Batallador por el patrimonio

EN EL VIGÉSIMO ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE JOSÉ VELICIA

Eloísa García de Wattenberg y su hija Eloísa Wattenbeg, que colaboraron en el montaje de varias ediciones de Las Edades del Hombre, destacan el papel impulsor de Velicia en la gestación del magno proyecto

EloÍsa Wattenberg, Directora del Museo de Valladolid
ELOÍSA WATTENBERG, DIRECTORA DEL MUSEO DE VALLADOLIDDirectora del Museo de Valladolid

Mi recuerdo más lejano de don José se dibuja en el Museo. Era 1987 y reunía una cuidada selección de obras de arte para poner en marcha un proyecto del que hablaba con enorme entusiasmo. Había visto en Barcelona la exposición ‘Thesaurus’ y allí había comenzado a fraguar su idea de sacar de iglesias y conventos el patrimonio cultural religioso para contar historias del Hombre a todo el mundo. Y no de cualquier modo o discretamente, sino a lo grande: a través de la belleza del patrimonio de la Iglesia conservado en Castilla y León y en el marco imponente de las catedrales.

Más allá del préstamo de obras, mantuvimos otro tipo de colaboración cuando, teniendo a mi cargo la Dirección General de Patrimonio y Promoción Cultural, se celebraron las exposiciones de Burgos y de León. Pero fue poco después cuando nuestra relación se hizo más cercana, al incorporarme como refuerzo a su pequeño equipo, primero para finalizar el montaje de la exposición de Salamanca, y luego para participar en los de Amberes y el Burgo de Osma.

Ilusión compartida, por Eloísa García de Wattenberg

Es de verdad entrañable mi recuerdo de José Velicia. Con él me unió una amistad sincera, surgida en torno a un trabajo cuya perspectiva trazó con toda claridad en sus comienzos, y de nuestra colaboración en las exposiciones de Las Edades solo puedo decir que siempre estuvo orientada a realzar el valor de lo que él pretendía.

Las ‘Edades’ de José Velicia, tal como él las pensó, fueron una ilusión compartida que no pudo llegar a su fin. Tras su marcha, se abrió un largo caminar con rumbo a nuevos horizontes.

Por entonces, Las Edades ya habían tomado una enorme popularidad. Fortalecido y con sólida entidad, el proyecto daba paso, en 1995, a la Fundación Edades del Hombre que, ya con personalidad propia, constituiría el instrumento de actuación para su actividad.

Y al tiempo que la Fundación daba sus primeros pasos, entraba en escena el monasterio de San Bernardo, en Valbuena. Porque don José siempre asoció una y otro cuando hablaba de un futuro para la gestión de los bienes de la Iglesia. Revitalizar el monasterio con la presencia de monjes para mantener vivo y dar visibilidad al componente espiritual que orientaba Las Edades, y establecer allí un sistema de atención a la conservación y difusión del patrimonio eclesiástico, eran objetivos de los que hablaba con verdadera pasión.

«Vigilante, observa el patrimonio de Castilla y León convencido de que su conservación es una necesidad incontestable»

Cuando explicaba sus planes describía con particular énfasis un elemento que en todo ello habría de ser esencial: la atalaya del patrimonio, una suerte de observatorio para la protección y conservación preventiva, especialmente enfocado al patrimonio diseminado o lejos de los grandes núcleos de población. Y así, con ilusión, entre comentario y comentario, marcó las pautas de un programa para cuando la Fundación de Las Edades del Hombre se asentara en San Bernardo, decidida a emprender nuevas iniciativas en torno al patrimonio de la Iglesia.

Eloísa García de Wattenberg, con José Velicia (tercero por la derecha), en una época de estrecha colaboración. / Álbum de la Familia Velicia

Su desaparición animó la continuación de su obra y en la estela de su pensamiento, a instancias de don José Delicado, tomó forma y se redactó en 1999 un programa de ‘Actividades y servicios a desarrollar por la Fundación Las Edades del Hombre en Santa María de Valbuena’ ya difícil de recuperar.

Hoy, cuando recuerdo a don José, a quién nunca apeé del don, pese a sus esfuerzos, no separo su figura de una gran atalaya. Vigilante y pensativo, observa el patrimonio de Castilla y León convencido de que su conservación es una necesidad incontestable. Porque, para él, la Belleza siempre hablará de lo mejor del Hombre.

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