El Norte de Castilla

«He respetado la tradición de una manera bestial, pero también he mostrado mi propia voz»

Sara Baras, en  un momento de su espectáculo ‘Voces’.
Sara Baras, en un momento de su espectáculo ‘Voces’. / SANTANA DE YEPES
  • Sara Baras. Bailaora

  • Presenta esta semana en Valladolid su espectáculo ‘Voces’, un homenaje a los maestros del flamenco que ha recorrido medio mundo

Si entre los actores es obligado decir que cada papel es un regalo, entre los flamencos afirmar que el arte y la pasión se llevan en el corazón y en el alma viene casi de serie. Lo que ocurre es que es más fácil creer a unos que a otros. Sara Baras transmite sinceridad y autenticidad. Cuando habla mira de frente... hasta por teléfono. Respetuosa con el flamenco más puro su forma personal de innovar es ser ella misma. Pero no olvida su origen y a sus maestros, cuyas ‘Voces’ lleva al Calderón en forma de un espectáculo homenaje que ha paseado con éxito por medio planeta.

–‘Voces’ se estrenó en el Teatro de los Campos Eliseos, una sala, una ciudad (París) y un país que no paran de aclamarla...

–La verdad es que es una de las cosas más bonitas que nos pasan, el cariño y la entrega del público francés. Llevamos casi todas las temporadas yendo por navidades y la verdad es que la respuesta es preciosa. Es una suerte poder estrenar y compartir las navidades con ese teatro en el que ya me siento como en casa. Nos hacen sentirnos parte de ellos y el poder entregar algo tan bonito como nuestro arte allí y que sea tan reconocido, tan respetado y tan querido pues imagínese lo que significa. Y ‘Voces’ repetirá por primera vez un teatro allí.

–¿Es cierto que el flamenco está más valorado fuera de España?

–Yo, por el público, creo que no. El público español es una pasada y yo no tengo palabras suficientes para agradecer la entrega que tienen con nosotros. Gracias a ellos hemos podido mantener una compañía privada como es la nuestra. Pero sí es verdad que es un arte que en el mundo está muy reconocido y que a veces aquí faltarían cosas que son esenciales, como escuelas u oportunidadades para la gente que está empezando. Es una pena cuando ves a compañeros con una calidad profesional bestial y que están dedicándose a otras cosas porque no hay dónde. Eso duele mucho. Y luego ves cómo en los festivales más grandes del mundo se considera el flamenco como un arte grande.

–Dos años lleva ‘Voces’ paseando por el mundo. ¿Cómo ha evolucionado el espectáculo?

–Ha crecido mucho. La verdad es que se estrenó muy bien, pero este espectáculo tiene un poco más de riesgo del artista. El tener conexión con tus maestros y el poder compartirlo hace que sea diferente en cada lugar y en cada espacio, y que cada noche surjan cosas distintas. Eso hace que el espectáculo crezca de una manera bestial. Ahora está en un momento precioso. La esencia que queremos mostrar con esas voces cada vez es más fuerte, cada vez nos gusta más buscar el riesgo de la improvisación y buscar por encima de todo la entrega a nuestros maestros, compartirlo con el público, hacerle llegar lo que estamos sintiendo.

–‘Le Monde’ dijo que ha logrado trasladar a un gran escenario la esencia de un tablao...

–Me parece algo muy bonito, porque en estas ‘Voces’ hay momentos muy profundos y no intentas llenar un espacio, sino realmente dejar tu alma y poder tener profundidad, de manera que da igual dónde estés. La verdad es que en un espacio tan grande poder llegar al corazón del último sintiendo que no hay distancia, que es más de sentimiento, de corazón... que te lo digan es un piropo muy grande.

–También que se gana al público como una ‘show woman’. ¿Se siente usted así?

–Yo no. Lo que me siento es una privilegiada por poder dedicarme a algo que me gusta tanto. Por eso repito siempre que me parece impresionante llevar veinte años con mi compañía. Pero realmente cuando se levanta el telón te conviertes en otra cosa. A mi me encanta dirigir, coreografíar y todo lo que está alrededor de mundo del teatro, pero yo me siento una bailaora, ni diva, ni nada de eso, todo lo contrario, soy más bien cercana. Cuando suena la música y se levanta el telón tu alma se transforma en otra cosa y ya vas a por todas y dejas con toda sinceridad todo lo que sientes y todo lo que eres, pero después vuelve a bajar el telón y ves todos tus defectos y sigues siendo tú misma.

–Morente, De Lucía, Camarón, Gades... son sus voces, pero ¿qué otros maestros la han marcado?

–Yo soy una enamorada del flamenco, por lo tanto hay muchísimos artistas que no están y otros que siguen estando que a mí me encantan. Son muchos, hay un abanico de personalidades, de posibilidades, de colores y de estilos diferentes que cada uno tiene su pellizco que te llega al alma. En ‘Voces’ está Carmen Amaya, que es la única que no conocí ,pero es evidente que su influencia está en mi forma de bailar. La tengo una pasión maravillosa como artista y como persona. También me encanta Manuela Carrasco, que está ahí, sigue bailando y está más guapa que nunca. Hay muchos artistas y no todos pueden estar ahí.

–Entre el flamenco más puro y el más rompedor ¿dónde de sitúa?

