El abundante caudal de los ríos condiciona el inicio de la temporada de pesca

El río Voltoya, por el paraje de La Irvienza./Miguel Marugán/ El Norte.
El río Voltoya, por el paraje de La Irvienza. / Miguel Marugán/ El Norte.

El número de licencias que se expiden cada año ha disminuido un 46% en una década y media

S. G.Castilla y León.

La apertura de la temporada de pesca ya es oficial y en las provincias de Ávila, Salamanca, Segovia y Valladolid se puede pescar la trucha; a partir del 31 se unirán Burgos, León, Palencia, Soria y Zamora.

A nadie se le escapa que las previsiones han cambiado de un mes y medio a esta parte, «la sequía nos hacía pensar en un mal año pero ahora las expectativas son buenas, hay bastante volumen de agua en los pantanos y en provincias como las de León algunos están al 60% y con el margen de la nieve todavía», explica el presidente de la Federación de Castilla y León de Pesca, Carlos Campelo.

Dicho esto, se puede afirmar que el arranque de la temporada es más bien en falso, «eso es algo que suele suceder todos los años», y es que «con el agua que está bajando y los ríos tan altos, las posibilidades de pesca son casi nulas», reconoce Campelo. Por lo tanto, aquello de «a río revuelto ganancia de pescadores», mantiene que «es un refrán que se dice, que queda muy bonito pero no se refiere a los ríos altos; habrá sitios en los que si sale el día bien se podrá dar un paseo, comer el bocadillo y llevarse pocas capturas».

Manuel Gajate, pescador de Ciudad Rodrigo, coincide con esta percpeción: «Se podrá pescar en las zonas más tranquilas pero ahora mismo los ríos traen mucho agua y para la trucha es mejor esperar unos días».

Una de las novedades que se introducen esta temporada y que se ve con buenos ojos por pescadores como José Manuel Cencerrado, tiene que ver con la prohibición de coger ciprínidos durante los meses de abril y mayo ya que todavía están en época prereproductora. «Hay comunidades que ya lo hacían y ahora Castilla y León se ha sumado, las bogas o los barbos están todavía desovando por lo tanto, me parece muy buena idea de que en el caso de que se capturen haya que devolverlos porque al final, lo que estás haciendo es asegurar el futuro».

Pedro Colmenero, secretario de la Asociación de Pescadores cuenca del río Águeda, ve la medida como «positiva» pero de sus palabras se deduce que todavía iría más allá: «Si quieres que se potencie lo suyo es que no se pueda pescar». El resto de los meses se podrán pescar seis ejemplares de cada una de esas especies por pescador y día.

En el caso de la trucha las tallas mínimas en las aguas de acceso libre no trucheras será de 21 centímetros y el límite estará en dos ejemplares por pescado y día durante el periodo hábil mientras que en las aguas de acceso libre sin muerte de ciprínidos el cupo será cero. Fuera de este tiempo, los ejemplares de trucha común que pudieran capturarse se devolverán al agua de forma inmediata cualquiera que fuera su talla, tal y como recoge la disposición publicada en el Boletín Oficial de Castilla y León (Bocyl).

Licencias

Pero dejando de lado las novedades reglamentarias, llama la atención el descenso en el número de licencias en los últimos 15 años, un 46%, pasando de 182.861 en 2012, a 84.546 con las que se cerró 2017. La verdadera bajada se acusó entre los años 2012 y 2013, coincidiendo con la nueva Ley de Pesca, momento en el que se pasó de 181.360 a 118.491, y la merma ha continuado.

En 2017, de esas 84.546 licencias expedidas, un total de 56.558 se concedieron a pescadores españoles o de países de la UE y extranjeros residentes en España, su validez es de un año y el precio de 15 euros.

Del modelo que se aplica a los jubilados, exento de pago y con una validez de cinco años, se beneficiaron 10.278 personas y de la licencia infantil, también gratuita hasta los 14 años, otras 3.929 personas.

La denominada interautonómica y que da derecho a pescar con una licencia única en varias comunidades, la solicitaron 13.034 personas y su precio es de 25 euros.

Según los datos de la consejería de Fomento y Medio Ambiente, en 2017 se recaudaron en permisos de pesca para los cotos 555.000 euros y en licencias de pesca, 1.195.000 euros.

En esos datos hay que diferenciar entre las licencias expedidas por años y las personas con licencia en vigor por año que son 161.916.

La teoría de Carlos Campelo es que el número de licencias «bajó cuando entró en vigor la nueva ley de pesca pero poco a poco se está recuperando». La teoría de José Manuel Cencerrado es que «en Castilla y León la normativa es muy restrictiva y en comunidades como Extremadura dan otras facilidades, pudiendo hacer noche en los pantanos»; mientras que Pedro Colmenero, entre el cóctel de circunstancias que suma, destaca: «Creo que tiene mucho que ver cómo se está llevando la gestión, con la pesca sin muerte, la pesca con mosca, el abandono de las zonas rurales hace que la gente no tenga ganas y no se saque la licencia como protesta aunque eso lo que al final verdaderamente fomenta es el furtivismo».

Cormorán

Pero si hay algo que preocupa a todos aquellos que se mueven en el entorno de los ríos son los cormonares, un ave reconocida como consumada pescadora cuya presencia ha entrado en conflicto con el hombre. «Es exagerado el daño que están haciendo», asegura el presidente de la Federación de Pesca de Castilla y León, «se hace necesaria su regulación y su control, es una especie invasora».

El resto de pescadores lo tienen igualmente claro, «el cormorán come peces por un tubo», aclara de manera llana Cencerrado; mientras que Colmenero lamenta que «en zonas como la nuestra no se están haciendo nada y esos son los que verdaderamente están perjudicando el río, no la pesca con lombriz».

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