Álvaro García Ortiz. Fiscal experto en Medio Ambiente

«Detrás de muchos incendios hay problemas estructurales»

Álvaro García Ortiz./Lavandeira jr-efe
Álvaro García Ortiz. / Lavandeira jr-efe

«La prevención puede ser mucho más práctica para evitar incendios que meter a la gente en prisión»

ÁLVARO GÓMEZ

Nacido en Salamanca, pasó su madurez en continuo viaje hacia Valladolid, donde estudió y vivió hasta los 28 años, Álvaro García Ortiz emigró a Galicia para convertirse en un reputado fiscal experto en Medio Ambiente, especialmente ligado a los incendios desde 2005. Un área que «le apasiona» y con la que, a pesar de reconocer las complicaciones jurídicas que conlleva, tiene una afinidad personal especial.

-¿De qué manera trabaja la Fiscalía de cara a los incendios forestales intencionados?

-Primero determinando si son intencionados o no, no es tan sencillo. Que los incendios los provoca el hombre es evidente, pero que existe intencionalidad en todos los incendios en el sentido de que se quiera poner fuego para causar daño es difícil de determinar. Los índices de intencionalidad son una cuestión muy discutida, son suposiciones. A veces vemos cinco focos y pensamos que es intencionado, o vemos un fuego al lado de la carretera y pensamos que es intencionado, y sin embargo la realidad es más compleja. La primera labor es determinar el punto de inicio y averiguar si es intencionado o no.

-¿Y la Fiscalía no debería entonces trabajar desde el minuto uno?

-La situación depende de la fenomenología de los incendios. En Galicia por ejemplo no es el mismo fenómeno que en Castilla y León. Aquí es un mal endémico, tenemos el 50% de los incendios de España. Por tanto, para nosotros es un problema de primera magnitud, quizá el primero medioambiental. En Valencia, por ejemplo, el incendio de tipo mediterráneo es un incendio de un solo foco que quema una gran extensión. En Galicia o el norte de Castilla y León, son incendios repetitivos a lo largo del año, con frecuencia, con otro tipo de variables. En función de esas variables los investigadores son Guardia Civil, policía autonómica, Guardería Forestal o el Seprona. La Fiscalía es la receptora de toda esa información.

Las frases

Investigación
«El primera labor es determinar el punto de inicio del fuego y averiguar si es intencionado o no»
Indicios
«Lo que es difícil es determinar pruebas suficientes para incriminar»
Educación
«Detrás de muchos incendios hay problemas estructurales»
Motivación
«Hay algunos incendiarios que quieren perjudicarse a ellos mismos»
Soluciones
«La prevención puede ser mucho más práctica para evitar incendios que meter a gente en prisión»
Reincidentes
«La impresión de los investigadores es que el incendiario siempre es reincidente»

-A pesar de esa dificultad en conocer la causa, sí que sabemos que hay un gran número de intencionados. Aun así, hay pocos detenidos. ¿Es difícil conocer al culpable?

-En los parámetros en los que nos movemos no es tan complicado determinar quién pueda ser. Los incendios, aunque tengamos una visión muy global de lo que ocurre, en realidad hay que ir al territorio, es una cuestión muy local. Ocurre en entornos rurales generalmente, muy pequeños, en los que no es tan difícil que alguien pueda señalar al instigador. El problema es la prueba. Lo que es muy difícil en un incendio es determinar pruebas suficientes para incriminar con garantías como exige el Estado de Derecho a una persona. No basta con que un vecino lo señale. Por tanto, el investigador y sobre todo el juzgador necesitan unos indicios para meter en la cárcel a una persona ya que hablamos de penas carcelarias que son grandísimas en el caso de los incendios. Por eso el problema no es tanta la identificación como que haya pruebas. Los incendios son muy difíciles para nosotros porque destruyen bastante la prueba que puede producirse. Y después se produce en un medio abierto. Cualquier delito en la ciudad está a la vista de todos o hay cámaras, huellas, presencia ciudadana; en los incendios forestales es en medio abierto, y ahí es muy difícil que haya pruebas.

-¿Y esta dificultad de encontrar pruebas nos obliga a acostumbrarnos a que cada verano sea catastrófico en cuanto a los incendios?

-Hay un enfoque que quizá sea poco comprensible, y menos que lo diga un fiscal como yo, y es que el tema de los incendios forestales va más allá de la determinación de los autores. El Derecho Penal es una parte importante a la hora de afrontar cualquier tipo de cuestión, pero detrás de esos incendios hay problemas estructurales mucho más importantes. Problemas sociales, culturales, de ordenación del territorio, de abandono del rural, de prevención, de educación. Algo así como con el problema de las drogas. Por mucho que se detenga a narcotraficantes, las drogas van a seguir existiendo. Es un problema que la sociedad tiene que afrontar con una visión mucho más amplia. El Derecho Penal castigara aquellas conductas, pero un problema estructural como este se resuelve con muchos más matices. El Derecho Penal no es la única respuesta, ni puede serlo, ni llega a serlo.

-¿Hay que buscar otras soluciones?

-Si, de hecho nosotros entendemos que el trabajo que se hace en invierno, el trabajo de investigación, el trabajo de campo, es un trabajo preventivo tan importante o más que el que se hace después para inculpar a las personas. La prevención puede ser mucho más práctica para evitar incendios que meter a gente en prisión. Sin embargo, nunca tendremos un reflejo estadístico de esto porque es imposible determinar cuántos incendios se han evitado.

-Antes ha hablado que puede ser sencillo encontrar al culpable porque puede señalarlo un vecino. ¿Qué importancia tiene la ciudadanía?

