El Norte de Castilla

Faemino y Cansado.
Faemino y Cansado. / EL NORTE

«No va a haber sorpresas. Ni salimos desnudos, ni hablamos de política»

  • La mitad de la pareja más surrealista y longeva del humor español empieza a vislumbrar el momento del retiro. Actúan en el Teatro Carrión viernes y sábado

Los colegas de Carabanchel le pusieron el mote porque nunca quería trabajar, pero ahora, aclara, es él quien tiene que tirar de su pareja artística desde hace 35 años, ese hombre espigado y atolondrado al que le gustaría ser «figurín de Pertegaz» y que responde al nombre de Faemino. Mañana y pasado presentan en el Teatro Carrión su espectáculo ‘Quien tuvo retuvo’, un show que se estrena aunque ya ha sido representado, en el que todo y nada es nuevo, «austero, ni excelente, ni innovador» en el que solo se garantiza una cosa, la risa.

–¿La función de mañana es un estreno o no?

–Somos muy peculiares. La primera vez que hacemos el espectáculo con este nombre va a ser en Valladolid, pero el pasado fin de semana hemos estado en Granada y lo hicimos con el título del anterior. Es una cosa muy rara, pero la idea es que para la SGAE es estreno. Nosotros tenemos un truco: Actuamos en la sala Galileo de Madrid y lo que hacemos es que, según vamos escribiendo ‘sketches’ que nos gustan, los vamos probando con público y los ensamblamos una vez que ya sabemos que funcionan. Así que es un poco una nebulosa si es un estreno o no.

–Siete espectáculos en 35 años. No se matan a trabajar...

–Con nosotros todo es muy peculiar, porque en realidad serían catorce. Solemos grabar cada trabajo en plan doméstico amateur y al cabo de dos años lo volvemos a hacer. El espectáculo ha cambiado completamente porque vamos improvisando un poquito más y un poquito más y a la vuelta de treinta funciones parece otro. Así que, desde un punto de vista canónico, trabajamos poco, pero la verdad es que sí que trabajamos mucho.

–Lleva cansado 30 años ¿por qué?

–Porque decidí cambiarme el nombre. Cansado es un mote que me pusieron los colegas porque cuando Carlos (Faemino) me decía de ir a trabajar yo siempre decía que no, que estaba cansado. Y me quedé con el nombre. Y ahora es Faemino el que no quiere hacer nada y yo el que tiro de él. Pero realmente es una metáfora porque no estoy cansado, estoy feliz.

– ¿Y el de Faemino?

–Hay muchas versiones. La buena es que es el apellido de un abuelo italiano por parte de madre, debe ser el sexto o así pero bueno es suntuoso para distinguirse. Otras es que no sabía cómo llamarse y vio una cafetera marca Faema de estas de los bares y le salió Faemino.

–¿Qué recuerda de los tiempos en que actuaban en el Retiro?

– Me acuerdo mucho y echo de menos que tenía 20 años. Pero era una época romántica, nunca sabes que va a ser de ti. Estábamos estudiando y tampoco teníamos la idea de la profesionalidad. Eran locuras de fin de semana por el puro placer de hacerlas. Al principio ni siquiera pasábamos la gorra. De pronto Carlos dijo vamos a pasar la gorra. Lo hicimos y ¡hostias! había pasta, pues venga... era una sensación muy feliz. Ahora hay veces que tienes que actuar y estás de fiebre y dices me quedaría en el hotel.

–¿No se cansa de su pareja después de tres décadas?

–Hay que buscar la empatía en otras cosas, ya no todo va a ser sexo. Hay más estímulos en la vida. Pero bueno, nuestra pareja sale porque somos amigos del barrio de chavalitos, y luego que la vida que llevamos es muy diferente. Yo soy una persona muy activa, hago un montón de cosas, estoy más aburguesado, tengo familia, en fin, tengo otro rollo. Carlos es más loco, más bohemio. Entonces, a pesar de llevar 35 años, en horas no son tantas horas juntos. Todo se apoya en la amistad primera y estamos muy felices.

–Son 35 años haciendo lo mismo ¿o no?

–No, afortunadamente no es lo mismo. Claro seguimos una línea, es como si le dices a Lope de Vega que siempre rima. ‘Claro, es que es mi línea’. Nosotros somos ya unos clásicos, somos intocables. Es cierto que es una línea muy marcada, hacemos humor absurdo desde los primeros tiempos. Uno de nuestros primeros números era hacer imitaciones de monumentos, hacíamos de las Casas Colgadas de Cuenca, la plaza de San Marcos de Venecia... la gente flipaba, acostumbrada a ver imitaciones de Julio Iglesias, pensaba ‘qué hacen estos dos locos’. Esa línea no la hemos abandonado jamás. Creemos que hemos evolucionado y hemos mejorado como actores, pero en la parte creativa o editorial, digamos, seguimos igual. Siempre chuleamos y nos jactamos de que un número nuestro de hace 30 años es válido hoy y se entiende perfectamente.

