Sacyl quiere eliminar 175 pruebas clínicas que «no aportan beneficios»

Antonio María Sáez Aguado informa de la puesta en marcha de la campaña 'No hacer'/. CH.-ICAL
Antonio María Sáez Aguado informa de la puesta en marcha de la campaña 'No hacer' / . CH.-ICAL

Diversos estudios avalan que entre el 20 y el 25% de las prácticas clínicas que se realizan no aportan valor

El Norte
EL NORTEValladolid

Muchas veces en medicina menos es más, y en esta dinámica ha entrado la Consejería de Sanidad que ha pedido a los médicos abandonar hasta 175 prácticas habituales que no aportan utilidad ni beneficio al paciente, consumen recursos económicos, tiempo e incluso podrían causar daños. Lo dicen las sociedades científicas y diversos estudios internacionales que arrojan que entre el 20 y el 25% de las prácticas clínicas que se realizan no añaden valor.

Así lo explicó hoy el consejero del ramo, Antonio María Sáez Aguado, durante la presentación de una campaña dirigida a los pacientes que lleva por lema 'Si no es necesario, puede hacer daño' y que se centra tanto en la realización de pruebas como en el consumo de medicamentos, en especial, los antibióticos.

Sacyl ha incluido como uno de los objetivos prioritarios de su Plan Anual de Gestión para 2018 esta estrategia del 'No hacer', que forma parte de las políticas de calidad y seguridad de los pacientes, y que buscan asegurar una atención homogénea, independientemente de donde vaya a ser atendido el paciente. En estos momentos, el 80% de los centros de salud y el 66% de los servicios hospitalarios han priorizado ya dos recomendaciones como compromiso anual y punto de partida, para ir aplicando de forma paulatina el resto de las 175 medidas que les afectan.

Crear cultura

Sáez Aguado explicó que la medida no es exclusiva de Castilla y León, sino que cuenta con el respaldo de 48 sociedades científicas que llevan ya cinco años trabajando en el proyecto del Sistema Nacional de Salud (SNS) 'Compromiso por la Calidad de las Sociedades Científicas en España', que pretende disminuir la utilización de intervenciones sanitarias innecesarias, es decir, que no han demostrado eficacia, tienen efectividad escasa o dudosa, no son coste-efectivas o no son prioritarias; así como evitar la yatrogenia secundaria, es decir, las reacciones adversas como consecuencia del un tratamiento o del uso de determinados medicamentos; reducir la variabilidad en la práctica clínica, y crear cultura de uso adecuado de los recursos sanitarios.

El consejero indició en que este proyecto debe contar con la implicación de todos, tanto de profesionales como de pacientes, ya que muchas veces se prescriben pruebas porque lo solicita el paciente, hasta en un 47% de las ocasiones; porque éste persiste, en un 45%, y pese a que cuando se le explica el valor del proceso, el 70% entiende que no son necesarias. En todo caso, Sáez Aguado entonó el 'mea culpa', y reconoció que también muchas veces los profesionales ejecutan una «práctica garantista o defensiva» ante una reclamación. Otras prácticas, dijo, se prescriben por rutina, porque forman parte de la tradición práctica de médicos y enfermeros, aunque llevan años que no están recomendadas.

Por estos motivos, Sacyl incidirá en la formación de los profesionales de estas 175 prácticas de no hacer, que en un 34% están relacionadas con la prescripción y uso de medicamentos; en un 17%, con pruebas de laboratorio; casi otro 17, con radiología, y en un 7,4%, con prescripción de antibiótico

Procedimientos caducados

Entre las prácticas que se quieren erradicar por no aportar valor o por los efectos figuran el uso de protectores gástricos en pacientes sin factores de riesgo; tomar más de dos antiinflamatorios no esteroideos de manera simultánea; tomar medidas terapéuticas intensivas para conseguir reducir la hemoglobina en menos de un 7,5% en acianos con factores de multimorbilidad; y no realizar pruebas de control de glucemia en pacientes con buen control clínico y metabólico.

En la lista también se incluye evitar suministrar antibióticos de forma rutinaria a niños con gastroenteritis; no realizar test serológicos para el diagnóstico de la enfermedad celiaca antes de que el gluten haya sido introducido en la dieta; no prolongar más de 24 horas tras una intervención quirúrgica el tratamiento con antibiótico; evitar iniciar un tratamiento antihipertensivo de manera inmediata cuando se detecta una cifra de presión arterial elevada, o solicitar múltiples pruebas en la valoración inicial de un paciente con sospecha de enfermedad tiroidea.

Otras recomendaciones pasan por evitar una radiografía simple de abdomen de forma rutinaria en niños o adolescentes con dolor abdominal agudo, salvo que exista sospecha de obstrucción o perforación intestinal, o desestimar una resonancia de cribado de cáncer de mama en mujeres sin síntomas ni factores de riesgo.

Implicación del profesional

La presentación de la campaña contó con el testimonio de dos profesionales implicados en esta estrategia, el jefe del Servicio de Radiología del Hospital Universitario Río Hortega de Valladolid, quien insistió en que es necesario proteger de la radiación al paciente, en especial a los niños, y quien corroboró que está demostrado que muchas pruebas son innecesarias y no modifican el tratamiento inicial. Lo explicó desde la propia experiencia y también aludió al problema de la medicina defensiva y de la presión que muchas veces reciben por parte de la familia y el paciente.

Por su parte, la médico de familia Isabel Gutiérrez Pérez, miembro de la Junta directiva de la Sociedad Castellana y Leonesa de Medicina de Familia y Comunitaria (socalemFYC), explicó que el problema del uso inadecuado de los antibióticos es una realidad que se traduce en resistencias que, según la OMS, conllevarán a que en 2025 muera más gente por infecciones causadas por bacterias multirresistentes que por cáncer.

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