezas audiovisuales de Cristina Ferrández hablan de paisajes imaginarios y territorios por explorar como aquellos que presentían los viajeros que se echaban al océano sin saber muy bien qué los esperaba al otro lado. Las ‘geometrías’ de Ignacio Gil recuerdan piezas del ferrocarril, elemento indispensable de conexión en estos territorios cuya desaparición es un temor constante entre sus habitantes.

Vidrio, hojas de tabaco y lana

El juego de luces, transparencias y reflejos de Salim Malla habla del hombre como medida de todas las cosas, mientras que Geisselmann interviene en la casa jugando con vidrio y hojas de tabaco, en recuerdo de la actividad de sus primeros dueños. Herguedas propone un viaje interior a partir de una instalación audiovisual y Tamames utiliza la lana de la cabaña ovina del lugar para representar las distintas realidades que configuran el entorno. Las fotos de Ayarza tomadas in situ son al mismo tiempo testimonio del presente y archivo del pasado y Avelino Sala advierte sobre las contradicciones de nuestro tiempo aplicadas al medio rural.

Además de los conciertos de David Duyos, Herguedas y Nacho Román (el de este último tuvo lugar ayer) la exposición conlleva una serie de iniciativas paralelas como la mesa redonda que tuvo lugar el sábado, durante la inauguración, y en la que participaron los responsables de proyectos como Cerro Gallinero (Ávila), La Cabra se Echa al Monte (Palencia) Open Lands (Asturias) y Proyectos Artísticos Casa Antonio (Asturias). Virginia Díez desarrollará un taller sobre ‘Memoria de la emigración’.

Es de destacar que esta iniciativa se ha llevado a cabo sin financiación institucional (salvo una pequeña ayuda logística del Ayuntamiento de Candamo) y mediante la edición de una litografía de Herguedas que se vende a precio popular. Definitivamente, algo se mueve en el medio rural y tiene que ver con el arte.

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