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Araceli Sagüillo con el ramo de flores que recibió en el acto. / HENAR SASTRE

El Aula José Zorrilla abre el año del bicentenario con Araceli Sagüillo

  • La poeta presentó su último poemario, 'Las Moiras', junto a Carlos Aganzo, Jorge Tamargo y Pedro Méndez

Desde los cinco sentidos y el puro instinto describe Araceli Sagüillo algo que no son fantasmas del pasado, ni certezas absolutas; sino intuiciones. Así definió Carlos Aganzo el grueso de la trayectoria de esta poeta, autora de obras como ‘Desde entonces’, ‘A la deriva’, ‘Lo que nunca se encuentra’ o ‘La música del agua’, entre muchas otras. El director de El Norte participó el miércoles en la presentación de la última colección de poemas de la autora, ‘Las Moiras’, editada por Vitrubio, a la que también se sumaron los poetas Pedro Méndez y Jorge Tamargo. El acto abrió el Aula José Zorrilla, en la que colabora El Norte, que toma como sede la sala Fernando Urdiales del Teatro Zorrilla, cuyo gerente, Enrique Cornejo, ha querido celebrar así el bicentenario del nacimiento del poeta y dramaturgo vallisoletano que da nombre a la sala de la Plaza Mayor..

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  • Araceli Sagüillo presenta su último poemario 'Las Moiras'

«Es un vuelo distinto el que trazan los versos de Araceli Sagüillo», expuso Aganzo, «lejos de los tópicos por los que conocemos a la ‘poesía castellana’». Para él, ese otro mundo de la muerte que representan las mitológicas parcas se refleja con cristalina precisión en la obra de Sagüillo, «donde el lector siempre permanece en una nube de misterio».

Coincidió el editor de Vitrubio con Aganzo en que «probablemente este sea el mejor libro de su autora». Méndez, también creador de versos, reivindicó a su vez su propia figura en este acto de homenaje a la escritora, como «poeta capaz de luchar por su propia poesía y por la que otros escriben» al que le supuso «todo un honor» incorporar este nuevo libro a su colección «de más de seiscientos ejemplares».

Pero sin duda fue Tamargo quien brindó el análisis más exhaustivo sobre este nuevo trabajo de Sagüillo, que desgranó en cinco puntos: el primero de ellos, el «acierto absoluto» del mismo título del libro; «que facilita que ninguno de los poemas en él comprendidos se necesiten titular, pues todos van subrogados a ‘Las Moiras’».

En segundo lugar, la concepción del mismo tiempo, simbolizado en las cuerdas que trazan el destino y la vida de cada hombre en manos de las tres Moiras, que obligan a cambiar su percepción circular «inherente a dioses y titanes» por una más lineal y finita, propia de la condición humana, que se suma a la serie de contraposiciones («luz y sombra, realidad y nada») que jalonan este volumen. A ello cabe añadir las dos únicas veces que las parcas son engañadas, por Apolo en el ‘Alcestis’ de Eurípides y por Orfeo en el mito rescatado por, entre otros, Josefina Plá: «Apolo y Orfeo son la misma poesía, la única que puede contestar y contrarrestar la labor de las Moiras», interpretó Tamargo.

En el tercer punto advirtió el presentador una «cierta tendencia al misticismo», con rasgos sanjuanistas, teresianos y de Fray Luis de León en «su negación de la realidad del tiempo». Sagüillo, que a diferencia de Vargas Llosa no cree que sea el lector el que tenga la última palabra sobre el texto de un autor, rechazó vehemente esta apreciación: «Nunca me ha interesado leer a los poetas que han pasado a la Historia», explicó poco después, «ni del Siglo de Oro ni de la Guerra Civil… nada. Solo a los vivos».

No al canon

El cuarto elemento que trató de exponer Tamargo fue el manejo de recursos poéticos, «sin exhibicionismos formalistas ni complejos de canon», donde la autora «manejaba el castellano con soltura» y cuyos versos evocaban ora gongorismos, ora el Romanticismo oscuro de Emily Dickinson. «Ahora me entero», replicó, mordaz y contumaz, Sagüillo.

Tras una breve enunciación del quinto y último aspecto («el libro de poemas como incitación a un viaje y, si es posible, convertido en el viaje mismo») Sagüillo tomó la palabra para matizar que, «paralizada tras un accidente», gestó el libro «a través de una distancia bien larga y con tres divinidades arropando las páginas».

Aganzo quiso zanjar la polémica: «La poesía no es de quien la trabaja, sino de quien la lee», a lo que Sagüillo respondió excusando su exceso de celo con que «había mucho plagio hoy en día». El acto concluyó con un número musical a cargo del saxofonista Daniel Delgado, que tocó breves piezas de Bach y quiso también hablar de sí mismo: «La razón de hacer arte, ya sea poesía o música, es poder compartirlo con el público».