Los mayores de Castilla y León: Mujeres, dependientes, solas y en pueblos

Reflejo de la sombra de una anciana.
Reflejo de la sombra de una anciana. / REUTERS

El envejecimiento de la población define la nueva estrategia de la Junta para prevenir la falta de autonomía

Ana Santiago
ANA SANTIAGO

Consolidada en números, ya sin listas de espera –solo el 1% que es el tiempo de gestión–; con la generación de más empleo que las demás autonomías; con mayor retorno a las arcas públicas –por cada cien euros de gasto público hay un retorno de 40 en forma de cotizaciones como el IRPF o el IVA, entre otros–, y con mayor compatibilidad entre sus prestaciones, ahora toca desarrollar la prevención, dar respuesta al nombre completo de la Ley 39/2006, de 14 de diciembre, de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las personas en situación de Dependencia. Superada, aunque siga pendiente mejorar las intensidades de las prestaciones y contar con presupuesto suficiente para que las ayudas sean completas y suficientes, la Ley de Dependencia sigue teniendo una asignatura pendiente, la de retrasar el deterioro, la de potenciar la autonomía. Y ello, que afecta a cualquier edad y discapacidad, especialmente con los mayores porque están abocados a perder habilidades en mayor o menor medida y no es difícil que se conviertan en dependientes.

Y a su situación de no disponer de autonomía suficiente, se suman otras peculiaridades sociodemográficas que obligan a replantearse las políticas dirigidas a los más mayores.

Y en esta línea de trabajo, la Consejería de Familia e Igualdad de Oportunidades elaboró su Estrategia de prevención de la dependencia para las personas mayores y de promoción del envejecimiento activo. Y para su diseño realizó un diagnóstico, una radiografía de la población mayor de 65 años para dibujar después las líneas de intervención.

Como es sabido, Castilla y León cuenta con el mayor índice de envejecimiento de España. Son 598.328 las personas con 65 o más años, el 24,4%, en la comunidad y la previsión para el año 2050 es llegar al 31,2%. Y, además, la autonomúa registra un claro sobreenvejecimiento, dado que el 38% de las personas mayores tiene 80 o más años. El análisis de Familia, desde el punto de vista de la prevención, destaca además que casi uno de cada tres ciudadanos de la comunidad supera los 60 años (750.551 personas; lo que supone el 30,7% del total de Castilla y León).

Además, esta población envejecida es mayoritariamente femenina y ello es más evidente conforme avanza la edad. Así, las mujeres representan el 56,2% de las personas de más de 65 años, porcentaje que aumenta al 62,1% cuando se habla de octogenarios.

Población envejecida y con una esperanza de vida de las más altas del mundo. Castilla y León registra así, al nacer, una esperanza de llegar a cumplir los 83,65 años, por encima de la media estatal que es del 82,70. Es la tercera comunidad por detrás de Navarra, con 83,84, y Madrid, con 84,02. Y otra característica que definirá los planes de intervención es su lugar de residencia.

El envejecimiento es eminentemente rural: El 52,5% de los mayores vive en pueblos, en municipios con menos de 20.000 habitantes.

Además, la soledad se impone como un importante problema social y asistencial. El 22,5% de las personas mayores están solos en su hogar y las estimaciones predicen que el porcentaje de población que pasará el final de sus días sin pareja o hijos será del 33,2% en el año 2031. Además, el 11,2% de los mayores dependientes viven solos en su domicilio. La tasa de discapacidad y dependencia aumenta con la edad, experimentando una subida abrupta a partir de los 80 años.

Con esta fotografía. La inversión en programas de envejecimiento activo y el retraso de la dependencia no solo es una obligación asistencial sino una futura contención del gasto sanitario y social. El aumento del coste en la asistencia al pasar de ser una persona autónoma a ser un dependiente moderado es muy alto.

