El Norte de Castilla
Josefina Molina, en la Facultad de Derecho de la UVA.
Josefina Molina, en la Facultad de Derecho de la UVA. / G. Villamil

«La desigualdad de género en el cine sigue siendo real»

  • Josefina Molina abrió el martes el II Curso de Cine y Patrimonio en la Facultad de Derecho de la UVA

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Como pionera del cine y la televisión en España Josefina Molina (Córdoba, 1936) ha conseguido abrirse paso en un mundo de los platós que, lamenta, continúa dominado por hombres. «La desigualdad de género sigue siendo real», clamaba ayer, antes de inaugurar en el Aula Mergelina de la Facultad de Derecho el II Curso de Cine y Patrimonio, organizado por la Fundación Santa María la Real del Patrimonio Histórico en colaboración con la Universidad de Valladolid y la Seminci.

Molina estuvo acompañada por la directora de la Filmoteca de Castilla y León, Maite Conesa, y tras la conferencia se proyectó ‘El castillo de Mota, evocación medieval’, grabada en 1931, y ‘Finding Vivian Maier’, documental de John Maloo.

«Hay mujeres que han abierto un camino y eso redunda en beneficio del colectivo. En España tenemos a Iciar Bollain, Isabel Coixet, Patricia Ferreira, Inés París... un montón de directoras que están haciendo un cine interesantísimo y sobre todo muy reflexivo con las cosas de este momento», afirmó la autora de filmes como ‘Esquilache’ (1988) y de series como ‘Teresa de Jesús’ (1984).

Considera que las realizadoras tienen un papel social esencial «al proyectar la realidad del mundo con la idea de hacerlo más amable, aunque lo tienen más difícil porque ni las oportunidades son las mismas ni trabajamos con los mismos presupuestos que los hombres, ni nuestra proyección es igual».

Para erradicar este desequilibrio que hace que «nuestro cine se considere menor», considera clave el ascenso de la mujer a puestos de decisión política. «En los años ochenta se incorporaron a la dirección una treintena de mujeres gracias a que había una directora general de cine, pero me entristece pensar que de esas mujeres hubo un porcentaje mínimo que hicieron la segunda y la tercera película; han sobrevivido pocas».

En su opinión, esta situación es indicativa «de que nuestra industria adolece de una falta de visión, porque creo que el punto de vista de una mujer lo único que puede hacer es enriquecer nuestro cine. Nunca me canso de decirlo: Para ver las cosas en relieve hacen falta los dos ojos, ¿por qué no intentamos ofrecer las mismas oportunidades? Hasta ahora solo cuando hay mujeres en los círculos de decisión es cuando podemos alzar un poco la cabeza».

Con varios premios Goya que reconocen su trayectoria, la realizadora cordobesa disertó ayer en el curso sobre la relación entre cine y teatro a lo largo de la historia. «Los textos teatrales –indicó– son también patrimonio de nuestra cultura y el cine se ha beneficiado de ello».

Habló de alguno de sus montajes escénicos, como ‘Motín de Brujas’, de Josep M. Benet para el Centro Dramático Nacional, y repasó algunas de las anécdotas de rodajes que se complicaban cuando tenían lugar en escenarios monumentales. «Cuando rodé ‘Esquilache’ en el Palacio de Oriente de Madrid nos encontramos con varios hándicaps, entre ellos que no podíamos poner luces calientes para iluminar, que teníamos que disponer de poco mobiliario y tenía que ser nuestro porque los actores no podían sentarse en tejidos que tenían 300 o 400 años...».

Inmersa en la escritura de una novela sobre exiliados españoles en los años cincuenta, se muestra convencida de que «el cine sí que ha contribuido a proteger los monumentos, entre otras cosas, porque al hacer películas de época necesitábamos que los ayuntamientos y las comunidades autónomas se pusieran un poco las pilas en la conservación del patrimonio», concluyó.