El Norte de Castilla

La oposición acusa a los jefes de Oncología Radioterápica y Radiofísica de escribir «al dictado»

El consejero, Antonio María Sáez, durante su intervención. N. GALLEGO-EFE
El consejero, Antonio María Sáez, durante su intervención. N. GALLEGO-EFE
  • Los grupos parlamentarios Podemos y PSOE acusan a los responsables del informe sobre la atención del cáncer de tener «otros intereses distintos de los de la salud del paciente»

Duro y tenso. Con acusaciones graves que finalmente protagonizaron en buena medida la Comisión de Sanidad celebrada ayer en las Cortes para debatir sobre la atención a los enfermos que precisan radioterapia. Y no fue una sugerencia o una frase dejada de paso en medio de un discurso, fue una insistencia que creció hasta llegar a abiertas acusaciones de atender a otros intereses que a los de la salud de sus pacientes. Coincidieron ayer las portavoces parlamentarias del PSOE, Mercedes Martín, y de Podemos, Isabel Muñoz, aunque con diversas intensidades, en cuestionar el informe de diez jefes de servicio de los hospitales de Castilla y León. Manuel Mitadiel, de Ciudadanos, se desmarcó de esta postura extrema y aunque sugirió que el interés del propio servicio «hasta qué medida» influía en el informe, aclaró no cuestionar los resultados.

‘Documento de consenso para la optimización y mejora de la Oncología Radioterápica’ es el título en cuestión del trabajo de cinco especialistas en Oncología Radioterápica y otros tantos radiofísicos responsables de estas terapias en la región y a los que la Junta acudió en busca de respuestas. Las conclusiones del informe son varias –entre ellas hacer un estudio de necesidades– pero básicamente el mismo da respaldo a la organización autonómica y no local de esta atención. Y como este criterio se corresponde con la elección de la Junta –y en cierto sentido contraviene las críticas de la Sociedad Española de Oncología Radioterápica (SEOR) que establece que nunca más de 45 minutos para recibir radioterapia– pues ambos grupos parlamentarios acusaron a estos facultativos de escribir al dictado de la Junta.

Primero lo hizo Isabel Muñoz, voz de Podemos, que elevó especialmente el tono para acusarlos de «corrupción», asegurar que además podía demostrarlo y de que «barrían para su casa». Calificó sus servicios de «reino de taifas» y destacó que en general están designados, de una forma u otra, a dedo, por la propia Junta. La ‘voz de su amo’ en definitiva explica para Podemos el aval de este grupo de especialistas.

Después se sumó Mercedes Martín, del PSOE, aunque evitó hablar de intereses espurios sino personales o profesionales. «De proyección profesional, de mejorar lo suyo y no están pensando en los enfermos».

Martín acusó al consejero de atender a los informes que le sirven y de hacer oídos sordos a los que le contradicen. «Es indignante.Escucha a las sociedades científicas cuando escriben al dictado y no le interesa lo que dice la sociedad nacional que tiene el máximo rigor».

Fueron varias las intervenciones y réplicas que dieron lugar a estas declaraciones. La primera vez, el consejero de Sanidad, Antonio María Sáez Aguado, fue más suave y aceptó que el punto de vista de los jefes y una sociedad pudiera variar en defensa de su servicio o de su especialidad;pero al llegar la acusación de corrupción, exigió la retirada de tales palabras y cuando Martín se sumó a la duda sobre la credibilidad de estos médicos se negó al debate al respecto y volvió a exigir que se retractaran ambas.

La comisión, a petición de Ciudadanos, buscaba explicaciones y argumentos sobre la decisión de mantener uan organización eutonómicva y no local de este tipo de terapias.

Organización autonómica

La cuestión es encontrar el equilibrio entre la accesibilidad a estos tratamientos y la equidad se resida donde se resida. Especialmente porque se trata de terapias vitales y que suelen alterar la calidad de vida de los enfermos, hacer especialmente difícil el recorrido de kilómetros para recibirlas. Un equilibrio entre este derecho y las garantías suficientes y científicas de la calidad de la atención que tiene más que múltiples diseños y opiniones.

El consejero de Sanidad, Antonio María Sáez Aguado, volvió a defender ayer su organización asistencial y lo hizo bajo el aval de varios informes profesionales, científicos y delMinisterio de Sanidad. Para llegar a la conclusión de que la apuesta de su departamento, en cuanto al mapa de equipos de Radioterapia, seguirá –con alguna pequeña modificación– siendo el mismo por «rentabilidad técnica y de resultados», insistió. Se amparó una y otra vez en los protocolos que establecen la proporción de equipos suficientes por población y por eficacia, es decir, al menos dos aceleradores lineales por servicio. O dicho de otra manera, potenciar los actuales sin ampliaciones; aunque la Junta estudiará cierta redefinición de los hospitales de referencia para cada provincia y así los pacientes del sur de Palencia podrían acudir al Clínico de Valladolid y no a Burgos y los del sur de Segovia serían atendidos en Madrid en vez de en el complejo vallisoletano. «Algo que estamos gestionando», aclaró.

Hay trece hospitales con Oncología en la región pero no todos tienen radioterapia. Estas unidades están instaladas en seis complejos que suman, algunos tienen varios, once aceleradores lineales. En torno a estas unidades de referencia se organiza, en función de población y criterios geográficos, la atención a toda la comunidad. Burgos, Salamanca, León, el Clínico vallisoletano y Zamora disponen de estos tratamientos, que llegan a 4.718 enfermos al año de sus propias provincias y derivados de otras.

Según los datos que facilitó ayer Sáez Aguado, en una Comisión de Sanidad a petición del grupo parlamentarioCiudadanos, los datos del caso de Ávila, una de las áreas de salud con más polémica, indican que de los 351 pacientes que precisan radioterapia al año, 90 se desplazan a Talavera o al Puerta de Hierro de Madrid y 261 a hospitales de otras provincias de Castilla y León, la mayoría a Salamanca. De ellos, el 48% opta por el transporte sanitario y el 52% restante utiliza medios propios. Una proporción extrapolable en general.