MUSEO ARQUEOLÓGICO NACIONAL
/ Dibujo del plato descubierto por Santonja. MUSEO ARQUEOLÓGICO NACIONAL

La Pajuelera pierde el trono

  • Gonzalo Santonja descubre un plato de cerámica de Talavera decorado con el dibujo más antiguo conocido de una mujer toreando, datado entre 1675 y 1700

Los estudiosos del mundo taurino estaban de acuerdo en considerar un dibujo de Goya de 1816 como la imagen más antigua de una mujer toreando. Se trata de la lámina 22 de la serie de grabados ‘La Tauromaquia’ realizada, según reza su ficha técnica, con aguafuerte, aguatinta bruñida, punta seca y buril y titulada ‘Valor varonil de La Pajuelera en la plaza de Zaragoza’. La picadora retratada por el genio de Fuendetodos se llamaba Nicolasa Escamilla, era de Valdemorillo (Madrid) y llevaba el sobrenombre de La Pajuelera porque había vendido por las calles las pajuelas de azufre que se usaban como combustible para encender las farolas.

Escamilla no es ni mucho menos la primera mujer torera de la que se tiene noticia. Antes que ella, la granadina Francisca García había recorrido las plazas de España desde 1769 toreando a pie y a caballo y otras muchas sortearon como ellas las críticas de la sociedad bienpensante para poder entregarse a su afición. Las enciclopedias señalan como uno de los primeros indicios escritos que dan fe de la actividad taurina femenina una solicitud presentada al Consejo de Castilla el 25 de junio de 1654 que, sin embargo, no es un documento conocido.

Pero el trono de La Pajuelera como primera referencia gráfica se ha derrumbado. El filólogo, catedrático, investigador y gran experto y defensor de la fiesta nacional Gonzalo Santonja acaba de descubrir casualmente una imagen de una mujer alanceando a caballo a un toro que adelanta en más de un siglo a la célebre musa de Goya. Un plato de cerámica de Talavera que pertenece a la colección del Museo Arqueológico Nacional y datado por este centro entre 1675 y 1700 ocupa ahora su lugar.

Una mujer del pueblo

El escritor, que ya ha publicado tres libros sobre tauromaquia, el último de los cuales (‘La justicia del Rey’) acaba de ser reeditado por Cálamo, y ha investigado la participación de la mujer en el mundo de los toros, destaca de la imagen que se trata de «una mujer popular, no una noble», lo que a su juicio desmiente la creencia de que solo las mujeres de las más altas clases sociales tenían acceso a la fiesta. También que monta «un caballo espectacular», un animal que no parece accesible a una persona de extracción modesta. Santonja explica este extremo en la costumbre documentada y arraigada en esa época de que la empresa, cofradía o ayuntamiento organizador del evento aportaba en ocasiones los caballos que luego, si quedaban indemnes, entregaban al torero (o torera, como en este caso) como parte del pago.

De la imagen subraya que ya no se trata de ‘valor varonil’, como en la de Goya, sino el esplendor del valor femenino, «una mujer joven en la cara de un toro cuajado que embiste con todo a su favor. Ella viste traje campero y afronta el embroque con decisión y serenidad y también con una sombra de preocupación, porque la escena está captada en el momento decisivo», explica.

Igualmente, distingue de esta «pieza extraordinaria» que se trata de una amazona consumada, porque está sacando al caballo con soltura y habilidad del lance, levantado de manos para sortear el encuentro, y el toro va en puntas, nada de pitones arreglados».

El investigador considera que, lejos de la versión que atribuye a los nobles un desapego paulatino y posterior abandono de los festejos taurinos, más bien «fueron arrinconados de ellos por las clases populares», circunstancia que sitúa coincidiendo con la transición de los austrias a los borbones (Felipe V, primer borbón que accedió al trono de España inició su reinado en 1701).

Raíces culturales

Además, añade, «las plazas de toros han sido tradicionalmente espacios de libertad», donde hombres y mujeres de todas las clases compartían espacio desde mucho antes que en otros foros sociales o culturales, y cita como ejemplos el teatro o la universidad, donde hasta finales del siglo XIX no se empezó a admitir la presencia de mujeres. Para reforzar su afirmación se apoya en una imagen del siglo XVII en la que en la plaza de toros de su pueblo natal, Béjar, se puede ver a hombres y mujeres lanzeando juntos los toros en perfecta armonía.

«Los toros están por todas partes y forman parte de nuestras raíces culturales», sentencia Santonja, para quien, ya desde ‘Las Cantigas de Santa María’ de Alfonso X ‘El Sabio’ (mediados del siglo XIII), las referencias tanto a los festivales taurinos como a la presencia de la mujer en ellos son continuas. Los llamados toros nupciales, mujeres conduciendo las reses a caballo, toreándolos con una capa desde una pared, como aficionadas, ganaderas o en la misma cara del toro, la presencia femenina en la tauromaquia ha sido una constante y además está muy documentada, explica.

El escritor y catedrático, que hace años volcó su producción literaria en el tema de la tauromaquia con la publicación de ‘Luces sobre una época oscura. (El toreo a pie del siglo XVII)’ (2010), es un investigador incansable y un pertinaz defensor de los toros que, asegura, no son solo un rasgo distintivo de la cultura hispana sino un elemento constitutivo de la misma.