Los amigos de José

Vigésimo aniversario de la muerte de José Velicia Vigésimo aniversario de la muerte de José Velicia

PABLO PUENTE APARICIO
Sábado, 17 junio 2017, 21:29

Hace veinte años terminaron los diez años más humanos que he vivido. Esta costumbre social de conmemorar nacimientos y muertes, aprovechando la convencional magia de los números redondos, e incluso de sus fracciones intermedias, no está de más. Pero conforme va creciendo la cifra de las decenas es posible que la memoria se vaya debilitando, y que entonces lo que se escribe para recuperar del olvido lo que se quiere rememorar , inevitablemente, vaya dejando de ser de primera mano y se deforme con datos entresacados de las hemerotecas por personas que de aquello saben (decía puentepaz) a tocino cuando les untan.

Este año se está celebrando el segundo centenario del nacimiento del niño José Maximiliano, hijo de José Zorrilla, de Torquemada, y de Nicomedes Moral, de Quintanilla de Somuñó, y sin embargo no se conmemora que hace 180 años nació el poeta y dramaturgo José Zorrilla, en la tarde fría nubosa del 15 de febrero de 1837, en el Cementerio General del Norte de Madrid, el de la Puerta de Fuencarral, cuando comenzó a leer «con voz juvenil, fresca y argentinamente timbrada, y de una manera nunca oída de recitar» sus versos: «Ese vago clamor que rasga el viento...».

Por lo mismo yo prefiero recordar, es decir, volver pasar por el corazón, los diez años que transcurrieron desde que conocí a José Velicia Berzosa hasta que falleció. Y quiero hacerlo, sé que es difícil, sin manchar el relato con el «mal aliento del yo».

Grupo de amigos de José Velicia. / foto P. P. A.

Seguramente de José se hablará en esta ocasión por el éxito que tuvo aquella exposición en Valladolid en el otoño de 1988, sin embargo es posible que se olvide que entonces ya tenía 67 años y que sin esta andadura y un nutrido grupo de buenos amigos, aquel asombro de la catedral de Valladolid nunca se hubiera producido. De hecho cuando se firmó el convenio con Caja Salamanca para desarrollar aquel primer proyecto, él mismo lo reconoció: «Gracias a ese puñado de amigos, cuyos nombres quizás no os digan nada, pero para mí tan queridos, que en pura gratuidad han dedicado tiempo, entusiasmo y sabiduría a lo que en principio no parecía más que un bonito sueño: [...] Camino, María Antonia, Gloria, Isaías, Raquel, Enrique, María Eugenia, Lorenzo, Marisol, Santi, Lola, Julián, Jesús...».

Verdaderos orígenes

De Las Edades del Hombre se ha hablado y escrito mucho, yo diría que todo, pero quizás los únicos que conocen sus verdaderos orígenes sean los que citó en aquella ocasión. Sus amigos de siempre; con los que recorrió catedrales, iglesias, conventos y ermitas y a los que quizás no advirtierais, si tuvisteis el honor de asistir a las regias inauguraciones. Eran aquellos que discreta y estáticamente, sonrientes y vestidos de domingo, vigilaban las salas aquel primer día, mientras vosotros pasabais. Todavía les podéis preguntar sobre José y también sobre aquellas Edades, porque ellos son los que lo saben.

Preguntadle a Ignacio Amo Velicia por ellos, que también de José y de sus Edades lo sabe todo.

Ellos no necesitan celebraciones temporales para rememorarlo y mucho menos para recordarlo porque lo tienen bien presente. Yo también.

Y recuerdo a Isaías que hace treinta años le dijo a José que me llamara.

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