Secuestro y angustia

Gilly MacMillan construye en 'Encuéntrame' un trhiller en torno al sentimiento de culpa de una madre tras el secuestro de su hijo

Luis Eduardo siles 18 Jul 2016

'Encuéntrame' es un libro conmovedor, desgarrador a veces, emocionante, que araña suavemente las entrañas del lector, un libro en el que late la vida, en el que está la vida, con personajes de carne y hueso. 'Encuéntrame' es un libro con alma. Estas características van por el subsuelo de la narración, pero terminan saliendo decididamente a la superficie en una novela de suspense, con una intriga que se hace adictiva.

Rachel Jenner sale a pasear, como todos los domingos, por un bosque de Bristol, con su hijo Ben, de ocho años. A ella aún le duele su reciente separación con su marido, un cirujano de éxito, y la existencia de Katrina, la nueva pareja de su esposo, una chica joven y atractiva. Ben le pide adelantarse en el camino de vuelta para llegar antes al columpio. Ella duda, pero accede. Lo pierde de vista. El niño desaparece. Lo han secuestrado. De vuelta a casa, destrozada, tras las primeras horas de búsqueda, observa que “todo aquello no tenía ningún significado sin Ben”. De la investigación se hace cargo el inspector James Clemo, un joven policía con buenas intenciones, más próximo a los manuales que a la experiencia, con más ambición que talento. Lo encontramos en el dormitorio de su casa, levantándose feliz junto a Emma Zhang, una hermosa compañera de la comisaría, que todavía “estaba tumbada en un remolino de sábanas y pelo”. Jim perderá en el complicado trayecto de la investigación muchas cosas.

La novela es, sobre todo, una atmósfera. Que puede resumirse en la reflexión que en un momento dado formula Rachel: “Con los dedos helados me arrebujé en la bata y contemplé los contornos en penumbra del jardín metamorfosearse lentamente en una mañana con una luz extraña en la que el sol que ascendía en el cielo traía nubes colgantes de un tono que no era totalmente negro, sino del color de la carne magullada, con reflejo casi bruñido. Era el tipo de luz que nadie diría que trae esperanza”.

'Encuéntrame' es la primera novela escrita por Gilly MacMillan, una fotógrafa, profesora universitaria y colaboradora de prensa que estudió Historia del Arte en la Universidad de Bristol. Tiene publicados otros dos libros, que aún no se han traducido al castellano. 'Encuéntrame', que roza al final lo melodramático sin llegar al melodrama, está escrito en primera persona, pero la historia se conoce a través de Rachel y de Jim, en capítulos encabezados por el nombre de cada uno de ellos. El libro está lleno de ritmo literario, de intensidad narrativa. Está lleno de capacidad para contar. Además, en la creación del ambiente, en la profundización en la vida de los personajes, en esa sordidez que termina envolviéndolo todo, en determinados trazos narrativos, está la influencia de Simenon. 'Encuéntrame', salvadas todas las distancias, termina por producir en el lector un entusiasmo semejante al de algunas novelas de Simenon.

Rachel, en principio, se ve desbordada por el sentimiento de culpa. “Cuando Ben desapareció, no tuve ninguna intuición. Ninguna en absoluto. Mi cabeza estaba ocupada en otra cosa. Estaba pensando en la nueva mujer de mi exmarido”. Y de ahí evoluciona hacia la duda sobre todos los que la rodean (la autora no juzga a los personajes, expone los hechos). La prensa y las redes sociales la critican de manera despiadada. Sufre inmediatamente la condena mediática. “Mala madre” está escrito con letras pequeñas en el ladrillo que un día rompe un cristal de su casa e irrumpe en la habitación como un obús. “Mala madre”, escribe alguien en las puertas de su jardín.

Rachel se hace un ovillo de dolor, miedo e impotencia. Hasta que de las cenizas de una mujer cadavérica, con el pelo sucio, físicamente irreconocible, con las ideas confundidas, azotada por la sociedad, emerge imparable una madre coraje, una inmensa madre coraje intuitiva y valiente, y entonces se hace efectiva una frase de James Joyce que la autora ha elegido para encabezar el libro: “Si hay algo seguro en este apestoso estercolero del mundo es el amor de una madre”. Un amor que puede con todo.

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