–He tenido la suerte de amar y de respetar la tradición de una manera bestial, pero también de tener la oportunidad de mostrar mi propia voz. Yo no he querido hacer nada nuevo, lo que sí tenía la obligación de mostrarme tal y como yo sentía. Y al mostrar lo que tú sientes ya haces que sea algo tuyo, que con los años se hace precioso y marca tu sello propio. Tienes tu propia manera de hacer las cosas, pero no porque yo haya querido colocarme en un lugar o en otro, ni porque haya buscado saltarme la tradicón o ser moderna, sino realmente respetando la tradición al mostrarte tal y como eres. Y somos de hoy, entonces sale algo diferente.

–Pero en su forma de ponerse los lunares hay algo de rebeldía ¿no?

–Es que un día te das cuenta de que estás disfrazada y yo nunca me he visto así. Siempre me he sentido flamenca por dentro y no me ha hecho falta ponerme el traje de lunares. Pero después de tantos años me pongo un traje de lunares para bailarle a Paco (de Lucía) porque sentía que lo tenía que hacer. Es verdad que no es el traje típico, ni estoy llena de volantes y que va en una línea más personal y más sencilla, pero es porque yo me siento mejor así. Pero flamenca soy desde mi corazón. No me hace falta. Ahora, si veo a compañeras vestidas al completo, a mí me encanta. No me veo yo, pero sí a ellas. Cuando lo he tenido que hacer lo he hecho, pero cuando he tenido la oportunidad de mostrame como yo sentía también lo he hecho, buscando siempre encontrarme lo mejor posible.

–¿En ‘Voces’ quiere enseñar todos los palos del flamenco. ¿Cómo es posible que a estas alturas no se conozcan en España?

–No lo sé, la verdad. Hombre da pena cuando piensas que hay tanto desconocimiento de este arte con tanta riqueza, pero más que por los palos del flamenco por las formas. Que no se reconozcan los estilos de los maestros. Si ese soniquete o esa manera viene del Morao, o si esa seguirilla con los tiempos cambiados es de Paco, que quizás es el artista que más puertas ha abierto en el mundo. Yo intento contar eso y repetimos los nombres de los maestros para esa parte del público que igual no los conoce. Tratamos de acercar un poco más el flamenco a todos con la seriedad que se merece, que no es solo una fiesta, sino algo mucho más serio y mucho más profundo.

–¿Qué es eso de tener miedo a no sentir?

–Cuando tienes esa cantidad de funciones y de trabajo te da miedo pensar que lo conviertas en algo matemático, algo que el arte no puede ser. La técnica y el trabajo por supuesto que sí, tienen que estar muy controlados, pero sabes que llega un momento en que lo paras y te dejas llevar por tus sentimientos. Si el flamenco no tiene corazón no es flamenco y cuando tienes tantas funciones tanto trabajo, lo repites tantas veces que de repente piensas y temes que pueda convertirse en algo mecánico. Pero no. El hecho de poder verlo desde enfrente, cuando he sido mamá he podido pararme y hacerlo, me ha hecho valorar y querer más y tener más ilusión para subir al escenario y entregarme a diario. A mí no me ha pasado, pero ese miedo a que se convierta en un trabajo existe.

–¿Se siente un músico?

–Sí eso es verdad. La manera de utilizar el pie hace que sea un instrumento y yo lo interpreto. Una vez actué como telonera del maestro Rostropovich y todos pedían silencio. Entonces el maestro vino al camerino y preguntó ‘¿qué es eso que suena?’. Estábamos ensayando una parte del martinete que solo era la percusión y el pie. Él dijo ‘me parece increíble a estas alturas de mi vida haber descubierto un instrumento nuevo’. Y es verdad, nosotros bailamos y dibujamos con nuestro cuerpo, pero realmente el pie tiene sonido y lo utilizas como un músico. Por su puesto que soy una bailaora y no una bailarina, pero también soy músico porque busco la musicalidad, como decía mi abuelo, sin aporrear el piano, intentándo acariciarlo. Yo intento con mis pies hacer un sonido precioso, visualmente muy bonito pero de oído también y eso es lo que me hace sentirme un músico.

–Más de veinte años de carrera, ¿qué ve cuando mira hacia atrás?, ¿cómo se siente ahora?

–La verdad es que lo primero que me siento es muy emocionada y muy orgullosa porque el trabajo y la entrega de todo el equipo durante tanto tiempo me hace sentir muy orgullosa de toda mi gente. Pero sobre todo lo que me siento es muy agradecida al público por su entrega con nosotros y conmigo desde el principio de mi carrera. Y a la cantidad de personas que nos han ayudado... a los flamencos, a la tradición, a los maestros, a todos. Siento emoción por haber hecho bien el trabajo, lo que nos da la oportunidad de seguir adelante. Poder acercarte a la gente que está empezando y transmitirles la ilusión, la entrega, el respeto, todos los valores que yo tuve la suerte de que me transmitieran y que ahora me toca a mí transmitir.

–¿Qué argumentos daría a los que no son amantes del flamenco para que vayan a ver ‘Voces’?

–La verdad es que en Valladolid hay un público muy especial, muy bonito, que sabe mucho de flamenco y de un nivel cultural alto. Les diría que solo el pasar un buen rato durante hora y media o dos horas recordando a los maestros es ya tan importante y son lecciones de vida en general. También que hay una entrega de artistas que vamos a una para dejar el alma y creo que es muy bonito. Es muy de corazoón y eso convierte estas ‘Voces’ en algo muy especial.