Una Iglesia de puertas abiertas

EN EL VIGÉSIMO ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE JOSÉ VELICIA EN EL VIGÉSIMO ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE JOSÉ VELICIA

La filosofía que inspiró a José Velicia la creación de Las Edades del Hombre justificó también su solidaridad con las luchas obreras antifranquistas de 1972 y 1973

ENRIQUE BERZAL Historiador
Sábado, 24 junio 2017, 19:47

Todos los sacerdotes filiados (sic) coinciden en sus declaraciones haber aludido a la huelga de la construcción; algunos concretaron haber realizado colectas con destino a los huelguistas y haber autorizado la difusión de propaganda». El informe reservado, fechado el 1 de diciembre de 1973, había sido redactado por la Jefatura Superior de Policía y refería la actitud de una serie de sacerdotes en las postrimerías del franquismo. Entre ellos, el fundador de Las Edades del Hombre, José Velicia Berzosa, coadjutor entonces de la parroquia de San Ildefonso y hombre comprometido, desde una radical opción evangélica, por los más desfavorecidos. Que Velicia estuviera fichado por las autoridades franquistas a causa de su empatía con quienes plantaban cara a la dictadura y luchaban a favor de las libertades democráticas encaja con los principios que le animaron a impulsar la gran muestra del arte eclesiástico de Castilla y León.

¿No era acaso su pretensión abrir las puertas y ventanas de la Iglesia y entablar un fecundo diálogo con el mundo a través de ese gran tesoro que es el arte y el patrimonio castellano y leonés? El mismo Velicia reconocía que la ‘chispa’ inicial saltó ante sus ojos en un viaje a Barcelona que hizo en 1985, donde pudo contemplar la exposición ‘Thesaurus’: «Pensé que algo semejante lo teníamos que hacer en Castilla y León. Me puse en contacto para perfilar la idea con el escritor y periodista José Jiménez Lozano. (…). ¿Por qué -le dije- no hacemos una cosa distinta? Algo en que el protagonista no fueran ni los estilos, ni las épocas, ni los autores, sino el hombre». La inspiración de Velicia partía, además, de su propia trayectoria, personal, pastoral e intelectual.

José Velicia Berzosa.

Vallisoletano de Traspinedo, donde nació en noviembre de 1931, fue seminarista en tiempos de racionamiento y escasez, de garbanzos al mediodía y patatas «viudas a la cena», señalaba. Pronto destacó por su inquietud intelectual, atenta siempre a los avances teológicos insertos en la autocrítica católica de los años 50, pero también por su sensibilidad social. Por eso en 1960 el arzobispo José García Goldáraz lo nombró consiliario de los Hombres de Acción Católica, director espiritual del Colegio Mayor San Juan Evangelista y coadjutor de la parroquia de San Ildefonso.

Su identificación con las tesis conciliares del Vaticano II, que desde 1965 animaban a la Iglesia a abrirse al mundo y entablar un diálogo fecundo con otras religiones y culturas, fomentar la libertad religiosa y apostar, como opción preferencial, por los más pobres, explican que de puertas adentro de la Iglesia, Velicia impulsara la Comisión Pro-Concilio y la famosa Asamblea del Pueblo de Dios, sin olvidar aquel «espíritu de Villagarcía» que reunió periódicamente, en la localidad vallisoletana de Villagarcía de Campos, a los once obispos de Castilla y León para cumplir lo preceptuado por el Vaticano II. Y también explican, de puertas afuera de la Iglesia, su empatíacon quienes combatían contra la dictadura y a favor de las libertades desde los estratos más bajos de la sociedad.

Por eso Velicia, aun regentando una parroquia del centro vallisoletano, como era San Ildefonso, compartió con otros curas y religiosos, sobre todo de la periferia obrera (Pilarica, Belén, Delicias, La Victoria…), su solidaridad con los trabajadores en huelga. Así, a finales de 1972, animados sin duda por la carta pastoral del prelado, Félix Romero Menjíbar, favorable a buscar una solución consensuada al conflicto de la Construcción, Velicia y José Manuel Hernández en San Ildefonso secundaban a Millán Santos y Buenaventura Alonso, que desde las parroquias de Santo Toribio (Delicias) y Nuestra Señora del Pilar (Pilarica) lideraban, con sus respectivas comunidades parroquiales, la cobertura eclesiástica a los obreros involucrados en los conflictos de la Construcción, que además de la revisión del Convenio demandaban plenas libertades en los ámbitos político y sindical.

