El Norte de Castilla

Juan José Tamayo.
Juan José Tamayo. / Henar Sastre

«Hay que rehabilitar la utopía, que está sufriendo un largo destierro»

  • El filósofo Juan José Tamayo reivindicó el impulso transformador en una conferencia sobre Tomás Moro en la Facultad de Filosofía y Letras de la UVA

La utopía se encuentra en horas bajas. En una sociedad dominada por el sentimiento colectivo de malestar, donde el neoliberalismo y el mundo del dinero están al timón de una involución de valores sociales que se tenían por conquistados, el futuro no invita al optimismo. En este escenario sitúa el filósofo y teólogo Juan José Tamayo (Amusco, Palencia, 1946) su alegato frente a la resignación y su exhortación a no renunciar a transformar desde los aspectos más cotidianos el mundo que nos rodea.

Ayer impartió en la Facultad de Filosofía y Letras de Valladolid la conferencia ‘Otra sociedad es posible: ‘Utopía’, de Tomás Moro, en su quinto centenario’, en la que glosó la figura del humanista británico y los fundamentos de su obra. Presentado por las profesoras Alicia Puleo y Cristina de la Rosa, Tamayo consideró muy importante esta efeméride para rehabilitar la utopía, «que está sufriendo un largo destierro en todos los campos del saber y del quehacer humano», aparte, lamentó, «del maltrato semántico, pues cuando se habla de ella se considera propia de una persona ingenua, que está fuera de la realidad y que tiene un sentido fantasmagórico, cuando la utopía es una propuesta de otro mundo posible a través del trabajo y el compromiso con la sociedad».

Para el director de la Cátedra de Teología y Ciencias de la Religión Ignacio Ellacuría, de la Universidad Carlos III de Madrid, el quinto centenario de la publicación de la obra de Moro «es un motivo para conseguir que la utopía recupere esa capacidad transformadora de la sociedad y movilice todas las energías emancipatorias que tiene el ser humano».

Al ser preguntado sobre en qué consiste hoy en día esa representación del bien colectivo al que hay que tender, el filósofo palentino asegura que «está muy bien reflejada en los foros sociales mundiales con sus propuestas de otro mundo posible. Como tal la utopía tiene dos momentos: el de crítica de la realidad, de las situaciones injustas, en este caso del modelo económico neoliberal; y luego, la propuesta alternativa de otro mundo posible que tenga como base no el mercantilismo, ni la dominación patriarcal, ni la depredación de la naturaleza, sino la construcción de una sociedad ecohumana en la que desaparezcan todas las formas de discriminación».

¿Nos encaminamos hacia ese escenario? «Tristemente, no. Más que un tiempo de utopía estamos en tiempos de distopías, estos relatos literarios que reflejan el malestar de la humanidad por una serie de situaciones dramáticas que viven sobre todo los sectores más depauperados y vulnerables de nuestra sociedad; hay que construir nuevas utopías alternativas conforme al nuevo contexto cultural y social».

En la conferencia, organizada en el marco de la programación de Los Jueves de Letras de la Facultad de Filosofía y Letras, con la colaboración de la Escuela de Doctorado y del Departamento de Filosofía de la Universidad de Valladolid, señaló que el destierro de lo utópico surge de la educación en la escuela y en la familia, y como contrapunto a esa visión crepuscular del concepto situó «el despertar de los movimientos sociales, que hoy en día son los portadores de utopía, encarnan la idea de que otro mundo es posible». Y señaló a los colectivos feministas, ecologistas, pacifistas, y los foros mundiales, entre otros, como ejemplo de que es factible otro modo de organizar nuestra existencia.

Ante el rumbo que tomará la sociedad contemporánea, se tiene Juan José Tamayo por un «pesimista esperanzado». «La razón –apuntó– me dice que no es posible; la voluntad, sin embargo, me dice que hay que intentarlo. El optimismo de la voluntad debe vencer al pesimismo de la razón».

El doctor en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca animó a la sociedad a pensar críticamente el presente «para proyectarse hacia un futuro digno de ser vivido y para ello hay que activar el debate». En esa floración de universos utópicos se refirió al creado por Tomás Moro, «un ejemplo claro de cómo tienen que compaginarse y armonizarse el pensamiento y la práctica, la teoría y la vida, en este caso la filosofía y el modo de vivir. Las utopías entrañan una concepción optimista del ser humano, suponen la confianza en la regeneración ética».