La violencia doméstica no cambia de un pueblo pequeño a una gran ciudad

José Manuel Silva, con su coche de la Guardia Civil/I. G. V.
José Manuel Silva, con su coche de la Guardia Civil / I. G. V.

El comandante del Puesto de la Guardia Civil de Soria, José Manuel Silva Regaño, repasa la situación de las mujeres maltratadas en el ámbito rural

Isabel G. Villarroel
ISABEL G. VILLARROEL

Vamos a poner un caso tipo. Se recibe una llamada en el 062 que es la central de coordinación de la Guardia Civil. Quien primero atiende el aviso es la patrulla que, en ese momento, está prestando servicio en el cuartel. La llamada puede llegar de cualquier punto de los más de 10.000 kilómetros cuadrados de extensión que presenta la provincia de Soria, de cualquiera de los 513 núcleos de población, a cualquiera de los 19 cuarteles que la Guardia Civil tiene distribuidos por la provincia. La patrulla se desplaza al lugar de los hechos, valora la situación y, si es preciso, recaba el uso de especialistas.

«La actuación en temas de violencia de género es de oficio, en el momento en el que se activa la patrulla, si observa algo que considera que puede ser delito, procede con independencia de que luego se presente denuncia o no. Una vez que nosotros tenemos conocimiento del maltrato, tenemos obligación legal de continuar y de hecho así lo hacemos», explica el Subteniente Comandante del Puesto de Soria de la Guardia Civil, José Manuel Silva Regaña.

Cae el sol, el cielo despejado por completo de un día cualquiera del mes de noviembre que anuncia heladas. Es un pueblo cualquiera de la provincia de Soria, un coche de la Guardia Civil aparcado fuera de una casa cualquiera. «Porque cualquiera puede ser la víctima, o el maltratador». Las mujeres maltratadas del ámbito rural no son más ignorantes ni menos cultivadas ni con menor poder adquisitivo que las mujeres que reciben malos tratos en las grandes urbes. «No. Mi experiencia es que el perfil, en distribución socioeconómica por ejemplo es equiparable al perfil de las víctimas de las ciudades. Tenemos la tendencia a pensar que son desfavorecidas o necesitan más protección, no es así, tampoco cambian las edades de las maltratadas».

El prototipo de maltratador también es similar al que propina palizas a las mujeres en las capitales, «son hombres cualquiera, integrados en su pueblo, es lo típico de ‘quién lo iba a decir’ que suelen declarar los vecinos una vez conocido lo ocurrido». La realidad no confirma los tópicos. Como tópico es que el hecho de vivir en un pueblo suponga un profundo inconveniente a la hora de interponer una denuncia por malos tratos por el ‘qué dirán’. «Al contrario, son situaciones más que conocidas por todos los vecinos, lo que piense el tendero o el panadero queda en segundo término, no es vergüenza es la importante decisión de romper un vínculo de muchos años», de afrontar una nueva etapa en la vida de una persona insegura, sometida, que ha perdido las riendas de lo que quiere ser porque se han encargado de que así sea.

«Una vez que la mujer da el paso de llamar al 062 lo normal es que luego refrende la denuncia, la mayoría lo hace en el momento en el que pide ayuda a la Guardia Civil, otras veces se presentan en la Comandancia a denunciar». El sujeto pasivo siempre es la mujer, los casos de violencia doméstica son aislados. Es la propia víctima la que suele denunciar, «en menos ocasiones lo hace algún vecino que oye gritos y peleas, pero no es lo habitual». Existe una unidad especial en la Guardia Civil denominada EMUME (Equipo Mujer y Menor) que está compuesta por tres agentes en Soria; «el EMUME está integrado en la unidad orgánica de Policía Judicial, son expertos de policía judicial y especialistas en el tratamiento de los casos más graves de violencia de género y temas de menores».

La primera actuación es «siempre proteger a la víctima una vez que llegamos a la vivienda. Simultáneamente, se procede a la investigación y averiguación del delito. Si el motivo es suficientemente grave para detenerlo, se le detiene si está presente y, si no lo está, se inician las diligencias pertinentes para encontrarlo». Tampoco es cierto que se registren más denuncias o sucesos en el colectivo extranjero, «quizás están sobrerrepresentados en el rango de edad joven en proporción a la sociedad soriana» porque en la provincia son 8.000 los extranjeros que residen, «es gente joven y tiene otras maneras de manifestarse, pero no es cierto que se registren más denuncias de extranjeros». El Comandante reconoce que el abordaje de este tema «es muy complicado porque siempre hablamos de una relación subjetiva que se da entre dos sujetos y normalmente con hijos y menores en medio, y en la mayoría de las ocasiones durante muchos años».

Silva Regaño apunta que «la atención a la víctima ha mejorado muchísimo de unos años atrás hasta ahora, antes el problema y la rehabilitación se circunscribía al ámbito privado, ahora hay muchas medidas de protección y muchos recursos a su disposición, y se habla de ello». Y es que ha aflorado el problema, «nos gustaría pensar que efectivamente si aumentan las denuncias es porque se va perdiendo el miedo a denunciar, se disipa el tabú, los casos siempre han estado ahí, están, y seguirán estando, la cuestión es hacerlos más o menos visibles. Porque no hay más violencia de género, antes la había pero ahora se ve y se trabaja. Los recursos que la sociedad dedica a esto van fructificando, las mujeres se sienten apoyadas, respaldadas a la hora de dar este paso. La percepción social ha cambiado».

Soluciones

Si hay solución o cuál es esa solución a la violencia machista «excede de mi trabajo», sonríe el subteniente, «existe una ley y nuestro trabajo es una parte de la cadena que aborda la violencia de género, procuramos hacerlo con cariño y mucha dedicación, pero somos una parte. A nadie se le escapa que el problema va más allá del ámbito policial aun siendo éste muy importante. Pero tiene factores y condicionantes socioeconómicos, culturales, educativos, que a nosotros se nos escapan». La sociedad debe trabajarlos.

«Tenemos una herramienta que es la ley y en el momento en el que la mujer se pone en contacto con nosotros lo que sí podemos garantizarle es que nos vamos a volcar al 100% y que todos los recursos disponibles se los vamos a facilitar. Somos el elemento de choque, el primer eslabón de la cadena, pero que se encarga de abrir las puertas a los recursos sociales que existen y que en ocasiones estas mujeres no conocen, y el seguimiento para la reinserción sin temor a una vida normal». En este sentido, «tenemos mucho contacto en el día a día con las víctimas, trabajamos codo con codo con los Centros de Acción Social (CEAS) de la Diputación Provincial de Soria que funcionan muy bien, hacen un muy buen trabajo con la mujer víctima de violencia de género porque están en contacto permanente con ella y la ofrecen recursos». En la mayoría de los casos, la mujer lleva una vida completamente normal.

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