Cuadrado Lomas: «He visto pasar todos los ismos pero siempre he vuelto a mi propia forma de ver la pintura»

Félix Cuadrado Lomas, en la inauguración de una exposición en el Museo de la Universidad de Valladolid. /Henar Sastre
Félix Cuadrado Lomas, en la inauguración de una exposición en el Museo de la Universidad de Valladolid. / Henar Sastre

El pintor vallisoletano, que desea exponer próximamente en la Diputación para que le conozcan los jóvenes, niega que su obra sea «abstracta»

El Norte
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Fiel a una filosofía de vida, aferrado a sus convicciones y firme en su concepto del arte como un ejercicio de libertad es el pintor, dibujante e ilustrador Félix Cuadrado Lomas, galardonado hoy con el Premio Castilla y León de las Artes: «pinto donde habito, pinto lo que veo», ha resumido a la agencia Efe. Cuadrado Lomas (Valladolid, 1930), último superviviente del Grupo de Simancas, ha dedicado al pincel y al lapicero sesenta y cinco años de su vida, los últimos cuarenta y tres en la villa de Simancas, en el arrabal junto al que discurre manso y corpulento el río Pisuerga pocos metros antes de enroscarse en el Duero.

De igual forma se nota el pintor de los paisajes castellanos, de las mulas y de las yuntas, de los solitarios y arruinados palomares, de la majeza de picadores y toreros, quien se ve a sí mismo «más como un testigo vivo de una época que va a desaparecer» y que ha visto pasar delante de sus ojos todos los ismos posibles. «Los he visto y conocido todos, a veces les he tratado durante algún tiempo y he vuelto a mi propia forma de ver la pintura, la más intelectual de todas las bellas artes, como decía Leonardo, porque se desenvuelve con todas las dimensiones», ha explicado.

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Ello explicaría sus coqueteos con el expresionismo, algún que otro flirteo expresionista y sus devaneos con la abstracción, «pero no soy nada de eso y de ninguna manera mi pintura es abstracta, tal vez naturalista como una vez me dijo una catedrática», ha terciado el pintor de las gruesas gafas, luengas barbas e inseparable boina con vuelo, más vasca que castellana. Se refiere al paisaje, una de sus temáticas más recurrentes, extractado en líneas esquemáticas con algún árbol, palomar o animal de tiro para contrastar y enfocar la dimensión, aunque también ha frecuentado los bodegones, y escenas, oficios y personajes del mundo rural que ha conocido desde niño.

Pasó su juventud en Calzada de los Molinos (Palencia), el pueblo de su madre, para recuperarse de una turbeculosis que le afectó en 1950, época en la que compatibilizó sus estudios en la Escuela de Artes y Oficios con otros trabajos como el de cobrador de recibos y el de aprendiz en una tienda de zapatos.

Más allá de modas y estilos, Cuadrado Lomas atribuye el personal sesgo que ha imprimido a la llanura de su tierra la mirada sintética y esquemática con la que extracta el paisaje, «tan inconmensurable que no cabe en un lienzo lo que entra por el ojo», lo cual le obliga a «construir», según propia expresión, lo que tiene delante.

«Habré evolucionado, no digo que no, pero en líneas generales no he cambiado, sigo con mi concepto, mis maneras y originalidad», ha añadido acerca de un estilo que ha destacado el jurado del Premio Castilla y León de las Artes 2017 en un fallo donde ha resaltado «su capacidad de unir tradición y vanguardia», así como su «dominio de formas y colores».

Obra nueva

En su casa arrabalera de Simancas, la de la célebre batalla de la Reconquista (930), la de la Guerra de las Comunidades (1521) y la del Archivo General de la monarquía hispánica desde mediados del siglo XVI, Cuadrado Lomas capea problemas circulatorios que le impiden sostenerse en pie y le han tenido postrado durante el invierno.

Apenas puede ver, según dice, pese a lo cual el pasado otoño pintó obra nueva que desea exponer «no por mí, sino para que me conozcan los jóvenes», y su deseo es hacerlo en la Diputación de Valladolid donde aún no ha colgado sus cuadros en los últimos 65 años.

Fue galardonado en 1966 con el Premio de Pintura Ciudad de Valladolid y en 2009 con el Provincia de Valladolid a la Trayectoria Artística que anualmente entrega la Diputación.

Además del paisaje castellano, desde su atalaya simanquina no columbra buenos tiempos para el arte, a su juicio politizado cuando «hay que dejarle libre», ayuno de concepto y formación académica básica, «hace falta un nuevo aprendizaje», por lo que cree que necesita una especie de «nuevo resurgimiento, de ir a la realidad».

Cuadrado Lomas acumula en su casa abundante obra gráfica y lienzos porque hace mucho tiempo que no vende. «Entre lo que se llevaba la galería y Hacienda...», ha resumido antes de pronosticar cómo a este paso la pintura «se muere porque no hay dinero, vale mucho y ya no compran ni las administraciones»

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