Almuerzo típico charro

  • Las patatas meneadas son muy sencillas de realizar, con ingredientes muy básicos, y el resultado es un plato sabroso, económico y muy salmantino

Almuerzo típico charro

¡La diversión está segurada!

Las mejores marcas a los mejores precios

Nueva colección para hombre y mujer

Hasta 90%

Gran variedad en alfombras de diseño

Hasta 80%

Relojes de pulsera de tus marcas favoritas

Las mejores marcas a los mejores precios

Completa tus looks con complementos urbanos a precios increíbles

Hasta 90%

Homewear para hombre y mujer

Hasta 70%

Marca española en moda pre-mamá

Las mejores marcas a los mejores precios

¡Diversión para todas las edades!

Las mejores marcas a los mejores precios

Colección moda técnica para hombre y mujer

Hasta 80%

¡Semillas, macetas, herramientas y mucho más!

Las mejores marcas a los mejores precios

Moda casual para hombre y mujer

Hasta 70%

Deportivas para toda la familia al mejor precio

Las mejores marcas a los mejores precios

Colección en piel de bolsos y zapatos de diseño

Hasta 70%

Selección de botas, botines y zapatos para mujer

Hasta 70%

Calzado de piel para hombre y mujer

Hasta 70%

Relojes de pulsera para hombre y mujer

Hasta 70%

Diseños exclusivos en bolsos de piel

Las mejores marcas a los mejores precios

Joyas y relojes para hombre y mujer

Hasta 70%

Deportivas, botas y zapatos para hombre

Las mejores marcas a los mejores precios

Relojes de pulsera al mejor precio

Hasta 80%

Complementos y juguetes eróticos.¡Mantén viva la pasión!

Hasta 80%

Es uno de esos platos que identifican a la provincia de Salamanca y que a día de hoy, casi se reserva para las ocasiones especiales. Al menos así lo cuenta Rosario Pérez, una conocida vecina de Ciudad Rodrigo a las que las patatas meneadas o “meneás”, como se dice por estas tierras, la recuerdan “a mi padre, a mi madre y a mis hermanos y todos alrededor de la camilla con el plato de patatas meneadas”, explica a Degusta Castilla y León.

Explica Rosario que este plato “era lo que se almorzaba en el campo todos los días” y ya desde por la mañana, “cuando estábamos desayunando el pan migado, se ponían a cocer las patatas en un puchero de barro en la lumbre baja”. Hacia las 10:00 horas llegaba esa deseada hora del almuerzo y “toda la gente que hubiera en la casa comía las patatas”.