Alonso Berruguete tiene tirón

Visitantes observan piezas de la exposición en el Palacio de Villena. / Paz Pastor

El Museo Nacional de Escultura destaca el «buen arranque» de la exposición que ilustra la influencia clásica en el artista palentino. Ha atraído a 5.000 visitantes desde su inauguración el 4 de julio

JESÚS BOMBÍNValladolid

La cola registrada algunos días para acceder al Palacio de Villena refleja, «la buena acogida» que está teniendo la exposición ‘Hijo de Laocoonte. Alonso Berruguete (1450-1561) y la antigüedad pagana’, inaugurada el pasado 4 de julio y que ha atraído a unos cinco mil visitantes a sus salas. Así lo aprecia María Bolaños, directora del Museo Nacional de Escultura, satisfecha no solo por la cifra, sino, apunta, por su repercusión en círculos especializados.

En el perfil del visitante destaca el buen recibimiento dispensado entre los vecinos de la ciudad, en la medida, arguye, que Alonso Berruguete es una figura reconocida y asociada al museo. Otro aspecto que reseña es la afluencia de especialistas del Renacimiento, «algo que he podido constatar estos días y demuestra el interés que ha suscitado la muestra en el mundo académico, justamente porque hacía muchos años que no había una exposición sobre Alonso Berruguete, un artista cuyo nombre ha ido calando con gran fuerza en los últimos años, pero faltaba una gran exposición que actualizase su figura a la luz de las investigaciones más recientes».

Entre los visitantes, Nina Campos, acompañada por Teresa del Cura, ambas de Valladolid, se muestran sorprendidas por la venera que coronaba el retablo de San Benito. «Es espectacular la reconstrucción de la concha», resume Campos, mientras recorre las salas que confrontan a Alonso Berruguete con piezas que desvelan cómo el artista de la localidad palentina de Paredes de Nava se trajo de su estancia de doce años en Italia gestos, posturas y técnicas que revolucionaron los cánones de la época.

«Me ha sorprendido ver a ese Berruguete más allá del artista religioso en que le teníamos encasillado», explica Francisco Olmos, también de Valladolid, fiel a las exposiciones temporales del museo. Porque el centro se nutre también de seguidores que acuden a sus salas con cierta frecuencia, como José Moya, que acompañado por su mujer viaja cada verano desde Alicante desde hace seis años para disfrutar de la colección permanente en el Colegio de San Gregorio y de la temporal en el Palacio de Villena. «Las visitas –afirman– son fantásticas, siempre que venimos salimos satisfechos».

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