–¿Se imagina a los dos juntos sobre el escenario de ancianitos?

–Sobre el escenario desde luego no. Yo estoy, no digo anhelando, pero quiero retirarme pronto. Con la de este año llevamos 25 seguidos de gira. Es que manda narices. Yo estoy un poquitín tocado y a mí lo que me gustaría sería trabajar muy poquito, hacer tres o cuatro bolos al mes y ya está. Pero de anciano ni hablar. Para el humor hace falta mucha energía y estar muy espabilado y si estás mayor eso ya no lo puedes hacer. Así que como somos tan listos y tenemos tantísimo dinero yo creo que ya podemos retirarnos. Bueno Carlos más, yo al tener hijos la cosa cambia.

–Es fácil imaginar su proceso creativo como algo muy divertido.

–No, lamentablemente, no. Cuando aciertas te sientes muy bien, pero eso no siempre es así. Este espectáculo lo hemos hecho en 18 meses más o menos desde que empezamos a escribir números nuevos. Lo vamos probando en el Galileo y lo que hacemos siempre es irnos a una casa que tengo en un pueblo de Soria que no tiene ni cobertura, nos encerramos dos o tres semanas los dos solos exclusivamente a tener ideas y apuntarlas. Podemos desarrollar doscientas ideas, la mayoría malas, una especie de ‘brainstorming’ loco y sideral, y después nos venimos y quedamos todos los días dos o tres horas en casa de Faemino para darle forma a eso y desechar cosas. Y va decantando, va decantando... Pero si sumáramos la cantidad de horas que dedicamos a un espectáculo la gente fliparía. Es verdad que a veces nos vamos por las ramas y nos reímos y esa parte es muy rica pero la creación de un espectáculo es muy árida.

–¿De dónde salen esas ideas?

–De la realidad nada. Improvisando en el teatro sí la usamos pero no es representativo. De lo que nos nutrimos es de lo que hemos vivido, de la gente, lo que nos cuentan, pero cosas que puede entender un finlandés, un gallego, un andaluz, muy generales y normalmente vivencias. Nosotros decimos que hacemos un humor surrealista pero realista, que se entiende y con el que todo el mundo se puede identificar y nutrido de nuestra experiencia, que hemos vivido ya muchas cosas.

–¿De qué depende que haya más o menos improvisación?

–Trabajamos con un guion muy férreo que funciona como un mecanismo de relojería, siempre sabemos lo que hay que hacer. Luego tenemos la improvisación. Decimos que hacemos jazz. Tenemos una melodía y un ritmo y sobre ella improvisamos. Siempre dejamos tres o cuatro momentos completamente abiertos que entran a partir de una frase. En este yo digo ‘nos gusta vivir’ y a partir de ese momento es ‘free style’, a ver qué sale. O sea que tenemos pautas pautadas para improvisar. Hay otras partes más o menos abiertas que también nos sirven para refrescarnos y divertirnos. La ‘impro’ es un poco contradictoria. Cuando funciona bien es estupenda pero cuando no es un coñazo. Así, si no estás fino un día sabes que el resto funciona. Trucos de viejo.

–Están haciendo reír a una segunda generación.

–Bueno a nosotros siempre nos ha ido muy bien pero pasamos un momento malo cuando dejamos de hacer televisión, y los que no nos han visto en la tele es difícil que se incorporen. Tuvimos la suerte de que nos implementó de una manera total Internet, la gente colgaba nuestras cosas y se ha conseguido que, a parte de nuestra generación, se hayan incorporado jovencitos y eso hace que se renueve nuestro público.

–¿Inventaron un género?

–No. Nos hemos nutrido de cosas que oías de joven y asimilabas. Tip y Coll, Gila, Monty Python... y hemos hecho una amalgama que en España entonces no se hacía. Pero nos han pasado ya por todos los lados.

–¿Qué hay nuevo en este show?

–Vender un espectáculo nuestro como algo diferente... no quiero engañar. Nuevo todo, pero nada. Lo que contamos es nuevo. No hay sorpresa, no salimos desnudos ni hablamos de política, pero creo que es el más divertido que hemos hecho. Estamos en forma. La gente se ríe mucho y nosotros lo pasamos muy bien.