Castilla y León, destacan fuentes de Familia, «es pionera, en la esfera nacional, en la implantación de muchos programas e iniciativas que actualmente son muy conocidas entre la población en materia de envejecimiento activo como es el caso del Programa Interuniversitario de la Experiencia. Además, se ha generalizado entre la población la participación en programas como el Club de los 60 –con más de 312.000 socios–; el movimiento asociativo –1.833 asociaciones– o los centros de día de la Gerencia de Servicios Sociales. Toda esta experiencia acumulada requería dar un paso en el campo de la prevención dirigido a mejorar la calidad y la efectividad de todas las iniciativas en materia de envejecimiento activo.

Y es en este punto, donde encaja la nueva estrategia para potenciar esta participación y que está dirigida a los 598.328 mayores; pero también a sus familias, cuidadores y a la sociedad en general.

Este plan «se plantea como una oportunidad para mejorar la calidad de vida de las personas mayores y será una herramienta de construcción de futuro. Fue elaborada con una amplia participación y consenso de las entidades y asociaciones del sector y desarrolla un nuevo modelo para la prevención de la dependencia basado en la atención centrada en la persona, en su autonomía y en sus preferencias e implica una nueva forma de entender el envejecimiento activo, con la persona como protagonista de su proceso de envejecimiento», destacan fuentes de Servicios Sociales.

La estrategia establece un marco de actuación hasta el año 2021 y cuenta con una financiación de más de 1.950 millones de euros para los cinco años; de los que más de 390 corresponden al presente ejercicio. Este proyecto desarrolla un centenar de acciones agrupadas en dos grandes áreas temáticas, que son la persona y el entorno a través de siete ejes estratégicos.

Así, con respecto al beneficiario, la estrategia engloba cuatro ejes estratégicos a través de los cuales se articularán cerca de 60 actuaciones.

El primero de estos ejes es el de la prevención, promoción de la autonomía y autodeterminación de las personas y persigue facilitar la capacidad de decisión de las personas que envejecen, que elijan su itinerario de vida a partir de su jubilación y que definan e identifiquen sus deseos y preferencias en el caso de que necesiten apoyos y cuidados. Incluye 15 acciones, como facilitar su transición de la vida laboral a la jubilación, acciones de orientación y consejo para dar continuidad a sus proyectos de vida, generalización de ‘no sujeciones’ en los centros o desarrollo de una red de buenas prácticas de atención a las personas con deterioro cognitivo en los centros para las personas mayores.

El segundo eje es la mejora de la calidad de vida con 17 acciones que buscan fomentar las capacidades de las personas. El tercero refuerza el papel de los mayores en la construcción y mantenimiento de una sociedad del bienestar y en la asunción de roles relevantes. Considera a los mayores como una fuente de experiencia vital, de conocimiento y de apoyo solidario y potencia su participación. Incluye 13 acciones como impulsar su papel como consultores en temas diversos, que se conviertan en motor de cohesión social, especialmente en el mundo rural.

El cuarto del área temática de la persona es el de la promoción del aprendizaje a lo largo de la vida, con 12 acciones como revisar y adaptar los programas de aprendizaje actuales para adaptarlos a los nuevos perfiles de los mayores, promover el acceso a todas las posibilidades de aprendizaje como universidades de mayores o acercarlos a las nuevas tecnologías.

En cuanto a la intervención en el entorno, la estrategia contempla medio centenar de actuaciones que se desarrollan a través de tres ejes estratégicos que coinciden con los entornos en los que conviven las personas: El social y familiar, el comunitario y los entornos accesibles y amigables.

Las 14 acciones que define este eje se orientan en dos direcciones: por un lado, las medidas que permitan a las personas mayores envejecer en casa con calidad y, por otro, las de apoyo a los familiares cuidadores como información y asesoramiento y en la preparación para el final de la vida, servicios de apoyo, respiro y acompañamiento del voluntariado, de mediación que apoye la reorganización y crisis familiares derivadas del cuidado.

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