-En un tipo delictivo en el que la prueba objetiva es muy difícil de encontrar, nos tenemos que ir a pruebas subjetivas y ahí es donde el papel de los ciudadanos ayudando a los investigadores puede ser muy importante. También hay que distinguir a los incendiarios. No todos son de la misma categoría. Hay un incendiario que lo único que quiere es hacer el mal, que trata de perjudicarse a sí mismo y a sus vecinos. Provoca un riesgo evidente para las personas, su entorno no le quiere y, si puede, va a denunciarlo y va a aportar todas las pruebas que pueda. Pero también hay otro tipo que podríamos llamarlo incendiarios instrumentales. Queman porque quieren algo. No tiene que ser por la madera o por especulación urbanística, puede ser por cosas tan sencillas como espantar un jabalí o limpiar una zona de matorral. Si distinguimos incendiarios, distinguimos también hasta qué punto la colaboración ciudadana puede funcionar o no.

-Aunque existan estas diferencias entre incendiarios, ¿se puede hablar de un perfil medio?

-En Galicia sí tenemos claro cómo es ese incendiario doloso, esa persona que hace daño por hacerlo. Por ejemplo, no tenemos incendiarios en grupos, no tenemos tramas de personas que quieran incendiar, así que aislamos el problema a una cuestión personal. Además, vive en el entorno del incendio, siempre es un vecino de la zona. Suele ser un hombre, hay muy pocas mujeres incendiarias. Todo esto va dando una idea del tipo de persona de la que estamos hablando. Los estudios sociológicos nos irán acercando al perfil, pero también la propia experiencia nos dice que tenemos un tipo de persona que suele estar entre 40 y 60 años. Culturalmente no son personas con una orientación muy adaptada, incluso tienen algún problema de sociabilidad o relación con el entorno. Muchos ellos con problemas derivados del alcohol o también otras drogas, o algún problema mental o patología asimilables. Nosotros diferenciamos entre incendiarios y pirómanos. De los segundos hay muy pocos, incluso no son difíciles de detectar, su propia piromanía hasta cierto punto provoca que sea más fácil.

-De los detenidos que hay, que sabemos que el número no es muy elevado, ¿cuántos llegan a ser condenados?

-Se puede seguir la regla del 10%. Se consigue determinar o investigar hasta el 10% de los incendios. Y de ellos, se pueden condenar hasta otro 10%. Otra cosa es el castigo que se les impone. Generalmente el que comete el delito de incendios y que llega a los tribunales, en su mayoría son incendios imprudentes o negligentes. Son más fáciles de detectar y por eso son más fácil de condenar.

-Y la condena es distinta entre estos grupos.

-Si, naturalmente. Es un delito muy castigado en nuestro ordenamiento jurídico, con penas de hasta los 15 años de prisión en un incendio con riesgo para la vida de las personas, similar al asesinato. El incendio forestal doloso y normal va de uno a seis años de prisión. El incendio imprudente tiene un reflejo penalógico que está por debajo de estos umbrales. La respuesta penalógica es tan amplia como la cantidad de acciones que puede provocar un incendio forestal.

-Y respecto a la reincidencia, ¿cuántos incendiarios vuelven a cometer el delito?

-Hablamos de reincidencia en Derecho Penal cuando una persona ha sido condenada dos o más veces por el mismo delito. Realmente esto no es significativo, pero la impresión de los investigadores es que el incendiario siempre es reincidente. Otra cosa es que lo podamos probar, pero las sucesiones de incendios en lugares determinados responden casi siempre a patrones de reincidencia.

-¿Es posible que los incendiarios hagan fuego en aquellos lugares que sepan que van a hacer más daño y su extinción pueda conllevar mayor dificultad?

-Los incendiarios que quieren hacer daño de verdad van a hacer todo el daño que puedan. Es sorprendente a veces cuando los tienes delante o tienes datos del incendio, el hecho de que queman un poco sin control. A veces desde fuera se dice que conocen perfectamente cómo y cuándo hacer daño. En una aldea o un pueblo no es difícil eso, no hay que ser ingeniero agrónomo para conocer cuáles son los vientos y las condiciones. Cualquier persona que viva 20 años en un pueblo sabe dónde encender una cerilla y donde no. En ese sentido sí pueden ser más eficaces.

-¿Qué sucede con la gente afectada de primera mano por los incendios? ¿Cómo se cubre a las víctimas desde los Juzgados?

-Como con cualquier otro delito realmente. Si se es capaz de determinar la persona que ha causado el incendio, ella es responsable de todo el daño que haya hecho. Y todo ese daño no es solamente una estimación del daño económica. Vacas muertas, madera vendida a bajo precio porque estaba quemada, la no utilización del terreno durante un tiempo. El daño producido va más allá, se pueden hacer estimaciones desde muchos puntos de vista. Por ejemplo, el estrictamente ecosistémico: la aportación de CO2, de huella. También el daño moral que pueda tener ese entorno paisajístico para los ciudadanos. O incluso también pagar, y debe ser así, los servicios de extinción.

-Dice que las condenas son muy serias, pero los causantes de incendios forestales no aparecen en la prensa como los de otro tipo de delitos graves. ¿Por qué no conocemos a los incendiarios?

-Yo no tengo esa percepción. Aquí en Galicia sí que se ha conocido en determinados incendios. También hay que tener en cuenta que hay muchos menos de estos delitos. No tengo yo la percepción de que se proteja de una manera diferente a cualquier otro imputado o investigado. En Galicia de hecho se publicitan las detenciones. Se ponen las iniciales y si el autor es más determinado o tiene relevancia en función de la noticia sí se dan datos más personales. No se protege ni más ni menos que al autor de cualquier otro delito.

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