«Si hubiera otro Saramago en algún rincón ya tendríamos noticias, no se callaba»

Pilar del Río, en el palco del Teatro Calderón, durante el estreno de ‘El hombre duplicado’ en Valladolid.
Pilar del Río, en el palco del Teatro Calderón, durante el estreno de ‘El hombre duplicado’ en Valladolid. / Henar Sastre
  • Pilar del Río / Periodista y traductora

  • La viuda del Premio Nobel de Literatura elogia la adaptación al teatro de ‘El hombre duplicado’, cuyo protagonista descubre a su otro yo

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Saramago falleció cuando la adaptación de ‘El hombre duplicado’ al cine (‘Enemy’) se encontraba en periodo de preproducción. Siete años después, el texto del Nobel (‘O homem duplicado’), traducido en su día por Pilar del Río, ha dado el salto al teatro con idéntico perfil de ‘thriller’ y bajo el mismo juego de identidades. Periodista, traductora y compañera de viaje, Pilar del Río habla por boca de José Saramago.

–Un juego en el que Tertuliano Máximo Afonso, el protagonista, descubre que tiene otro yo.

–Exacto. En este caso es una anécdota, porque Saramago siempre se hacía preguntas del tipo ¿y si algún día la Península Ibérica se desprendiera por los Pirineos de Europa? ¿Y si podemos crear el amor ciego? ¿Y si la muerte deja de matar? Partía siempre de estas ideas para poder hablar de lo que quería hablar. Eran excusas para tratar de explicarnos quiénes somos, qué hacemos aquí y qué es lo debemos hacer.

–¿Se hacía preguntas en voz alta?

–Como todos los grandes creadores. Para Saramago, Montaigne era una iluminación fundamental, y éste solía decir que el ‘yo’ era el protagonista de la obra pero que había que universalizarlo.

–‘El hombre duplicado’ es un buen ejemplo de ese juego de identidades. Saber que tenemos un clon en algún rincón del mundo crea intranquilidad.

–Es algo más complejo, lanza la pregunta de quiénes somos nosotros y qué somos capaces de ser en relación a los otros. Es un libro denso y complejo, aunque en la obra se ha resuelto con mucha ironía y sentido del humor, acentuado con una solución escénica muy moderna y resonancia de teatro clásico. La adaptación es una maravilla. No tiene por qué ceñirse al texto porque Saramago escribió una novela y esto es una obra de teatro, pero lo importante es que se encuentra el espíritu de José Saramago. De alguna manera enriquece la novela.

–¿Puede imaginar que hubiera otro Saramago en algún rincón de este mundo?

–No lo creo porque se sabría ya. Si hubiera otro Saramago ya nos hubiéramos enterado. No era una persona que se callara. Siempre fue una persona que intervenía, consciente del poder hegemónico que tenemos los seres humanos sobre instituciones y sobre poderes. Si hubiera otro Saramago, seguro que ya tendríamos noticias.

–Si nos basamos en su propio perfil, ese otro yo sería un indignado más.

–No es que fuera un indignado más, es que Saramago fue el primer indignado. En el año 80 recibió el Premio Ciudad de Lisboa y en el discurso dijo: ‘De la tierra podemos querer alimento y aceptar su cultura, pero nunca con resignación’. Lo dijo entonces y han pasado ya más de treinta años.

–¿Hoy estaría más o menos indignado que entonces?

–No lo sé. Sí sé lo que dejó escrito en sus cuadernos. Reflexiones como los que escribió en ‘Ensayo sobre la lucidez’, donde analizaba la capacidad que tiene el ser humano para cambiar situaciones que parecen imposibles de cambiar.

–En ese mismo ensayo, año 2004, ya hacía mención a la crisis.

–Fíjate que se murió en 2010 y ya seis años antes veía una crisis que se estaba incubando. Murió trabajando hasta el último día, no lo hizo retirado del mundo en un Palacio de Cristal, murió observando el mundo y se dio cuenta de lo que estaba pasando. Él decía siempre que no era crisis económica, era una crisis moral. Sus reflexiones iban dirigidas a que teníamos todos los medios para solucionar los problemas del ser humano y del planeta, algo que no se podía arreglar en la Edad Media porque no teníamos tecnología. Repetía que no se podía solucionar en el siglo XVIII, no en el XIX, no en el principio del XX, y ahora que podemos en el XXI,no lo hacemos porque se trata de una crisis moral.

Repetía que nos volvemos locos cuando sentimos que podemos utilizar la razón en beneficio propio y no en beneficio de los demás.

–¿Cuánto hay de inédito aún?

–Poco. Muy poco. Teníamos ‘Claraboya’, que ya se publicó, y también el libro inacabado (‘Alabardas’). Lo demás son conferencias y algún cuento de juventud. Sí es cierto que hay un cuento adaptado que lo va a representar el Teatro Nacional de Portugal, y cuyo argumento es de actualidad porque se refiere a que las máquinas están haciendo que perdamos los puestos de trabajo, y sobre todo que perdamos la voluntad.

–¿Llegará a España?

–Lo tiene Alfaguara, de hecho, para cuando se haga una nuevo volumen de teatro. No es fácil de adaptar porque al tratarse del Teatro Nacional son muchísimos actores y necesita de muchos medios, pero sí se puede utilizar la imaginación para adaptar el texto.