Más allá de las Edades del Hombre

EN EL VIGÉSIMO ANIVERSASRIO DE LA MUERTE DE JOSÉ VELICIA EN EL VIGÉSIMO ANIVERSASRIO DE LA MUERTE DE JOSÉ VELICIA

«Sería equivocado reducir al proyecto una personalidad tan rica como la suya»

MIGUEL ÁNGEL CORTÉS Senador Sábado, 24 junio 2017, 19:33

Las Edades del Hombre ha sido una de las iniciativas culturales de mayor calado y trascendencia que se han hecho en España. Está por contar la historia del proyecto, desde sus orígenes y su evolución, así como las consecuencias que ha tenido para el patrimonio de la Iglesia, pero tanto dentro como fuera de Castilla y León se sabe que mereció la pena ponerlo en marcha. La originalidad de la idea y lo sorprendente de las tres primeras ediciones fue de tal impacto que 20 años después de la muerte de José Velicia, el proyecto sigue asociado a quien fue su cabeza más visible. Sería equivocado, sin embargo, reducir a Las Edades del Hombre una personalidad tan rica como la de Velicia, por relevante que haya sido el proyecto.

En los años 70, en la misa del mediodía en la parroquia de San Ildefonso, se quedaba gente fuera porque no cabían en el templo. Oficiaba el padre Velicia, que no era un cura cómodo para algunos, pero que cuidaba la liturgia y decía cosas que interesaba escuchar.

José Velicia fue un sacerdote con conciencia de serlo, pero muy alejado del clericalismo al uso. Fue un hombre activo pastoralmente, pero sus inquietudes iban más allá.

De esas ganas de hacer surgió el proyecto de Las Edades del Hombre. Con dificultades y tremendas limitaciones, fue capaz de buscar ayudas y complicidades y sacó adelante las Edades del Hombre.

Velicia presentó en El Burgo de Osma las primeras páginas en Internet con información sobre las Edades, en 1997. / H. S.

Fueron sobre todo los laicos (Jiménez Lozano, Eloísa Wattemberg, Amando Represa, Pablo Puente) los que ayudaron a Velicia a dar forma y hacer realidad un proyecto que se fue elaborando con el tiempo, pero que, mientras Velicia estuvo al frente, no hubo dudas sobre lo que no era: ni clerical, ni localista, sino un proyecto cultural respetuoso con la historia y con la realidad. No se debe olvidar el apoyo de Sebastián Battaner al frente de la Caja de Salamanca y el de José María Aznar, que vio la importancia del proyecto y lo apoyó tan discreta como decisivamente.

No es este el sitio para hablar de las incomprensiones que sufrió y de las faltas de apoyo de sectores de la jerarquía. Sin embargo, sí puedo destacar –y lo hago en su elogio– que aunque era clarividente respecto de lo que podía pasar, aceptó obedientemente, aunque con tristeza, algunas decisiones que sabía equivocadas sobre el futuro de Las Edades del Hombre.

Veinte años después de su muerte, tras una enfermedad terriblemente dolorosa, recuerdo las tardes y los paseos por Alcazarén tantos fines de semana en los años ochenta. Echo de menos las conversaciones, el sentido del humor y la bonhomía del cura que ofició mi boda y bautizó a mis dos hijos.

Su obra se truncó, pero no su recuerdo.

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