un cura con amigos

LUIS ARGÜELLO, OBISPO AUXILIAR DE VALLADOLIDObispo auxiliar de valladolid

Tantas veces las grandes cosas tienen orígenes sencillos. Hace unos días visitaba Llano de Olmedo, en cuya parroquia de San Pedro Apóstol inició José Velicia su ministerio pastoral en 1955. Sus cinco años de vida en las tierras del Caballero sirvieron para empezar a forjar este «sacerdote cabal según el Corazón de Cristo», en expresión de D. José Delicado; también para ahondar en el conocimiento del hombre castellano y universal, desde su infancia en Traspinedo y su formación en el Seminario y en la Pontificia.

En Olmedo y alrededores mostró su talante acogedor, con risa espontánea y capacidad para acordar contrarios, su sentido admirable del humor y extraordinaria disponibilidad para la cercanía y, como no puede ser de otra manera desde estos rasgos, su capacidad de hacer amigos. En esta época se forja su amistad con José Jiménez Lozano anudada de conversaciones, entre humo de tabaco y aire de pinares, sobre lo divino y lo humano. Desde la intuición de que el «yo», tan querido por los dos Pepes y amenazado hoy, hunde sus raíces en el íntimo coloquio entre el Misterio y la conciencia que se desarrolla en el alma de cada uno.

Ya en la ciudad, en San Ildefonso, este cura con pueblo y tierra vive el entusiasmo por el Concilio y su puesta en práctica. Allí nos conocimos y pude observar esa sorprendente capacidad de hacer amigos. Amigo de todos, sí, pero verificando la amistad en la cercanía con algunos laicos de la parroquia. Qué difícil es conjugar «todos y algunos» y, sin embargo, qué imprescindible para mostrar la belleza de lo real.

Además del cenáculo de la parroquia, cultivó Velicia en aquellos años otras dos moradas donde amasar amistades, las dos vinculadas a librerías: por la mañana el Centro y librería de pastoral en Paseo de Filipinos y tantas tardes, tertulia en Lara para seguir cultivando la relación con amigos en sugerentes diálogos. En esos tres círculos se gestaron ideas y equipos que están en la matriz de Las Edades del Hombre.

José Velicia rodeado de familiares el día que cantó misa. / Álbum de la Familia Velicia

Amigos fueron también los vicarios de la Región que desde los años setenta fueron dando forma a la Iglesia en Castilla o Región del Duero, tierra fértil en la que pudo brotar el proyecto Las Edades del Hombre. La inquietud apostólica de aquellos años, iluminada y alentada por la palabra y la vida de otro amigo, Marcelino Legido, fue concretándose en un ejercicio regional de recepción del Concilio en una tierra que vive el paso acelerado de ser sociedad rural a postindustrial con despoblación y desarraigo simultáneos. Así la Iglesia en Castilla quiere mostrar un rostro samaritano y propiciar un nuevo encuentro con el hombre castellano, en su novedosa situación cultural, para iluminar la conciencia y la esperanza de hombres y mujeres que pueblan estas tierras, siempre abiertos a acoger a quienes llegan. Qué difícil hubiera sido poner de acuerdo a once diócesis de Castilla y de León y a sus respectivos obispos sin esa fraternidad compartida.

Las Edades es un novedoso proyecto expositivo, en iconos, palabras y silencios, de la historia del hombre desde la mirada cristiana. A través de un relato en capítulos intenta expresar, en esos relámpagos de belleza que son las obras de arte, cómo el hombre se ha entendido a sí mismo, cómo ha entendido la relación con Dios y cómo las gentes de nuestra tierra han expresado esto a través del arte.

El espíritu apostólico que como buen sacerdote acompañó la vida de Pepe no quiso descifrarse en estrategias proselitistas, sino en servir de puente para el encuentro con la Belleza que, en su esplendor, ilumina el misterio de la existencia y de la historia y, así, atrae. En Las Edades, la belleza se vuelve teología y la teología, belleza. Y en su luz algún resplandor del porvenir. La memoria sellada en los iconos abre los ojos de la esperanza.

Concluyo con unas palabras de Velicia en la Catedral de Valladolid: «¿Qué desvalimiento no solo religioso, sino cultural; qué inanidad nos envolverá, si cortamos las raíces dolorosamente sembradas a lo largo de tantos siglos?».

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