Ramón Casas, burgués, bohemio y moderno

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'Retratándose, Ramon Casas y Santiago Rusiñol, 1890.'. / CaixaForum

  • La paradójica trayectoria del pintor se revisa en una muestra que reúne 145 obras en su 150 aniversario

  • 'La modernidad anhelada' confronta a la figura clave del modernismo con coetáneos como Sargent, Rusiñol, Sorolla,Torres García o Picasso

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Un siglo largo antes de que se acuñara el término ‘Bobo’, la contracción de bohemio y burgués, su significado se podía encarnar en Ramón Casas Carbó (Barcelona, 1866-1932). Contradictorio artista bohemio y burgués, cosmopolita y popular. Pintor de masas y retratista de la aristocracia, de majas y condesas, de toreros y magnates, importó la modernidad y llevó los aires parisinos a la Barcelona ‘noucentista’. Una gran muestra repasa ahora su paradójica trayectoria en CaixaForum Madrid. Reúne 145 piezas y confronta la pintura de Casas -120 piezas- con de coetáneos con los que cruzó influencias, como Toulouse-Lautrec John Singer Sargent, Santiago Rusiñol, Julio Romero de Torres, Joaquín Sorolla, Torres García, o Pablo Picasso.

«No es una antológica ni una retrospectiva», aclara Francesc Quílez uno de los comisarios de esta exposición que propone «otra mirada sobe Casas» y que se concibió como el acto central del 150 aniversario del nacimiento de la figura clave del Modernismo. Acaso el pintor «que mejor supo captar la eclosión de un nuevo tiempo, cuando la idea de modernidad llamaba a las puertas de la historia». No en vano llegó a París con solo 15 años, en un viaje decisivo para su carrera y su obra.

Un creador muy dotado que, sin formación académica, alumbró un estilo genuino y reconocible, innovador y canónico al tiempo, y que casi murió de éxito. «Introdujo la modernidad pero no acabó siendo moderno. Se lo comió el éxito. Hijo de un burguesía más que acomodada, se movió en ambientes bohemios y populares, pero acabó acomodándose de nuevo y regresando al universo burgués».

Con su actitud a veces bohemia, a veces irreverente y socarrona, Casas llevó a sus cuadros el vértigo de los veloces ingenios del cambio de siglo -la bicicleta, el automóvil-, de la publicidad y de la fotografía que evidenciaban la confianza en la tecnología que ofrecía el mito del progreso. Asimiló Casas todo tipo de influencias que plasmó en sus carteles, fotografías, estampas japonesas, dibujos, azulejos, y óleos.

Muchas de las obras de Casas están en el imaginario colectivo, como sus carteles publicitarios para Anís del Mono o Codorniu; sus escenas populares, como ‘El garrote vil’ y ‘El corpus’, además de obras como el tándem en el que Casas se autorretrata pedaleando junto a Pere Romeu y que fue el emblema del ‘Els Quatre Gats’, la alternativa cervecería barcelonesa que imitó al parisino de ‘Le Chat Noir’, y donde Picasso expondrá primera vez con apenas 17 años.

Casas dinamita las distancias entre la alta y la baja cultura, se interesa por el circo, los toros o la ferias, a menudo fijando una imagen estereotipada y tópica y pasa de las escenas populares a sus delicados desnudos y retratos femeninos, sus ágiles retratos a carboncillo de intelectuales como Pío Baroja o colegas como Rusiñol. «Su obra evidenciaba un modelo híbrido en el cual el pintor moderno nutre su imaginario con todos los elementos que puedan enriquecerlo», apunta Domènech.