El estanquero de la calle Alamillos que adora la Navidad

El estanquero que adora la Navidad
Marjorie, con el buzón instalado a la puerta del estanco de la calle Alamillos. / HENAR SASTRE
  • Millán alimenta el espíritu navideño con un recital de villancicos callejeros en el que participan vecinos del barrio

A José Millán Martín, el estanquero de la calle Alamillos, le gusta la Navidad. Mucho. Y no puede evitarlo. «No quiero que me pase por delante, yo quiero disfrutarla». Por eso la exprime al máximo, pone todo de su parte para que estos días sean felices para familia, amigos y clientes. Confía en el poder sanador de los villancicos, en la ilusión sin límite de una carta a los Reyes Magos, en el abrazo compartido en torno a un buen brindis.

«Hay gente que está deseando que estos días pasen lo más rápido posible. Dicen que la Navidad no les gusta porque les trae recuerdos». Pero ese es un argumento al que se le puede dar la vuelta. Puesto que estamos condenados a recordar las Navidades... construyamos esa memoria. Y eso es lo que Millán intenta hacer desde su estanco. Generar momentos gozosos que, pasado el tiempo, se puedan vincular sin duda con un instante de felicidad.

Hay una gran caja, pintada de rojo, que ha colocado a las puertas de su estanco, de ese despacho de cigarros y puros que su abuela abrió en 1963, cuando Millán tenía solo tres meses. Esa caja de cartón, convenientemente pintada y decorada, es un buzón para que los niños del barrio metan su lista de deseos a Melchor, Gaspar y Baltasar. El año pasado lo sacó por primera vez a la calle y una treintena de pequeños depositaron allí su carta. «Ojalá fueran más. A mí me hacía tanta ilusión escribir a los Reyes Magos que quiero que los niños sientan lo mismo». Por eso el buzón, la última tradición que se ha unido al belén de iniciativas de Millán.

Otra de sus tradiciones es invitar (los días 24 y 31 de diciembre) a los clientes a una copa de cava y un poquito de jamón. Pero, la gran iniciativa, es el concierto de ‘millancicos’, un recital de canciones típicas de Navidad que congrega a más de cincuenta amigos y vecinos de los barrios de San Juan, Batallas y San Pedro, para entonar ‘Los peces en el río’, ‘A Belén, pastores’ o ‘Noche de paz’. «Esto comenzó un mes de agosto de hace doce años con un grupo de amigos», recuerda José Millán. De por medio, el clásico «a que no hay». Y hubo. En la primera edición apenas fueron una docena de asistentes. Ahora se ha multiplicado con creces. Los hay que llevan instrumentos musicales («aunque no los sepamos contar»), quienes se acercan con los hijos («para muchos ya es una tradición») y los curiosos que saben que el viernes antes de Nochebuena (este año será el día 23, a las 22:30 horas) habrá un grupo de cantantes aficionados que pondrán música a la Navidad frente al bar El Nino, en la calle Lepanto.

«El primer año hubo gente que al día siguiente fue al bar a preguntar por esos perturbados que cantaban», recuerdan Millán y su esposa Marjorie entre risas. Sin olvidar aquella vez en que la Policía Local pasó dos o tres veces a ver qué era lo que estaba ocurriendo. Hoy aquello se ha convertido en tradición:hay unos carteles diseñados por Domingo, un colega, que lo anuncia para que la gente vaya, canta o mire. Todo con un objetivo claro: que esta Navidad pueda ser recordada, pasado el tiempo, con una sonrisa en la memoria.

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