El Norte de Castilla

Cuando la basura es un tesoro para acumular en casa

Tareas de limpieza del piso de un afectado por el Síndrome de Diógenes de Valladolid.
Tareas de limpieza del piso de un afectado por el Síndrome de Diógenes de Valladolid. / Antonio Quintero
  • Los ayuntamientos de Castilla y León detectan 90 casos del Síndrome de Diógenes en cuatro años

Cualquier trasto abandonado junto a un contenedor. Despojos. Restos de una lavadora vieja, de una radio que alguien ha tirado, periódicos, revistas y bolsas. Cuadernos a medio escribir, cajas rotas. Todo sirve, sirve para guardarlo. No se utiliza para nada. Ropa usada. Nueva. Muñecas rotas. Nuevas. Son tesoros para llevar a casa, para almacenarlos.

Y empieza despacio y parece infinito. Tirar algo, nunca. Obsesión, psicosis... trastorno, enfermedad... que en la mayoría de las ocasiones no llega a ser solo un problema para el propio afectado sino de salud pública y, desde luego, social. La intervención llega tarde porque la soledad es el apellido de estas conductas y en pocas ciudades está bien organizada y definida la intervención por falta de protocolos. Son más conocidos los casos de acopio de basura porque el olor y el asco despiertan la atención de los vecinos; pero hay muchos otros silenciosos, encerrados entre las paredes del hogar que no llegan a atenderse porque lo que reúnen son periódicos, billetes de cualquier cosa, botellas... de forma compulsiva, obsesiva.

Bajo el nombre de Síndrome de Diógenes se agrupan, al menos en el lenguaje de la calle, todas estas acumulaciones desmedidas. Y rodeados de basuras, incluso, han muerto propietarios de viviendas.

La frecuencia es difícil de determinar. Apenas hay estudios epidemiológicos en Castilla y León, ni en España, por su leve, aunque llamativa, incidencia. Uno de los más completos es el del doctor Jesús José de la Gándara delHospital de Burgos que ya suma dos décadas. Posterior, hay poco, según recoge la literatura científica.

Su trabajo establecía que los casos detectados de personas ingresadas en hospitales con el Síndrome de Diógenes giran alrededor de entre el 0,44-0,5 por mil habitantes al año. Esto supone, según los datos de la epidemiología hospitalaria española, el 1,7 por mil de los ingresos de mayores de 65 años (aproximadamente 1.200 nuevos ingresos al año). Otro estudio más actual, coordinado por el mismo especialista, del Consejo General de Colegios oficiales de Psicólogos de España, afirma que el 3% de las personas mayores de 65 años tienen riesgo de padecer este trastorno. La incidencia anual en España podría estimarse en unos 3.200 casos nuevos, con una prevalencia probable del 0,5%, según el repaso que realiza otro trabajo sobre este problema de Carmen Ruth Bolillos, trabajadora social en un CEAS deSoria, en un análisis sobre las características, perfiles y forma de intervención.

Recientemente, el Procurador del Común ha recopilado información al respecto para requerir la implantación y extensión de protocolos de actuación a este respecto. En su resolución recoge que los ayuntamientos –consultados los de más de 20.000 habitantes– han detectado cerca de un centenar de casos. Son en los que han tenido que intervenir. Suman en cuatro años unos 90, las administraciones locales no siempre dan cifras claras, algunas son aproximativas. Según estos datos, León, Valladolid y Palencia alcanzarían las mayores cifras, con 17, 12 y 10 casos, respectivamente

Independientemente de la mayor o menor frecuencia de estos trastornos de conducta, la oficina de Javier Amoedo incide en que «estas situaciones originan importantes problemas de salubridad y seguridad pública en la sociedad, pues junto al claro riesgo que se origina para las personas afectadas (con negación de la situación patológica), también incide en la vecindad, al generarse malos olores e, incluso, plagas, riesgo de incendio..., que contribuyen a generar alarma social».

Aunque diversos trabajos hablan de distintos perfiles. Hay factores en los que coinciden como el que la edad media supera en general los 75 años; residencia urbana más frecuente, pero más llamativos los casos rurales; personas que viven solas, viudas o solteras, y en una vivienda deteriorada y con carencias. Soledad y aislamiento social parecen claras claves en estas conductas. Unas condiciones que, además, no encuentran el freno del entorno por falta de compañía y progresan.

El citado trabajo de Boillos recoge que la intervención de los agentes sociales y sanitarios a lo largo de los años ha determinado una evolución en estos enfermos que permite contar con algunos datos como el de «una alta mortalidad a corto plazo. El 50% fallece en no más de cuatro años por trastornos somáticos, desnutrición y mal estado general. El 25% de estos casos mueren en tres semanas y el 18%, en dos años».

Asimismo, recoge que el 46% pasa por un ingreso hospitalario, que suele suele estar motivado por una crisis de sus enfermedades físicas o por alteraciones de la conducta, mediante la intervención, casi siempre, de los agentes sociales, o por la presión de los vecinos o familiares».

Además, en torno al 10% ingresan de forma crónica en algún centro para su atención y el 30% requieren unidades de hospitalización parcial o a domicilio.

También hay un porcentaje pequeño que continúa solo en espera de una crisis que conlleva una intervención urgente y más del 40% rechaza todo tipo de ayuda, «por lo que se dispara el riesgo de morir en soledad en sus domicilios, especialmente entre los varones».

Con estos datos, el camino que podría ampararlos es el paraguas de una institución adecuada;pero «la posibilidad de lograr su ingreso en un centro residencial o una hospitalización de larga duración viene predeterminada en la mayoría de casos de una orden judicial de ingreso involuntario. Y es muy difícil de lograr debido al principio de la autonomía del paciente», asegura dicha investigación.

Destaca el informe del Procurador del Común que las personas que padecen esta situación no suelen ser conscientes de la misma, ni de sus consecuencias y el riesgo que supone para su salud y la de la sociedad que lo rodea. El aislamiento dificulta cualquier tipo de intervención social y sanitaria para subsanar las deficiencias higiénicas y de salubridad de la vivienda para recuperar las condiciones de habitabilidad. Generalmente, «la consecución del éxito de las actuaciones desarrolladas a estos efectos por los profesionales sociosanitarios, tratando de conjugar el bienestar de los vecinos y de la persona afectada, depende en muchas ocasiones de su conocimiento sobre el propio trastorno, de las habilidades para lograr un vínculo con el sujeto, de la cooperación interdisciplinar y de los recursos disponibles», destaca la resolución del Procurador.

La oficina de Javier Amoedo defiende así, que dada la complejidad de este síndrome, «precisa de una intervención multiprofesional coordinada como consecuencia de la diversidad de aspectos implicados, para abordar con eficacia la actividad de los diversos servicios con implicación directa o indirecta en la materia, de tal forma que, en todo momento, cada cual conozca su ámbito competencial y la conducta o actuación a desplegar, mejorando la identificación de los casos o su detección, la valoración, el tratamiento o intervención específica sobre la persona afectada, la recuperación de las condiciones de habitabilidad de la vivienda, el seguimiento y la prevención. Por ello, el Procurador del Común formuló una resolución a los ayuntamientos de más de 20.000 habitantes, salvo León y Salamanca que ya lo tienen, recomendando la elaboración y aprobación de un protocolo de actuación.