Informes policiales citan a Velicia entre el grupo de sacerdotes, compuesto por Emilio Mozo en San Andrés; José Luis Fernández, Manuel González y Juan Luis González Vizmanos en Pilarica; Aureliano Sánchez en El Carmen (Delicias); Epímaco Cuadrado en la iglesia de Nuestra Señora de La Anunciata; Julián Bajo y Carlos López Alonso en la iglesia parroquial Dulce Nombre de María de Canterac (Delicias); y Paciano Martínez en La Victoria, que pronunciaron homilías solidarias y difundieron unas «Reflexiones cristianas ante el conflicto laboral de la Construcción de Valladolid», redactadas por movimientos apostólicos de Acción Católica, a favor de los trabajadores. Al mismo tiempo, Velicia y otros 18 sacerdotes elaboraron y difundieron sus propias ‘Reflexiones Pastorales’, en las que incidían en su compromiso con los obreros en huelga.

En este último escrito, incautado por la Brigada de Investigación Social, los 19 firmantes basaban su opción en las consecuencias socio-políticas que se derivaban de la puesta en práctica de los principios del Concilio Vaticano II, todas ellas coincidentes con las conclusiones de la revolucionaria Asamblea Conjunta de Obispos y Sacerdotes de 1971: libertad de expresión, respeto a los derechos humanos, libertad «de asociación, sindical y política», derecho a huelga, denuncia del sistema capitalista, etc. Respecto a la Iglesia de Valladolid, criticaban la inexistencia de «una pastoral obrera que movilice energías, imaginación, esfuerzos y compromisos reales», así como su «silencio» ante los conflictos laborales, manifestando con ello «una complicidad al lado de los poderosos.»

Además, declaraban abiertamente su opción «por los pobres, por los débiles, por los marginados que en nuestra ciudad son fácilmente reconocibles en la mayoría del sector proletario»; esto les llevaba a optar por un sistema político acorde con «el respeto a los pobres, la defensa de los débiles, la protección de los extranjeros, (...) la condena del dominio ejercido por el dinero, el derrumbamiento de los poderes totalitarios». El mismo gobernador civil, José Estévez Méndez, en un telex enviado al director general de Política Interior, se refería a las «homilías durísimas que pronunciaron 12 sacerdotes, algunos de los cuales fueron severamente sancionados» (esto último en referencia a Millán Santos y Buenaventura Alonso, multados con 25.000 pesetas).

En efecto, según el informante de la policía que escuchó las homilías de Velicia y Hernández en San Ildefonso con motivo del conflicto de la Construcción, ambos «justificaron la huelga a la luz de las opiniones del Concilio Vaticano II (…), se puso a los fieles en la tesitura de pronunciarse en pro de unos u otros (patronos u obreros), pero incidiendo sobre los asistentes de una manera descarada y siempre según el Evangelio, para solidarizarse con los oprimidos y con los débiles». Aseguraba el informe, elaborado en 1973, que en todas las misas de Velicia, sus homilías «terminaron haciendo referencia a la falta de visión de futuro de la clase dirigente, por cuyo egoísmo y espíritu no abierto se han producido los enfrentamientos como nos lo manifiesta la historia de España».

Es más, por protestar públicamente contra la detención de los curas obreros Carmelo Pozas -a punto de ordenarse jesuita- y Gonzalo González Álvarez -entonces dominico-, acusados de organizar esa misma huelga, José Velicia fue trasladado a dependencias policiales para prestar declaración; le acompañaban, por ese mismo hecho, los también sacerdotes Paciano Martínez, Millán Santos, Carlos López Alonso, Buenaventura Alonso Gómez, José Pachón y Luis Resines, según se desprende del informe elaborado en diciembre de 1973 por la Comisaría General de Investigación Social.

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