Un proyecto reforzado por la crítica constructiva

La tutora del grupo, Marta Abad, en el centro junto a los cuatro alumnos integrantes del grupo.
La tutora del grupo, Marta Abad, en el centro junto a los cuatro alumnos integrantes del grupo. / Santiago Bermejo
  • Los participantes del Liceo utilizaron la opinión de sus compañeros para perfeccionar su idea

Dicen que en ocasiones el viaje es más importante y enriquecedor que el destino al que se pretende llegar. Y, esa es la sensación que tienen por el momento los alumnos del Liceo Francés de Castilla y León que han participado en STARTInnova. La meta era estar entre los diez finalistas de este programa, impulsado por Vocento y capitaneado por El Norte en la comunidad castellano y leonesa, del que forman parte centros educativos de cinco comunidades autónomas. Los alumnos participantes ya han ganado una buena experiencia al menos. Así se sienten los cuatro jóvenes que integran el equipo que presentó al concurso este centro educativo ubicado en Laguna de Duero.

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Lucía Barna, Martina Peláez, Alezeia Pulido y Pablo Rojas han estado, a partes iguales «ilusionados, asustados, agobiados por los plazos, y ahora expectantes», como asegura su tutora Marta Abad, que además afirma que «se han sentido emprendedores por unos días». Sin duda, el proceso que conlleva este programa ha cumplido su objetivo en este caso. «Los alumnos han comprendido que es muy importante aportar valor a lo que ya existe o crear algo nuevo para tener éxito. Que pueden hallar ideas en su entorno más cercano».

La intención de Start Innova es fomentar el espíritu emprendedor entre los más jóvenes y por ello está dirigido a alumnos de entre 16 y 17 años. No obstante, los alumnos «en este momento no piensan en emprender, sino que están centrados en terminar el instituto y elegir una carrera universitaria».

Compañeros críticos

La fase del programa que más gustó a los participantes fue la de lograr ser capaces de elegir la idea más óptima, lo que les hizo comprender la importancia de «escuchar todas las opiniones y considerar todas las posibilidades antes de decantarse por una».

Los cuatro alumnos del grupo, en primer término, junto a los dos compañeros que les ayudaron a desarrollar su idea.

Los cuatro alumnos del grupo, en primer término, junto a los dos compañeros que les ayudaron a desarrollar su idea. / Santiago Bermejo

En su caso, pese a que el grupo estaba formado por cuatro alumnos, otros más les ayudaron, aportando su mirada crítica sobre los proyectos de sus compañeros. «Actuaban como abogados del diablo, algo que en principio no gustaba, pero que después aprendieron a valorar, porque gracias a eso han podido corregir y mejorar algunas cosas».

Los efectos de este proceso de aprendizaje han sido diversos entre los participantes de este centro. «La experiencia personal de los ponentes de las charlas puede haberles hecho darse cuenta de que el emprendedor puede surgir en cualquier momento», reflexiona su profesora, aunque «a algunos les ha servido para darse cuenta de que no se ven como emprendedores».

Otros, sin embargo, se han metido en el papel y «probablemente hayan visto reforzada su idea de realizar alguna carrera relacionada con la administración de empresas».