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Ignacio Merino y el coronel Rafael Matilla Páramo, en el acto celebrado en el Palacio Real de Valladolid. / Henar Sastre

«La Institución Libre de Enseñanza es un referente
de patriotismo cultural»

  • Ignacio Merino presenta en el Palacio Real de Valladolid el ensayo ‘Por qué España’

Ignacio Merino (Valladolid, 1954) ha reunido en ‘Por qué España’ (Ariel) sus reflexiones sobre una visión simbólica de la historia del país. Aunque subraya que no se tiene por historiador, sino que ejerce de «humanista explorador», este licenciado en Filología Inglesa y diplomado en Psicología y Filosofía desentraña los hitos que han jalonado el pasado de España desde Atapuerca, la reconquista, la huella de Sefarad, la Constitución de 1812, la Desamortización de Mendizábal, la Transición y el país de moda de los años ochenta y noventa, entre otras paradas cronológicas que enriquece «con un análisis psicológico que generalmente no se utiliza y con los símbolos como instrumento de conocimiento».

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  • Presentación del libro 'Por qué España'

El salón de actos del Palacio Real de Valladolid se llenó ayer de público en la presentación de esta obra en la que estuvo acompañado por el director de El Norte de Castilla, Carlos Aganzo, que ensalzó la sede militar de Capitanía por haber acogido diversos actos organizados por el diario «con España como centro de las reflexiones, como el que protagonizó el historiador Fernando García de Cortázar». El acto fue presentado por Fernando Conde, director del Aula de Cultura, en una sesión en la que también participó el coronel Rafael Matilla Páramo, jefe de la secretaría técnica de la Jefatura de la IV Subinspección general del Ejército de Tierra.

Ignacio Merino se refirió a su trabajo como una reivindicación «del ensayo español que tanto usó la generación del 98, o la del 14 y con el que he pretendido indagar en cómo se formó lo que llamamos España con el correr de los siglos guste o no, conformándose como una comunidad cultural unida desde la lingüística a las costumbres, como ocurre en las grandes naciones europeas».

Considera el autor vallisoletano que los tópicos han contribuido a enterrar el verdadero ser del país, en gran medida, asegura, «porque los clichés, y sobre todo las imágenes morbosas y malvadas producen más espectáculo que las otras. La leyenda negra famosa ha desvirtuado mucho ese ser de España, que yo lo planteo como bipolar. Desde la explicación geográfica vemos que España son dos mundos casi cortados en diagonal desde los Pirineos a Cádiz, y uno es el mundo Atlántico y otro el Mediterráneo con la fusión celtíbera en el centro».

Por encima del reguero de episodios históricos que relata no se le escapa una percepción sociológica: «En España tenemos un patriotismo reprimido. Absolutamente. Y eso se lo debemos sobre todo a la inflamación franquista y a su consecuente reacción. El patriotismo ha parecido mal en el ámbito democrático porque se lo había apropiado el franquismo. La derecha autoritaria y el nacional catolicismo de la dictadura lo hicieron suyo y eso todavía dura».

Patriotismo concéntrico

El escritor, que con la publicación de este libro suma 25 títulos, considera compatible el sentimiento de pertenencia a varias patrias. «Comprendo el amor a la patria vasca, pero lo que no entiendo es que eso signifique un conflicto con el amor a España, cuando son círculos concéntricos. Si eres de Bilbao, amas Bilbao como patria chica, luego el País Vasco y lo lógico sería seguir amando España y Europa, son círculos concéntricos que interactúan y no tienen que excluirse el uno al otro». Detecta Merino que el patriotismo que los españoles tendemos a ignorar en nuestro país se torna en expansivo cuando salimos al extranjero. «Aquí somos muy de negar lo español, pero fuera, cuando viajamos a otras naciones, somos los que más folclore montamos con la nostalgia, en eso nos parecemos a los italianos y a los argentinos», subrayó.

Uno de los referentes del patriotismo cultural que propone es la Institución Libre de Enseñanza, porque, sostiene, «representa la otra cara del amor a España reprimido, es una querencia natural, sin cortapisas, y sin culpabilidades sobre lo cercano. Es la España que descubre y representa Giner de los Ríos como algo que genera pensamiento, arte, cultura, literatura y que no es la nación de la Inquisición, la sangre y la corrupción».