Las Edades del Hombre

‘Reconciliare’ exhibirá treinta piezas restauradas en el Monasterio de Valbuena

Los tres restauradores trabajan en el taller de la sede de la Fundación Las Edades del Hombre en el Monasterio de Santa María de Valbuena de Duero.
Los tres restauradores trabajan en el taller de la sede de la Fundación Las Edades del Hombre en el Monasterio de Santa María de Valbuena de Duero. / Agapito Ojosnegros
  • El taller de rehabilitación de Las Edades del Hombre culmina su trabajo para la muestra de Cuéllar

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El esplendor de una obra de arte sobre la que los años ya se cuentan por siglos, no desaparece; se difumina o se esconde bajo el paso del tiempo que inmisericorde pasa su tributo. Años de humedades, de ostensibles variaciones de temperaturas, de polvo que encuentra acomodo en todo lugar, de caprichosos insectos para quien la madera es un manjar, el humo de mil velas para rogar alguna gracia divina o agradecer alguna concedida, manipulaciones incorrectas; son parte del desglose de esa factura que tallas, lienzos y bienes muebles pagan. Y, además, algunas veces con un impuesto añadido, como son los –sin duda– bienintencionados arreglos o apaños de parroquianos ante cualquier deterioro, intervenciones que lógicamente no solían ser lo más afortunadas. Las modas, tantas en tantos siglos, también imponen su tasa.

En rescatar ese brillo que la hipoteca de los años se cobra, empeñan sus esfuerzos los especialistas que integran el taller de restauración que la Fundación Las Edades del Hombre tiene en su sede, en el monasterio de Santa María de Valbuena, ubicado en la pedanía de San Bernardo (Valladolid). Durante los últimos meses, Silvia Lorenzo (directora del taller), Pilar Bombín, Isidoro Moreno y cuatro compañeros más han empleado toda su ciencia y paciencia en recuperar el lustre de 30 de las alrededor de cien obras que compondrán ‘Reconciliare’, la última muestra que Las Edades ha organizado, esta vez en Cuéllar, y que tendrá tres sedes: los templos de San Andrés, San Martín y San Esteban. Desde 1988, de las 4.800 piezas mostradas en las distintas exposiciones, en los talleres de Santa María de Valbuena se han rehabilitado un 40%.

Silvia, Pilar e Isidoro son los encargados de rematar la gran labor de este último año con la recuperación de las tres últimas tallas que requieren cuidados. Silvia se ocupa de una Virgen de la Expectación –llamada así por estar en avanzado estado de gestación–, tallada por Juan de Juni y perteneciente a la parroquia orensana de Allariz. Pilar, de un relieve del siglo XVI que representa a María Magdalena ungiendo los pies de Cristo en medio de una celebración –obra de Juan de Valmaseda–, perteneciente a la parroquia palentina de Población de Campos.

Mientras que Isidoro, se afana en una talla de la localidad zamorana de Toro, un Dios Padre –siglo XVII–, que está dando más trabajo del esperado, porque, como reconoce Silvia Lorenzo, «venía en aparentes buenas condiciones y al final hemos tenido que echarle horas. Una cosa es lo que ves en su lugar de ubicación habitual y otra cuando lo traes al taller y lo ves de cerca». Esta escultura en concreto «lleva mucho trabajo de eliminación de repintes, sentado de color, recuperación de volúmenes y pictórica. La guerra que ha dado», sonríe Silvia.

Añade Isidoro que «ha sido muy laborioso porque la eliminación de repintes y repolicromados se ha hecho a punta de bisturí al no haber un disolvente para ello, además de tener que consolidar la madera, tratarla con productos contra xilófagos, sellar grietas y estucar el gran número de agujeros debidos, posiblemente, a que luego vistiesen la talla y sujetasen la vestimenta con tachuelas».

El relieve en el que trabaja Pilar Bombín, con la ayuda de Silvia, también está poniendo a prueba su pericia, pues, asimismo, necesita de instrumental quirúrgico. Con bisturí y escalpelo la restauradora rescata la policromía original eliminado un repinte del siglo XVIII «que camufla mucho el trabajo original». En principio valoraron qué hacer, si retirarle o no, «pues el repinte no es malo».

«Estuvimos viendo qué hacer porque es como si sobre un Picasso pintase ahora Barceló, ambos grandes artistas. El repinte barroco no es malo, pero prima el original y lo estamos sacando. Buscamos una veta del oro original, hablando en plata, y donde la encuentras continúas».   

La Virgen de la Expectación no está creando tanta tarea, si de su rehabilitación hablamos, pues solo ha necesitado «un poco de limpieza del barniz y recomponer los dedos –postizos– que estaban partidos. Igualmente su policromía original del XVI estaba oculta debajo de una del XVIII», aseguran las restauradoras.

Trabajos sistemáticos

En cuanto al patrimonio que Cuéllar aporta a ‘Reconciliare’, el retablo mayor de San Andrés lucirá en todo su esplendor tras limpiarle, lo mismo que se ha procedido a hacer con otras obras que presta la localidad: «Presentaban un buen estado y no han necesitado más que una limpieza superficial que se ha realizado en sus templos». De ahí que Silvia explique que, aunque los tratamientos no suelen diferir de forma general, pues son sistemáticos, el trabajo definitivo «depende de cada obra».

«Cada una te va diciendo lo que necesita. Tras realizar muchas pequeñas catas, vemos si solo necesitan una puesta a punto sin más, una limpieza somera, o si requieren una intervención más profunda», apunta. Es más, incluso a veces es necesario el desplazamiento del experto a donde se encuentra el bien patrimonial. Es lo que tuvo que hacer Pilar para recomponer un sarcófago de madera del siglo XIV, originario del monasterio de Santa María la Real de Vileña (Burgos).

La fragilidad de este bien mueble, «que se ha movido bastante últimamente», recomendaba esta forma de intervenir, refleja Pilar. «En esta joya insistí en una rehabilitación acometida en 1964. Se trata de una pieza muy interesante porque se conservan muy pocas de esa época, especialmente por el tipo de material, como es la madera, que es efímera», señala. Y a pesar del reto que ha supuesto en horas de trabajo, esfuerzo y empleo de técnica, reconoce que ha sido «un trabajo muy agradable y exquisito el encontrarte con una pieza de este porte».

Supervisión semanal

Quien tendrá que desplazarse igualmente, todas las semanas, a Cuéllar, será Isidoro, porque una vez que se inaugure ‘Reconciliare’ su trabajo continuará con la supervisión del arte expuesto. «Esta es una de las caras de la restauración que no se conoce», señala el restaurador, que antes ya ha visitado las iglesias cuellaranas de la muestra para corroborar su nivel óptimo.

«En ese aspecto las obras estarán muy bien custodiadas, pero luego están los cambios lógicos de temperatura y de humedad que varían durante el periodo de la exposición, que va de primavera a invierno. Ese pequeño grado arriba o abajo, o, variación del índice de humedad, puede afectar negativamente en el estado de las obras, aunque en la mayoría de las veces no hace falta ninguna intervención, pero a veces sí, como cualquier labor normal de conservación en un museo», advierte Isidoro.

Las más sensibles a la temperatura «son las telas de los lienzos, que se tensan y destensan y puede que alguna tachuela antigua pueda romperse», pero recalca que «en líneas generales no hay problemas, aunque la supervisión es necesaria».