Castilla y León afronta el verano con 10.000 hectáreas quemadas hasta mayo

Columnas de humo del fuego que quemó la sierra de Béjar en enero, con la nieve de fondo. Afectó a 500 hectáreas. / El Norte

La sequedad en vegetación y suelo augura una campaña de incendios más violentos, con llamas altas y de rápida propagación por las copas de arbolado, lo que implica mayor dificultad de extinción

S. ESCRIBANO

La época más crítica para los incendios forestales es el verano, pero las cuentas de la campaña estival nunca empiezan de cero en junio. Este año, menos aún, puesto que el invierno y la primavera han sido anormalmente conflictivos en fuegos forestales en Castilla y León pintando de ceniza hasta el 31 de mayo más de 10.000 hectáreas de monte. Abril de 2017 ha sido el de mayor siniestralidad de los últimos años, una plusmarca impulsada por la falta de precipitaciones que acumula Castilla y León desde el otoño pasado (todos los meses por debajo de la media salvo en febrero) y las altas temperaturas.

El balance provisional en número de incendios y superficie quemada multiplica por más de diez las cifras del año pasado entre enero y mayo, ejercicio que fue, por otro lado, extraodinariamente bueno. Si a las puertas de la campaña estival de 2016 el balance registraba 154 incidentes entre conatos e incendios y 370 hectáreas quemadas, el mismo periodo de 2017arroja 1.400 siniestros y esas más de 10.000 hectáreas, según los datos facilitados por la Consejería de Fomento y Medio Ambiente de la Junta. El promedio anual de esa primera mitad del año se sitúa desde 2007 en los 681 incidentes y con una superficie media carbonizada de 5.200 hectáreas. Si se enfoca el retrovisor estadístico hacia el balance de 2007, solamente ha habido un año, el 2012, con datos peores entre enero y mayo: 1.487 fuegos y 18.182 hectáreas afectadas.

La campaña de alto riesgo estival echará a andar en unos días con esa mochila de 1.400 siniestros (por lo general de cada tres avisos, dos se quedan en conatos que no llegan a progresar) y las 10.000 hectáreas afectadas. Y la situación del monte no mueve al optimismo. «Está siendo un año enormemente singular y único. En los últimos 30 años en Castilla y León no he conocido uno parecido en cuestiones meteorológicas, que tienen un efecto muy notable en los incendios», explica Álvaro Picardo, miembro de la Asociación de Profesionales Forestales (Profor) y vocal del Colegio de Ingenieros de Montes.

El verano empieza con el monte arrastrando una sequía acumulada muy pronunciada. Con muy poca humedad en la vegetación, a lo que se suma unas reservas de agua muy bajas en el suelo. Estos dos indicadores desembocan en una situación de ‘estrés hídrico’ de elevada intensidad, que aumenta el nivel de probabilidad de que un conato pueda evolucionar a incendio. Si salta la chispa o alguien prende el monte intencionada o accidentalmente (la mano del hombre está detrás de nueve de cada diez fuegos), la falta de humedad en la vegetación y en el suelo generará unas llamas más vigorosas al no tener las plantas agua que evaporar. Si se trata de una superficie arbolada, el fuego subirá con mayor rapidez a las copas y el incendio será mucho más difícil de controlar.

El ingeniero Álvaro Picardo señala que esa sequía pertinaz que sufre el monte también ha hecho que haya crecido menos hierba y vegetación, por lo que se reduce el material combustible en caso de incendio. Este profesional forestal incide en el efecto que tiene en la reducción de incendios la mejora de las actividades ligadas al sector. «Hay más resineros en los pinares, por ejemplo, y eso es prevención. Y más cortas y aprovechamientos madereros que al final ayudan a cuidar un monte del que se obtienen beneficios», argumenta Picardo, que echa en falta un mayor impulso a la ganadería extensiva que ha salido malparada en la reforma de la PAC en las ayudas que se aplican a los pastos.

El consejero de Fomento y Medio Ambiente, Juan Carlos Suárez-Quiñones presentará el operativo de lucha contra incendios forestales esta semana, previsiblemente mañana 12, y ha avanzado que contará con mejoras de medios y de avances tecnológicos. El del verano pasado empleó a 4.235 profesionales y sobrevolaron la comunidad 31 medios aéreos. Lo integran personal de la Junta y de empresas privadas.

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