El Norte de Castilla

La permanente lucha para detectar el acoso escolar

  • Quienes luchan contra el 'bullying' avisan de que existen pocos medios para descubrirlo en las aulas

Soledad, miedo, tensión. Vivir conteniendo la respiración hasta que no puedes más. Sentir que estás solo en un mundo adverso que busca cualquier cosa, cualquier excusa para hacerte daño. Tu única preocupación pasa por ser invisible. Y nunca lo consigues. «Desde el momento en el que me levantaba sabía que mi estado de ánimo dependía de otras personas. Mi día a día consistía en despertarme, ir a clase, decir ‘a ver si hoy hay suerte’, aguantar y volver a casa para estar a salvo», es el testimonio de L. T., quien sufrió acoso escolar desde segundo de primaria hasta cuarto de la ESO. Una década de maltrato entre iguales que le llevaron a sufrir episodios de depresión y aislamiento años después de acabar el instituto. Pero solo son cosas de niños. O eso dicen.

Otros tienen menos suerte y acaban prefiriendo el suicidio a soportar día a día la violencia. El lector seguramente recordará algún caso que trascendió a la opinión pública, como el del chico vasco Jokin, en 2004, quien con 14 años se arrojó desde la muralla de su pueblo.

Este no fue el primer caso en España con este fatal desenlace, por supuesto. Pero sí fue el primero que logró suficiente repercusión mediática como para poner a la sociedad sobre aviso. El acoso escolar es un mal que asola las escuelas de todo el mundo. España no es diferente. Y, por supuesto, Valladolid tampoco. Que siempre haya existido no significa que sea menos doloroso para quien lo sufre. Tampoco que se trate de un tipo de violencia a erradicar; una responsabilidad de una sociedad moderna y civilizada.

En los últimos años la legislación ha ido desarrollando un marco legal en torno al acoso escolar, estableciendo unas pautas de actuación así como unas características comunes para distinguir los casos de acoso. Sin embargo, ¿son eficaces? O, más importante aún: ¿se ajustan a la realidad?

Encarna García, presidenta de la Asociación Contra el Acoso Escolar (ACAE) tiene claras ambas respuestas: No y no. «Se desconoce lo que es el acoso escolar. Las tres características de ahora no sirven y hacen que casos que de verdad son acoso no sean considerados tal. Es el problema de abordarlo desde el punto de vista legal; el sentir del niño debería ser la base de medición», afirma García. Y con un problema en el sistema de detección es obvio que es imposible abordar medidas eficaces.

«El acoso es parte del ecosistema de la clase, se tiene que tratar desde dentro. Yo se lo dije al jefe de estudios. Y no sirvió; solo lo reforzó. Ahora también era un chivato», relata L. T. «Los profesores en esto son inútiles en la mayoría de ocasiones. Si los míos lo sabían, jamás hicieron nada al respecto. El acoso no se soluciona con autoridad, hay que concienciar. Si la masa hiciera frente en vez de unirse al acosador o callar no existiría el ‘bullying’».

El artículo 8 del Real Decreto 732/1985 que versa sobre los deberes y derechos del alumnado y las normas de convivencia en los centros, establece que son la administración educativa y la dirección del centro los que deben atajar el problema. También en el año 2011 se desarrolló una ley en esa dirección, la Ley 4/2011 sobre la convivencia y participación de la comunidad educativa, que observa la creación de un Comité de Convivencia en los centros y la elaboración de informes anuales sobre su situación, así como la utilización de sistemas de mediación externos. «El problema es que los colegios no llaman porque no reconocen que haya conflictos», opina Nuria Calvo, mediadora de la sociedad Procumedia, también integrada por su compañera, Gloria Calderón. «Los sistemas de mediación en un sistema de prevención a través la formación de la comunidad educativa en la gestión de emociones. Tanto padres, como profesores, como alumnos...».

¿Funciona la mediación?

La mediación pretende formar a los niños para que solucionen sus propios problemas. Generalmente se asigna a chicos más mayores para que resuelvan problemas en clases de cursos inferiores. Sin embargo, para que la mediación funcione se necesitan tres factores: voluntariedad, imparcialidad y confidencialidad. Y si se parte de la base de que uno de los factores para la consideración de acoso escolar es la intencionalidad del agresor de provocar daño, parece complicado que un chaval que es perfectamente consciente de sus actos acuda voluntariamente a hablar de sus razones. «En esos casos, la mediación no sirve», admite Nuria Calvo. «Pero es un problema que hay que atajar. Un problema de todos. Los niños no hacen nada por miedo a convertirse en acosados. Hay que formar a esos espectadores».

La presidenta de la ACAE, tiene otra perspectiva: «La mediación no vale para nada», asevera Encarna García, tajante. «Los acosadores necesitan tratamiento psicológico, porque está claro que algo no va bien en la cabeza de alguien que causa tantísimo daño». El pasado 6 de septiembre el consejero de Educación de la Junta de Castilla y León daba por primera vez una cifra: 56. El número de casos de acoso escolar confirmados, también conocido como ‘bullying’, registrados en Castilla y León durante el pasado curso 2015-2016.

«Esas cifras no son reales. No pueden serlo. Hay mucho por debajo. Muchos que no hablan, mucho que pasa desapercibido. Las etiquetas se repiten en las clases: siempre están ‘el guay’, ‘el tonto’, ‘el payaso de la clase’, ‘el listo’ y también ‘el apestado’. Por lo menos hay un caso de acoso escolar por clase», opina L.T., a partir de lo que vivió en primera persona.

Las cifras publicadas

Encarna García tampoco considera realistas estos datos: «Me siento insultada por esas cifras. Y no me gusta que se rían de mí».

Por su parte, una encuesta realizada en febrero de este año por la asociación ‘Save the children’, basada en el sentir de los 21.500 chavales participantes, con una edad comprendida ente los 12 y los 16 años, – pinza de edad que abarca la educación secundaria obligatoria–, arrojó que un 9,3% de los encuestados había sufrido o sufrían acoso. Esto significaría que al menos uno, casi dos chavales por clase (contando una clase de unas 20 personas). Extrapolando esos datos a la comunidad de Castilla y León, que en el curso 2015-2016 registró 84.694 matriculaciones en enseñanza secundaria, según los datos del Ministerio de Educación, los datos de acos rondarían una escalofriante cifra de 7.876 casos. ¿Y Valladolid? Según los mismos datos, de los 19.187 chavales matriculados en la provincia el pasado curso, 1.784 estarían sufriendo acoso escolar.