El Norte de Castilla

Joaquín Díaz, antes de una conferencia en Salamanca.
Joaquín Díaz, antes de una conferencia en Salamanca. / Almeida

Toda la obra de Joaquín Díaz, en la web

  • El etnógrafo es el primero de una serie de personajes distinguidos por un jurado que convoca Enrique Cornejo en el Teatro Zorrilla

Reconocer los «valores culturales indispensables para una sociedad en la que esa escala ha desaparecido por la política y el dinero» es el propósito de una serie de homenajes que inicia este martes el Teatro Zorrilla a personajes de Valladolid. Enrique Cornejo, su gerente que así se expresa, y el jurado elegido han querido comenzar por Joaquín Díaz.

«Será una cena homenaje en el escenario del teatro en el que se darán cita personalidades de la cultura. Le entregaremos un trofeo que se llama ‘Ama el teatro’ y pondremos una placa con su nombre en el patio de butacas, al lado de otros grandes», explica el empresario. «Queremos reconocer la aportación de primer orden de Joaquín, un hombre discretísimo que nunca pide nada y su nombre produce admiración allá donde se pronuncia».

Por su parte, Joaquín Díaz, que fue asiduo del teatro durante los años que vivió en Madrid, recuerda el Zorrilla como la pantalla «en la que me curtí como aficionado al cine de arte y ensayo. Pasaba más tiempo allí que en mi casa». Durante su vida como intérprete musical recorrió cientos de teatros, también subió con su guitarra a los de su ciudad. Aunque últimamente le llueven los reconocimientos, el etnógrafo lo disfruta, «es bonito, aunque no te hace mejor. Cuando estás contigo mismo, ya sabes que no vale presumir de nada. Por otra parte no me cierra la puerta a la imaginación, a seguir haciendo cosas. No me considero nada, y no es modestia. He hecho lo que me ha gustado y he intentado cumplir».

En ese cumplimiento artístico y estoico sigue el etnógrafo, el músico, el coleccionista, en ensayista. Acaba de abrir El museo de papel, un museo virtual en que ha colgado todas las exposiciones que ha comisariado y que tienen que ver con el papel o el cartón.

Mil canciones en la web

En la web de la Fundación Joaquín Díaz puede visitarse este material infinito en el que trabaja desde hace décadas. A las que han sido expuestas se suma una inédita sobre partituras, libretos y carteles de música españoles de los dos últimos siglos. Junto a esto, el morador de Urueña ha decidido ‘conectar’ a sus seguidores antaño con su actividad actual. «Estoy colgando las mil canciones que he grabado durante toda mi vida. De momento he subido 350 pero pronto estarán todas. Se pueden escuchar y bajar todas», explica Joaquín. A cada archivo sonoro le acompañará la letra y la posibilidad de que la gente haga comentarios.

«Muchas veces me lo han pedido la gente que me siguió al principio y luego hubo una desconexión con los que me siguen ahora en otra faceta. Hay muchos de los de antaño que vienen a Urueña, son fieles con los que me reencuentro y es muy emocionante».

Joaquín Díaz cumplió medio siglo de «afición a las raíces» hace dos años y la Diputación le entregó entonces su Medalla de Oro. Empezó como músico y recopilador del folklore popular, recorriendo con el magnetófono al hombro buena parte de Castilla y León. En 1964 debutó en televisión y durante una década recorrió todo tipo de escenarios dentro y fuera de España, para centrarse después en su labor de folklorista. La Casona de Urueña es desde 1991 el Centro Etnográfico que guarda el material sonoro recogido por Díaz. Nunca dejó de grabar, siendo famosa su eficacia en el estudio: un disco, una mañana. Desde 1980 dirige la ‘Revista Folklore’, ahora en edición digital, una plataforma divulgadora de la investigación etnográfica.

Su trabajo ha recibido reconocimientos como el Premio Castilla y León de las Humanidades y Ciencias Sociales (1999) y la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes (2002). Es doctor honoris causa por la Universidad de Valladolid, esa en la que comenzó derecho pero a la que acabó volviendo en el área del saber que prefería, y por el Saint Olaf College de Estados Unidos. En 1982 ingresó en la Real Academia de la Purísima Concepción de Valladolid, en la que defiende la música.