Los hospitales llevarán un registro de las radiaciones a los pacientes

Una mamografía. /El Correo
Una mamografía. / El Correo

El 30% de las pruebas de imagen son innecesarias y el exceso es nocivo para la salud

Ana Santiago
ANA SANTIAGOValladolid

La fecha de implantación está a la vuelta de la esquina, el próximo día 6 de febrero, y es de obligada aplicación en toda España, y en otros países miembros, en aplicación de una directiva de la Unión Europea. Cada dosis de radiación ionizante que recibe cada paciente en cada prueba deberá ser registrada en su historial médico. Evitar las exposiciones innecesarias, reducir la dosis con equipos de última generación, justificar su necesidad, equilibrar sus beneficios frente a los efectos nocivos, adaptar la información, implantar requisitos técnicos..., y todo ello de forma homologada, no es una operación fácil ni de aplicación posible de la noche a la mañana. Y ese es el objetivo último de esta normativa europea, que aplauden las sociedades científicas y especialistas, el de contener un exceso de radiaciones que lejos de limitarse en los últimos años van en claro incremento y reducir así consecuencias graves como el cáncer. Sin olvidar los gastos sanitarios innecesarios.

La implantación de la medida es obligatoria en España a partir del 6 de febrero, en aplicación de una directiva de la Unión Europea

El historial dosimétrico será, por lo tanto, un registro automático en la historia clínica electrónica de cada paciente de la cantidad de radiación que acumula en cada momento. De esta forma, el profesional médico podrá conocer el historial radiológico y las dosis impartidas al paciente en todas las pruebas que conlleven el uso de radiaciones ionizantes. Las ventajas son claras y las repasa la Sociedad Española de Radiología Médica: Al prescriptor «le permite disponer de más y mejor información a la hora de tomar decisiones respecto a la conveniencia o no de realizar pruebas complementarias para el diagnóstico o tratamiento de su paciente. Al radiólogo le facilita el cumplimiento de los principios de justificación, optimización y control de dosis y, para el paciente, el hecho de conocer su dosis personal le asegura el derecho a la información asistencial y la realización del consentimiento en el supuesto de alta dosis».

Hasta la fecha, solo en el País Vasco y en algunos hospitales muy puntuales existe ya esta práctica. En Castilla y León, la Consejería de Sanidad está pendiente de la publicación de un Real Decreto por parte del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad que regule y concrete las disposiciones establecidas en la Directiva Europea 2013/59 EURATOM por la que se establecen normas de seguridad básicas para la protección contra los peligros derivados de la exposición a radiaciones ionizantes.

Explican fuentes de Sacyl que estos cambios normativos provocan «numerosas modificaciones en el área médica, en el ámbito de la formación, de registro de la información de dosis, requisitos técnicos para los nuevos equipos, justificación de las exposiciones ….». La Junta, desde comienzos de año, realiza pruebas de recogida y gestión de la información en diferentes equipos y trabaja también en el análisis y definición de una solución tecnológica que sea el soporte para la dosimetría para poder implantar la que resulte más adecuada. Un grupo de trabajo con cinco radiofísicos trabaja desde hace un año en medir las dosis de radiación de los aparatos de alta tecnología de los hospitales de la comunidad. La Administración autonómica persigue tener un diagnóstico exacto del estado de los aparatos para comprobar el grado de obsolescencia y radiación que emiten y establecer así necesidades de renovación que permitan adaptarse a la citada normativa europea. Su evaluación analiza las soluciones de mercado para adaptarse a la normativa europea y valora una prueba piloto con nueve aparatos diferentes de alta tecnología y de distintos fabricantes en los principales hospitales de la comunidad. Las pruebas se realizan en el PET-TAC de Medicina Nuclear y el telemando del complejo asistencial de Salamanca, en el mamógrafo tomosíntesis y el TAC dual multicorte con SR del de Burgos, en la sala de RX digital y la sala de Hemodinámica del Hospital de León, TAC multicorte y el arco quirúrgico de endoscopias del Río Hortega y el angiógrafo biplano del Clínico de Valladolid.

La transposición de la nueva regulación provoca serias complicaciones incluidas las presupuestarias. El principio de optimización supone garantías de que los equipos van a dar la mínima exposición posible y que la misma pueda ser medida para que, luego, figure en el historial dosimétrico». El problema es que solo los aparatos radiológicos más modernos incluyen técnicamente la posibilidad de medir la dosis exacta y, por lo tanto, aplicar esta norma implica sustituir los más antiguos.

Una dificultad añadida es la de la exigencia de justificar en personas sin síntomas la necesidad de hacer una prueba de cribado o para demostrar la edad legal por ejemplo de un menor inmigrante o en casos de investigación o exposición de los cuidadores.

Hasta la fecha había que argumentar que el beneficio superaba al riesgo, ahora las exigencias son mayores y además los sanitarios tendrán la responsabilidad de los posibles efectos nocivos que puedan tener en los pacientes el empleo de la radioterapia o del radiodiagnóstico, así como de cualquier otro tipo de medicina nuclear.

Probabilidad de contraer cáncer

Una radiografía de un pie equivale a día y medio de radiación natural y una placa de columna, a siete meses. Una mamografía, a siete semanas; una angiografía coronaria por TAC, a cuatro años y, a ocho meses, la tomografía de la cabeza. Las radiaciones ionizantes aumentan la probabilidad de contraer cáncer y esta posibilidad crece en función de las dosis recibidas. Las pruebas de imagen no suelen ser inocuas –tan solo las ecografías y resonancias magnéticas lo son–; de ahí, los protocolos de aplicación y la práctica que implantan ya hospitales y centros de salud de ‘no hacer’ para reducir a lo necesario y seguro las prácticas médicas.

El exceso o el uso de técnicas innecesarias no solo perjudican la salud del paciente, y más si es un niño o una embarazada, sino que además supone un alto coste económico para el sistema sanitario. La Sociedad Española de Radiología Médica, la Seram, ha trabajado en este sentido y ha podido establecer que entre el 25% y el 30% de las pruebas de radiodiagnóstico que se realizan son evitables, innecesarias. La actividad de estas pruebas para diagnóstico o tratamiento es muy alta y creciente. Las ecografías, que son precisamente inocuas son, en cambio, las que menos se han incrementado, tan solo el 0,3% entre 2014 y 2013, periodo que analiza el trabajo.

En cambio, hay un considerable aumento tanto de TAC como de mamografías. De estas últimas, en 2014, Sacyl realizó 5.202 más que en el año anterior; lo que supone un incremento del 8,1% hasta alcanzar las 69.813. La actividad de las tomografías computerizadas también crece. En este caso, aumenta el 4%; lo que supone realizar 8.005 más y pasar a 209.136 en 2014 (en 2011 fueron 196.060).

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