Un recorrido por los Nacimientos por la ciudad

Tres niños observan el nacimiento de Jesús sobre el estanque del Campo Grande, en el Belén de La Salle./H. S.
Tres niños observan el nacimiento de Jesús sobre el estanque del Campo Grande, en el Belén de La Salle. / H. S.

Los vallisoletanos y visitantes pueden disfrutar en estos días de una amplia oferta de belenes

LAURA ASEGURADOValladolid

Valladolid respira ambiente navideño. Patinar en la pista de hielo de la Cúpula del Milenio, visitar el árbol de Navidad y los mercadillos de la Plaza Mayor, comer castañas asadas o pasear bajo el alumbrado navideño son algunos de los planes de estas fiestas. Pero si estos se quedan cortos, uno de los actos navideños por excelencia es la visita de la larga lista de belenes con los que cuenta la ciudad. Un plan apto para todos los públicos e ideal para realizar en familia, pues permite conocer el patrimonio cultural vallisoletano y disfrutar del ambiente navideño.

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Y es que Valladolid es tierra de Nacimientos. Hay muchos y muy buenos. Existen en la mayoría de los hogares, en las iglesias y parroquias, colegios católicos y salas de exposiciones. El portal y el Misterio, la adoración de los pastores, los Reyes Magos y el pueblo fiel son elementos que nunca faltan en un Belén, pero la innovación y creatividad cada año sorprenden más, por lo que no es de extrañar encontrarse con versiones y recreaciones muy diferentes unas de otras.

Algunos son de playmobil, como el de la Cúpula del Milenio que organiza la Asociación de Amigos de Colombia, quienes, a través de los muñecos de cara plana y sonriente, trasladan toda la magia de la Navidad; otros que se ambientan en ciudades castellanas, como el del Palacio Pimentel, enmarcado en la ciudad vecina de Segovia, de la Asociación Belenista Castellana, donde se representan cinco escenas bíblicas a las que dan vida figuras ataviadas con trajes palestinos con la imponente silueta del Acueducto como telón de fondo.

Pero si hay un Belén que se lleva la palma por llamativo es uno elaborado con las vainas de las balas de los rifles, en el Palacio Real. Aunque no es el único que se conserva en el palacio, ya que cuenta con infinidad de belenes, de todos los tamaños, materiales y procedencias posibles.

Otros, como el de La Salle, destacan por su antigüedad y tradición. El de este año, no pasa desapercibido entre ningún vallisoletano, pues está ambientado en uno de los rincones más emblemáticos de la ciudad, el Campo Grande, con sus clásicos bancos de listones flanqueados por una arboleda de ensueño; los patos y los pavos reales y, cómo no, el estanque con la barca.

También está el de la parroquia de San Isidro, en el que su autor, Mario Bánez de la Bastida, muestra 10 pasajes bíblicos a través del arte del belenismo. Y otros, incluso cuentan con figuras en movimiento que ofrecen una mayor credibilidad. Como son, por ejemplo, los de la iglesia de San Benito y de San Lorenzo, este último a cargo de la familia Trebolle-Liz, que ofrece, como cada año, el montaje de esta parroquia.

Aquí solo se recogen algunos, por lo que es recomendable visitarlos todos, recorrer el paisaje de sus enclaves, la belleza de sus representaciones y la cálida acogida de sus autores. Una ruta que recoge la larga tradición belenista de Valladolid.

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