Benjamín Sevilla, con el diploma, Jesús Julio Carnero, y Germán Vega, con la medalla, en el hemiciclo de Fuensaldaña.
Benjamín Sevilla, con el diploma, Jesús Julio Carnero, y Germán Vega, con la medalla, en el hemiciclo de Fuensaldaña. / Gabriel Villamil

La Corrala del Caballero fideliza la afición a los clásicos

  • Germán Vega y Benjamín Sevilla, directores de Olmedo Clásico, reciben el premio de Teatro Provincia de Valladolid

La primera vez que fui a ver una obra en la Corrala del Caballero estaba tan encantado con el escenario, con los actores, que creí que la muralla y la luna eran parte de un trampantojo. Solo me sacó del ensimismamiento el crotoreo de las cigüeñas. Entonces recordé a Calderón y que la vida es sueño». Era el testimonio de un espectador, Jesús Julio Carnero, que además preside la Diputación y que ayer entregaba el premio de Teatro Provincia de Valladolid a los codirectores de Olmedo Clásico, Germán Vega y Benjamín Sevilla.

Si Lope de Vega les regaló la obra que inscribió al municipio en la historia del teatro clásico español, Olmedo ha puesto el resto para situarse en la misma línea que Almagro, Mérida, Cáceres o Alcalá en un tiempo récord, apenas una década. Por eso el premio, por eso el reconocimiento a las cabezas que lo representan. Germán Vega aceptó la medalla «pidiendo perdón por la inmodestia», como antaño Unamuno, y lo agradeció mereciéndolo, «no yo, sino toda la gente que lo ha hecho posible». El profesor de la UVA recordó un comienzo en el que varias personas tuvieron similar idea desde distintos campos y acabaron convergiendo en ese festival clásico que necesitaba la comunidad cuna del castellano. Julio Valdeón y Andrés Muñoz allanaron el camino, Alfonso Centeno, alcalde de la villa, «tuvo una implicación decisiva», y Benjamín Sevilla y Fernando Urdiales completaron ese motor inicial. Vega destacó «el respaldo de las instituciones –el municipio, la Junta, la Diputación, el Gobierno de España, la Universidad de Valladolid– y las contribuciones privadas, como la de Caja España hasta que pudo».

La amenaza de la lluvia

En esa colaboración estrecha entre lo público y lo privado abundó también Carnero, «Olmedo es ejemplo de la confluencia de ambas fuerzas, de cómo se debe trabajar, todos a una». El presidente de la Diputación recordó la vocación teatral de Valladolid, «por sus actores, por sus escenarios –Calderón,Zorrilla y Carrión–, por su célebre escritor del que se cumple el segundo centenario de su nacimiento, José Zorrilla, y que representa el paso de los clásicos a la modernidad». Por otra parte destacó la implicación de la institución provincial con las artes escénicas a través de la Red y la Muestra de Teatro, la beca de arte dramático y el apoyo a los festivales de Urones y Olmedo.

Fue Benjamín Sevilla quien glosó con humor las once ediciones sobre el escenario, el aprendizaje en cada una de ellas y la lucha contra una invitada intempestiva, la lluvia. «Comenzamos un 13 de agosto de 2006 con un título premonitorio ‘Cómicos en el camino’. Hacía frío y la gente iba con mantas de viaje. Vieron la función arropándose. Dieron una lección de coraje y ganas de clásico español». Aquel frío hizo reconsiderar las fechas y pasó a celebrarse en julio. En 2007 Eduardo Vasco y la Compañía Nacional desbordaron el escenario y «tuvimos las dos primeras producciones internacionales; ‘Hamlet’ en chino y otra francesa. Nos enfrentamos a los primeros sobretítulos. En 2008 la Compañía Nacional trajo dos montajes, pero ‘La noche de San Juan’ se retrasó una hora por la lluvia. Ese año estrenamos nuestra primera coproducción para público familiar dirigida por Esther Pérez Arribas y encantó. A los tres años de historia del festival vimos el primer ‘Caballero de Olmedo’ a cargo de Urdiales y Teatro Corsario», explicaba Sevilla.

Público incondicional

Dos compañías que habían recibido el Nacional de Teatro coincidieron en Olmedo en 2010. La siguiente edición fue un homenaje al desaparecido Urdiales. La lluvia volvió a visitar Olmedo en las noches del festival de 2012 y en 2013 estrenó su último montaje Miguel Narros, que murió poco antes. «Ese año vino por primera vez una compañía que se haría muy querida después, Ron Lalá». Un altísimo actor japonés encarnó a Doña Inés en un novedoso montaje de el ‘Caballero’ en 2014. Fernando Cayo y Lucía Quintana, dos vallisoletanos de reconocimiento nacional, pasaron por Olmedo en 2015 y en 2016 Concha Velasco celebró, tras su cuota de aplausos, el festival, agradeciendo al público, a los técnicos, a la organización, su existencia.

El hemiciclo del Castillo de Fuensaldaña, escenario teatral», decía Carnero, estaba al completo. Ante autoridades, jurado, olmedanos y gentes del teatro, los tres intervinientes coincidieron en una misma referencia. Todos ellos tuvieron palabras de agradecimiento para el público en general y en particular para el de Olmedo y la comarca, el que ha hecho suyo el festival desde el primer día.