El Archivo Municipal inaugura una exposición sobre la vida y obra de Zorrilla

José Zorrilla, por el marqués de Villafuerte. / Archivo Municipal de Valladolid

Organizada por el Ayuntamiento en colaboración con El Norte de Castilla, permanecerá abierta al público hasta el 30 de abril

EL NORTEValladolid

La figura del poeta José Zorrilla (Valladolid, 1817-1893) ha sido, pese a la enorme popularidad que disfrutó tanto en vida como después de su muerte, objeto de opiniones encontradas. Desde el siglo XIX hasta nuestros días, pocas han sido las facetas de su personalidad y de su obra que han escapado a la controversia. Reaccionario o portador de ideas avanzadas; poeta arcaico en su propio tiempo o eslabón necesario y precursor de movimientos novecentistas, las opiniones sobre el autor del Tenorio van desde quienes, como Unamuno, han negado su carácter de poeta lírico y han querido ver en su poesía solo hojarasca, hasta los que, como Azorín, consideran que Zorrilla es, con todos sus defectos, nuestro poeta más grande del siglo XIX.

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La crítica actual reivindica una nueva lectura de la figura de Zorrilla, libre de los prejuicios y de los clichés que, como afirma el profesor Navas Ruiz, limitan y oscurecen la obra del autor vallisoletano. En esa dirección, la exposición ‘Mi exclusivo nombre de poeta. Zorrilla, 1817-1893’ propone, que será presentada este viernes, 29 de septiembre, en el Archivo Municipal por el alcalde, Óscar Puente, y en cuya puesta en marcha ha colaborado El Norte de Castilla, un recorrido desapasionado por la vida y la obra del poeta a través del hilo conductor de la autobiografía poética que escribió con motivo de su ingreso en la Real Academia Española en 1885, ocho años antes de su muerte.

La cara pública y la faceta más íntima de Zorrilla –sus orígenes, su formación, las difíciles relaciones familiares, sus amores, sus amigos, su sentido del humor, sus contradicciones y su enorme popularidad– se recrean a partir de las 124 piezas que, entre libros y documentos, pinturas, grabados y fotografías, componen la muestra organizada por el Archivo Municipal, situando al poeta en el convulso mundo que le tocó vivir: la encrucijada entre el Antiguo Régimen y el mundo contemporáneo. Desde su nacimiento en Valladolid hace ahora 200 años hasta los multitudinarios homenajes que, después de su muerte, le tributaron Madrid y su ciudad natal, la muestra se hace eco de sus casi 76 años de vida, evocando los distintos escenarios de su acontecer: su infancia vallisoletana, su gran etapa creadora en Madrid, su exilio voluntario en París, su paso fugaz por Londres, su larga estancia en tierras americanas y, por fin, su regreso a España convertido en gloria nacional.

Los documentos y fotografías presentes en la exposición proceden en su inmensa mayoría del Archivo Municipal. Entre ellos destacan los donados al Ayuntamiento por la viuda, las herederas y los amigos de Zorrilla, y que se han custodiado hasta fechas recientes en la Casa de Zorrilla. Algunos de los títulos y condecoraciones que el poeta recibió a lo largo de su vida y que colgaron de las paredes de su domicilio; los libros homenaje con que le obsequiaron instituciones vallisoletanas, madrileñas y granadinas, así como las cartas que intercambió con amigos, políticos y escritores, como Cánovas, Núñez de Arce o Leopoldo Alas, son algunos de los documentos que podrán contemplarse. Especial significado tienen los manuscritos y borradores de poemas -algunos inéditos- que Zorrilla gustaba de regalar a sus amigos, y los recuerdos traídos de su etapa mexicana, entre los que se cuentan su nombramiento como caballero de la Orden de Guadalupe y una cartera con fotografías de su amigo el emperador Maximiliano I de México, que Zorrilla siempre conservó consigo.

Complementan estos fondos otros de procedencia municipal, entre los que destaca el acta de la reunión en la que el Ayuntamiento adoptó cuatro decisiones de gran trascendencia nada más conocer el fallecimiento del poeta en Madrid: reclamar su cadáver para cumplir su voluntad expresada en su testamento de que sus restos mortales descansasen en su ciudad natal; procurar que el monumento que el Ateneo de Madrid proyectaba construir se instalase en Valladolid, adquirir la casa donde nació para instalar en ella un museo y una biblioteca, y cambiar la denominación de la Acera de Sancti Espíritus por la de Paseo de Zorrilla que aún conserva la principal arteria de la ciudad.

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