Sacyl duplica en cinco años las unidades en la región para atender el dolor crónico

El doctor Herrero, a la derecha, se prepara en el quirófano de la Unidad del Dolor del Hospital Río Carrión de Palencia.
El doctor Herrero, a la derecha, se prepara en el quirófano de la Unidad del Dolor del Hospital Río Carrión de Palencia. / Antonio Quintero
  • Este trastorno tiene un impacto económico sanitario de 131,6 millones en la comunidad

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Los hospitales se han centrado y especializado en los problemas agudos de salud. En diagnosticar, tratar y curar o paliar patologías crónicas; pero desde un punto de vista puramente terapéutico. Recursos, formación y estrategias se han volcado en toda España en ello y así la respuesta al dolor crónico, con el que se convive a lo largo de toda una existencia, que amarga la vida y condiciona la funcionalidad del individuo, ha sido durante muchos años el gran olvidado. Escasísimas y mal dotadas consultas –en el mejor de los casos ya con nombre de unidad o clínica–; pero deficitarias siempre y muy inaccesibles para buena parte de la población, y más en una Castilla y León de población envejecida y dispersa, era la fotografía fija de hace tan solo un decenio.

A principios de este siglo, los registros de Sacyl hablaban de tres centros (Valladolid, Salamanca y Zamora) y, a finales de 2011, León ya contaba con dotación para tratar el dolor crónico. Ahora, el mapa actual de recursos duplica, incluso más, la dotación de hace cinco años. Así, aunque todavía hay carencias en la composición de los equipos multidisciplinares –especialmente faltan psicólogos– hay tres unidades con métodos intervencionistas y que ofertan el catálogo completo de técnicas y asistencia como son Salamanca, León y Valladolid, según los datos del jefe de esta última –que aúna la de los dos complejos Clínico y Río Hortega–, el doctor Enrique Ortega. Además, de un nivel medio hay otras cuatro (Palencia, Burgos, Zamora y Ponferrada). Realizan también intervencionismo pero con un catálogo parcial. A estos recursos se suman consultorios con acceso a las técnicas intervencionistas más demandadas (Soria y Miranda de Ebro). Según explica este especialista en Anestesiología, a la hora de establecer un mapa de recursos hay que analizar que cada equipo tenga el suficiente número de pacientes para que «las técnicas y tratamientos aplicados sean eficaces y de calidad. Si haces un par de veces al año determinada intervención no puedes ser bueno», destaca. Esto supone que, en atención solo a las recomendaciones científicas en función del número de habitantes –una por 1,5 millones de personas y una por cada 600.000, las consultas–, Castilla y León estaría bien atendida con tan solamente dos servicios. Sin embargo, la necesidades de accesibilidad y también «cierta rivalidad provincial» llevó a Sacyl a plantear un mapa mucho más ambicioso hasta la actual y citada organización. Solo Ávila y Segovia carecen actualmente de este tipo de clínica. La población de la primera es derivada a Salamanca y «la creación de una unidad para su propia provincia requiere reflexión y estudio», destaca. En cuanto a Segovia, atendida por la de Valladolid, la propuesta del equipo del Río Hortega y del Clínico es la de que, en vez de trasladarse los pacientes, lo haga con determinada periocidad y organización el equipo –algo que favorece el contar con el tren AVE–», destaca.

No son cuidados paliativos. Es atención médica, rehabilitadora, farmacológica y psicológica para una amplia variedades de dolores que se cronifican o por el resultado de una intervención quirúrgica que dejó secuelas, por la edad avanzada, hernias discales, fibromialgias, lumbares, cervicales... y en muy baja medida por cáncer. Lo que se persigue es mejorar la calidad de vida. El 96,3% de los casos no son oncológicos sino músculo-esqueléticos.

El dolor es uno de los trastornos que más afecta y preocupa a las personas y es el síntoma acompañante que con mayor frecuencia motiva una consulta médica y los tratamientos habiltuales apenas lo alivian. El 83% de los casos se abordan desde la AtenciónPrimaria y, el resto, requieren alta especialización y los citados equipos multidisciplinares. En Castilla y León, hay 416.978 pacientes con dolor crónico y son 4.883 (según datos de 2016) las nuevas consultas anuales.Los tratamientos de enfermería son 5.404 y 5.849, las técnicas intervencionistas aplicadas y 492, las cirugías realizadas para el tratamiento del dolor. Las revisiones suman otras 13.362 consultas. Datos. Números que hablan de la relevancia de estos servicios y terapias.

Según explica el doctor Emilio Herrero, jefe del servicio de Anestesiología y de la Unidad del Dolor del Hospital Río Carrión de Palencia, una de las que más se ha desarrollado en los últimos años, el mapa de recursos ha dado un enorme cambio desde 2012. «Se ha avanzado y potenciado. Antes cada unidad o consulta funcionaba por su cuenta, con escasa integración ni coordinación y diferentes acceso a las técnicas según el lugar de residencia. Ahora, trabajamos sobre todo en una cartera de servicios homogénea, en establecer indicaciones, en mejorar la formación que tiene muchas carencias porque la especialización no es una titulación reconocida oficialmente sino por experiencia y preparación... Por ello, el Comité Autonómico del Dolor de Castilla y León es un paso fundamental en este sentido, en crear y diseñar estrategias comunes y queremos que no sean excesivamente ambiciosas sino realistas, que se puedan llevar a la práctica, implantar». Otro aspecto que preocupa a estos equipos, destaca el doctor Herrero, «es el control de los opioides» para tratar estas dolencias. «Ha habido problemas graves en este sentido en otros países y en Castilla-La Mancha, de adicción por abuso. Hay que establecer una estrategia de acceso y tratamiento», explica. En cuanto al perfil del paciente que acude a estas unidades, tanto el doctor Herrero como Ortega, destacan su heterogeneidad, con una cierta mayor frecuencia de las mujeres «pero porque viven más y hay más mayores»; entre los jóvenes cada vez más hernias discales que ya no se tratan tanto con cirugía, muchos casos tras una operación de columna... Respecto al número de visitas que se precisan «es muy variado según sea el problema. Las revisiones pueden ser cada dos o seis meses y, al principio, cada dos semanas. Altas, pocas porque son casi siempre problemas crónicos». En muchas ocasiones, «el seguimiento lo hace Primaria;pero siempre dejamos la puerta abierta al paciente para que pueda consultarnos lo que precise. Se sienten así más tranquilos», precisa Emilio Herrero.

El gasto en fármacos y tratamientos es importante en estos servicios –el impacto económico es de 131.677 millones de euros en la región– pero la atención de estos pacientes disminuye ingresos e intervenciones quirúrgicas y visitas a urgencias.

En cuanto a las listas de espera, dependen de prioridades. Un paciente con cáncer no pasa de una semana, un trabajador con baja laboral nunca más de quince días; pero un abuelo con diez años de dolor puede tener una demora de tres o cuatro meses.