El Norte de Castilla
Carlos García Gual, durante la conferencia que impartió ayer en el palacio de Villena.
Carlos García Gual, durante la conferencia que impartió ayer en el palacio de Villena. / Henar Sastre

García Gual glosa la historia de las sirenas en la literatura y el arte

  • El Museo de Escultura conmemora el Día de la Mujer con una conferencia del especialista en antigüedad clásica

Las sirenas como mito de seducción cuyo significado y forma de ser representadas en la literatura y en el arte se ha transformado a lo largo de los siglos. Sobre las particularidades de esta evolución disertó ayer en elPalacio de Villena de Valladolid Carlos García Gual, Catedrático de Filología griega en la Universidad Complutense de Madrid y especialista en antigüedad clásica y literatura.

Este experto en filosofía griega y mitología impartió ayer una conferencia con la que el Museo Nacional de Escultura se sumó a la celebración del Día Internacional de la Mujer. Con la afirmación de que «las sirenas no eran mujeres trabajadoras» García Gual comenzó su charla arrancando la sonrisa del público, que llenó el aforo del salón de actos, al que no pudieron acceder una decena de personas.

«Las sirenas son un motivo mítico que no solo aparecen en la literatura, sino que han sido ampliamente representadas en la pintura y la escultura, en el mundo griego, en la época medieval y en el romanticismo, periodos en los que su imagen cambia de forma», explicó el Premio Nacional a la obra de un traductor en 2002.

Situó la primera aparición de la figura de las sirenas en la literatura en el canto doce de ‘La Odisea’, el poema épico de Homero que describe la imagen de Ulises amarrado a un mástil para no sucumbir a sus cantos. En este periodo las sirenas aparecen representadas como mitad mujer mitad pájaro. «En el mundo griego las sirenas están ligadas al mundo de la muerte y al mundo de los vivos, a los que intentan atrapar». A través de la proyección de varias imágenes García Gual mostró cómo desde el año 560 antes de Cristo se crearon representaciones de sirenas en pinturas y cerámicas, siempre con formas aladas. «Son imágenes que muestran encanto, hechizo, felicidad y llamada al placer, aún no a la belleza», apuntó, descifrando el significado de un fresco de una casa de Pompeya.

En la época medieval la sirena pasó a representarse con cola de pez, encarnando una lectura simbólica de vanidad. «Aparecen peinándose o mirándose al espejo. Sucedió en esos primeros siglos de la época cristiana. No sabemos por qué dejaron las alas y asumieron la figura acuática. Los padres de la Iglesia se quedaron con parte de los mitos griegos, que convirtieron en alegorías, de modo que pasan a ser símbolo de tentación voluptuosa, del placer».

Andando los siglos, el romanticismo llevó a resaltar la belleza y el gesto melancólico en la figura de las sirenas de la mano de las leyendas alemanas, hasta que en el siglo XIX pasaron a ser contempladas «como mujeres fatales, que atrapan al hombre en sus garras y le llevan al mundo de la destrucción», resumió García Gual, que sustentó parte de su disertación en su libro ‘Sirenas: seducción y peligro’. Por textos de Kafka y Joyce, y poemas de Luis Cernuda y Luis Martínez de Merlo, desfilaron alusiones a sirenas, siempre tentadoras, que llevaron a García Gual a cerrar su intervención con una pregunta: «¿No valdría la pena haberse perdido dejándose llevar por los cantos de una sirena?».